Alcaraz esquiva la resaca del éxito y es el más joven de la historia en llegar a cuartos del US Open
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Continúa el sueño del debutante

Alcaraz esquiva la resaca del éxito y es el más joven de la historia en llegar a cuartos del US Open

El prodigio murciano sigue batiendo marcas: tras vencer a Tsitsipas, supera al alemán Gojowczyk en otro partido a cinco sets y a Agassi como tenista más joven de la historia (18 años y cuatro meses) en alcanzar la quinta ronda desde 1973

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Alcaraz, en acción durante el partido.

Primer juego del partido, primer ‘break’ de Alcaraz. Tercer juego del partido, segundo ‘break’ para Alcaraz: 3-0. Así empezó el duelo de esta pasada madrugada (hora española) en Nueva York, donde pareció durante un cuarto de hora que Carlos Alcaraz podría barrer al alemán Peter Gojowczyk en octavos de final del Abierto de EEUU. Pero se trataba de una impresión engañosa. Muy pronto el juego le daría la razón a los gestos iniciales del entrenador de la nueva estrella española, Juan Carlos Ferrero, que le llamaba discretamente a la serenidad en medio de ese aluvión inicial. Tras la inolvidable resaca del sábado, en un duelo incómodo como unos zapatos nuevos, Carlos Alcaraz pudo sobreponerse con mucho esfuerzo a la inteligencia táctica del curtido germano tenista y logra un hito fabuloso: ser el cuartofinalista más joven del US Open en la Era Abierta, superando por ocho días a Andre Agassi (1988). El resultado final del encuentro: 5-7, 6-1, 5-7, 6-2 y 6-0.

La lluvia apareció en el primer set, con 5-5 en el marcador, y obligó a parar unos minutos el encuentro mientras a escasos metros Kerber y la canadiense Fernández, revelación del torneo, jugaban en la pista (cubierta) Louis Armstrong. Cesó la lluvia a los pocos minutos (no regresaría) y Gojowczyk completó el saque para situarse 6-5 ante un Alcaraz molesto después de no cerrar el juego con su saque y 5-4, visiblemente menos fresco que en el eufórico inicio o durante su memorable partido contra Tsitsipas el día que nació la estrella. Las condiciones de la pista eran menos favorables al murciano que el viernes, con mayor humedad y menos daño (velocidad) en su bola. Y el tenista alemán, sin despeinarse demasiado aún, se llevaba el primer set ante un coloso desconcertado por el veneno reducido de su derecha liftada, la fatiga física y mental y, cómo no, la nueva presión del favoritismo.

placeholder Alcaraz, en acción. (EFE)
Alcaraz, en acción. (EFE)



La energía e ilusión del atropello inicial había sido templada por el pragmatismo inteligente del bávaro, muy confiado en su golpe plano con una bola algo más pesada por las condiciones ambientales. Alcaraz jugaba con cierto desorden, sin continuidad, y desperdició varias oportunidades de ‘break’ en el primer juego de la segunda manga por prisas. Afortunadamente, Gojowczyk falló inmediatamente un par de pelotas y el español volvió a ponerse por delante desde el comienzo del set. Petróleo para un jugador por debajo en el marcador que ya era una estrella para las gradas pobladas de la pista.

El partido era entonces menos intenso que el de Tsitsipas, por el contrincante y el escenario, mucho menos imponente que la pista central Arthur Ashe. Ambos jugadores mantuvieron su saque sin demasiadas complicaciones hasta el quinto juego, con 3-1 para Alcaraz, menos impetuoso y más cerebral a la hora de buscar el revés del alemán, que comenzó a verse superado. Las nubes se alejaron de Flushing Meadows mientras Alcaraz recuperaba la iniciativa en la pista y volvía a romper el servicio de Gojowczyk, cuya derecha ofensiva había sido hasta entonces protagonista de la tarde neoyorquina.

Habían aparecido las dudas después del 7-5 en contra, pero media hora después Alcaraz se colocaba 5-1 y restablecía el orden, dejadas y globos incluidos, ante un Gojowczyk, 141 del mundo, en ese pasaje del encuentro, un veterano elegante y sólido ante un huracán levantino.

Comienzo del tercer set a máximo nivel

Las gradas saludaron efusivamente el 6-1 de la segunda manga, que dejó curiosamente el partido en un escenario peligroso: Alcaraz volvió a sentirse fuerte y empezó a celebrar los puntos con el público, seguro de sí mismo, pero excesivamente feliz antes de tiempo. El primero de ese tercer set fue probablemente el mejor juego del partido hasta entonces, a un nivel altísimo, pelotazos cruzados despiadados y una resolución muy peleada a favor del español tras dos ‘deuces’ y un globo final de fantasía. 1-0. El público adoraba (adora) a Carlos Alcaraz Garfia.

Fue esa manga, sin embargo, muchísimo menos feliz que la anterior para el murciano. Tras empatar a uno, Gojowczyk rompió su servicio. Alcaraz volvía a mostrar precipitación ante un rival muy experimentado y astuto, que hace unos años fue ‘top 40’, pero en esta edición venía de la fase previa. El alemán, de 32 años, con un título ATP en su palmarés (los mismos que Alcaraz), nunca había logrado pasar de la segunda ronda en un torneo de Grand Slam.

Alcaraz no sacaba provecho de los segundos saques de Gojowczyk y el marcador alcanzó un 4-2 inquietante. El alemán sacó el puño por primera vez. Gritos de “Let’s go, Carlos!” entre el graderío. Varias cañas al cielo neoyorquino del murciano, superado por la pelota plana y fuerte del oponente, lógicamente menos fresco que el viernes tras la gesta a pesar de sus 18 años. Resistió como pudo con su saque, aferrado al set con dos dedos. 4-3. Después 5-4, con la pista Grandstand animándole casi en bloque.

placeholder Gojowczyk, durante el partido. (EFE)
Gojowczyk, durante el partido. (EFE)



El alemán estaba jugando un tenis fantástico: preciso, profundo, sereno. Pero falló una bola de set nada difícil y después hizo una doble falta, acogotados ambos por la tensión del lance. Y Alcaraz empató a cinco. Las gradas del US Open volvieron a justificar su condición de torneo más ruidoso del Grand Slam, y los observadores hispanos quisieron escuchar por debajo el crujido en el alma del intachable Gojowczyk. Pero no se había producido (todavía): asombrosamente, el bávaro rompió el saque con mucha ambición a Alcaraz en el undécimo juego. 13 de los 28 juegos disputados hasta entonces habían acabado en ‘break’ (cifra altísima en pista rápida). El murciano tuvo una bola de ruptura en el duodécimo, pero no completó la faena. La tensión del partido había crecido de forma espectacular. Cuando Gojowczyk rubricó el 7-5, gritó por primera vez a pleno pulmón.

El jugador de Múnich llevaba seis victorias seguidas y comenzó a vislumbrar la séptima, imponiendo su autoridad en el juego de fondo. Alcaraz se mantenía a flote con algún saque directo, pero no estaba preciso y le costaba mucho conservar el servicio si no era fulminante. Tanto que el español perdió el primer juego y pidió asistencia al fisioterapeuta. En ese momento crucial, el alemán debió de notar por primera vez y súbitamente el cansancio y/o la responsabilidad: cometió dos dobles faltas seguidas. Alcaraz se agarró a ellas y salvó un momento crucial. 1-1. No podía ser tan bueno todo el tiempo el 141 del mundo, ni siquiera en una racha dulce. El español atacó y se puso por delante, 2-1, antes de ser atendido por el fisio en el muslo, como el día de Tsitsipas.

Falta de contundencia

Gojowczyk le había dejado vivo y pagó un precio elevado: volvió a perder su saque en un juego muy largo, con auténtico sufrimiento y dos dobles faltas. 3-1. Tercer juego consecutivo para un Alcaraz que parecía estar fundido al inicio de la manga. Expansivo y optimista otra vez, el español consiguió conservar su servicio pese a los finos pero demoledores pelotazos de derecha del muniqués. 4-1. La grada volvía a aullar. El alemán pidió tiempo médico. Gojowczyk no recobró la frescura con el masaje y buscó abreviar los puntos para reducir el esfuerzo. Lo consiguió en el sexto juego, pero su lenguaje no verbal era preocupante y se desplomaría en el set definitivo. Alcaraz no perdió su servicio y terminó llevándose la cuarta manga con otro ‘break’ facilísimo por 6-2. Mano al oído. Otro partido a cinco mangas para seguir haciendo historia.

En el último set encontró su límite la resistencia del jugador bávaro, mucho más castigado físicamente que el de El Palmar. El ‘break’ llegó muy pronto (2-0) y el partido se colocó en una situación extraordinariamente venturosa para Alcaraz ante un tenista que se jugaba todo a raquetazos y había perdido todo sentido táctico. El joven de los récords se puso 3-0 en un cuarto de hora. Gojowczyk, en realidad, ya había perdido el duelo, y terminaría cosechando un rosco injusto: algo bastante inconcebible una hora antes.

placeholder Alcaraz celebra un golpe ganador. (EFE)
Alcaraz celebra un golpe ganador. (EFE)



Nadie dudaba de que la resaca del español tras la explosión de su carrera, dos días antes, iba a ser un gran obstáculo en otra noche única para añadir marcas mundiales a su trayectoria asombrosa. Pero Alcaraz se sobrepuso a la ansiedad inicial y acabó fundiendo literalmente a un tenista admirable que se descompuso muscularmente tras siete partidos seguidos. El murciano supera en el récord absoluto de juventud del torneo a Andre Agassi, jugador con el que curiosamente comparte rasgos decisivos como el nervio, esa intensidad insoportable para el rival (característica principal de su ídolo, Nadal) que augura unos cuartos de final apasionantes frente al ganador del Auger Aliassime-Tiafoe. Ya no solo es el jugador con menos edad que vence a un ‘Top-3’ en el US Open. Es su cuartofinalista más joven de la era moderna. El sueño del debutante continúa y España se vuelca con un torneo que había empezado de forma pálida para la afición ante la ausencia de Nadal.

US Open Carlos Alcaraz
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