Djokovic remonta dos ‘sets’ a Tsitsipas y conquista en París su Grand Slam nº 19
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Se coloca a sólo uno de Nadal y Federer

Djokovic remonta dos ‘sets’ a Tsitsipas y conquista en París su Grand Slam nº 19

El serbio accede al club de los tenistas que han ganado todos los ‘grandes’ al menos dos veces. Supera dos ‘sets’ adversos en una final por primera vez y completa con 34 años una semana gloriosa tras vencer a Nadal

placeholder Foto: Djokovic, tras el último punto. (REUTERS)
Djokovic, tras el último punto. (REUTERS)

Hubo un momento, a las dos horas de partido, en que pareció realmente que Stefanos Tsitsipas, el mejor tenista de la temporada, 22 años, iba a tener realmente el descaro de ganar su primera final de Grand Slam ante el jugador (número uno del mundo) que a su vez había tenido la osadía de ganar al campeón de 13 de las últimas 15 ediciones de Roland Garros. Sin embargo, la pista Philippe Chatrier de París asistió este domingo a otra final digna de recuerdo, que si bien mostró al mosquetero griego como el miembro más capacitado de la llamada ‘NextGen’, confirma el dominio (abusivo) de los 'Tres Grandes' –Federer, Nadal y Djokovic– en lo que va de siglo: 6-7, 2-6, 6-3, 6-2 y 6-4 para el serbio en 5 'sets'.

No cedió el joven heleno a la presión del novato, y ante 5.000 espectadores mostró durante dos ‘sets’ un talento y una fuerza física superiores frente al mejor tenista del planeta, obviamente reforzado (aunque fatigado) por su muy significativa victoria del viernes ante Rafa Nadal. El balear y todos sus seguidores veían el partido con la esperanza de que se consumara la sorpresa (y así mantener a Djokovic a dos títulos en el escalafón histórico del Grand Slam, especialmente con Wimbledon a la vista este mismo mes). No obstante, el número uno del mundo remontó con mucha inteligencia hasta convertirse en justísimo campeón de Roland Garros, completando una semana de auténtica gloria deportiva.

placeholder Tsitsipas, durante el partido. (REUTERS)
Tsitsipas, durante el partido. (REUTERS)

Para Djokovic (cuyo registro personal con Tsitsipas era de 5-2 a favor), se trataba de una oportunidad estelar de ganar en un torneo casi imposible para él –y cualquier otro jugador– desde 2005. Los dos tenistas disputaron un primer ‘set’ fantástico, de hora y cuarto de duración, al que Tsitsipas se agarró con una voracidad y una precisión extraordinarias en un debutante de 22 años, hasta llevarse la manga por 7-6 y torcer la cara al favorito por su insolencia.

A Djokovic le dolió la estocada más de lo previsto (probablemente por haber desperdiciado una bola de ‘set’ con 6-5 en la muerte súbita). La segunda manga fue un paseo militar para el expresivo y rapidísimo aspirante, con más piernas y una derecha imperial, excesivamente larga, potente (incómoda) para el serbio. El público, para colmo, estimulaba la insurrección helena: cuando Tsitsipas colgó el 6-2 en el marcador, antes de que se cumplieran las dos primeras horas de juego, cambió de lealtad por miedo a que se abreviase demasiado la fiesta.

Cambio de táctica

Djokovic es el jugador que más finales de torneos ‘grandes’ ha jugado, pero nunca había ganado una final de Grand Slam yendo dos ‘sets’ abajo. El serbio cambió de táctica, buscó un juego más sereno y conservador, apoyándose en el único recurso en el que era inmensamente superior a su rival: la experiencia.

Al cuarto juego de la tercera manga, con 2-1 a favor, ‘Nole’ tuvo varias bolas de ruptura y ambos jugadores protagonizaron un juego memorable, con gritos al aire y puños arriba, hasta que 12 minutos después el serbio logró el ‘break’ y se colocó con 3-1. Llevaba desde el final del primer ‘set’ sin romper el servicio a Tsitispas. Se soltó la presión el campeón del torneo en 2016, y el efecto fue instantáneo: arrolló al rival en el siguiente juego para irse al descanso con 4-1, creando las primeras dudas serias en el tenista griego, siempre vigoroso pero menos fino.

Djokovic se había liberado del miedo y empezó a colocar reveses en el ángulo, dejadas, ganando su servicio con más facilidad que Stefanos y llevando la iniciativa ante un rival bastante menos pletórico, que seguía agarrado a la pista (la camiseta cubierta de arcilla) pero ya sólo podía defenderse, menos lúcido en ese diálogo con uno mismo que termina siendo cualquier partido de tenis. 6-3 y al cuarto ‘set’.

El serbio, que jugaba para la historia, lucía una mirada más serena después de un par de gestos que molestaron al público de la Philippe Chatrier. Pidió 'Nole' asistencia al fisioterapeuta por molestias lumbares, tres minutos, pero cuando regresaron a la pista para comenzar la manga, la mirada leonina de Tsitsipas había mutado. El genio había salido de la lámpara.

Djokovic rompió su servicio en el primer juego y las gradas se llenaron de gritos. Ganó fácilmente el segundo con su saque y el tercero fue otra larga batalla –raquetazo rabioso de Tsitsipas al suelo incluido–que cayó finalmente en el bolsillo del serbio. El número uno mundial había elevado su nivel de forma inalcanzable y el griego tenía los músculos contraídos: no lograba apenas golpes decisivos. Otro Djokovic, desencadenado y con la autoestima por los cielos. Un rato después, revés a revés, la manga era suya por 6-2 y cada uno se encontraba con sus propios fantasmas, con mucha mayor responsabilidad para el número uno.

El partido se había jugado hasta entonces a una velocidad altísima para tierra batida (algunos tenistas han llegado a criticar la dureza de la arcilla), y el quinto ‘set’ comenzó de la misma forma, con un Djokovic arrollador y un Tsitsipas enardecido, el público entregado de nuevo a su causa, algo menos exacto que en sus dos primeras y sublimes horas de juego pero decidido por fin a jugar al ataque con su derecha explosiva. ‘Nole’ desperdició una bola de ‘break’ y el griego después otra ventaja. Después sacó a relucir su primer saque para conservar el 1-0.

placeholder Djokovic, durante el partido. (REUTERS)
Djokovic, durante el partido. (REUTERS)

Cada punto era aclamado desde las gradas, evocando la vida anterior al virus. Djokovic mantuvo con solidez su servicio y después regresó la mayor igualdad con el saque del griego, menos resolutivo con su iniciativa: juegos largos y con alternativas, para gozo del espectador. Tanto llamaba el serbio a la puerta del ‘break’ que terminó lográndolo en ese tercer juego: 2-1 y saque. Casi cuatro horas de partido. El número uno ganaba su servicio con demasiada soltura y en el ambiente flotaba la derrota del griego, que sin embargo pudo conservar el 3-2.

En estado de gracia

Sólo pudo ganar un punto después con el resto: 4-2 (todas las bolas al revés del griego) y una presión difícil de aguantar. Llevaba ya dos mangas y media sin una bola de ruptura. El séptimo juego llevaba camino de marcarle irremediablemente (una doble falta y un error no forzado), pero combatió con ferocidad hasta llevárselo. Su rostro de sufrimiento era opuesto a la aparente tranquilidad de un rival insuperablemente concentrado, en estado de gracia, que ni siquiera jugaba con demasiada potencia y se focalizaba en castigar con bolas liftadas y cortadas el revés del griego.

Djokovic sacó su servicio en blanco, a lo campeón, sin arriesgarse ni fallar un golpe. 5-3. Luchó bien el griego con su saque y sobre todo con golpes arriesgados, saturado de ir por detrás en la dinámica de los puntos; y logró extender la manga hasta el décimo juego con dos bolas a la línea y un público extasiado. Pero el serbio, que sacaba el puño para soltar tensión después de algún punto, seguía jugando de una forma completamente cerebral, hasta demostrar al joven Tsitsipas el valor de la experiencia. Una gran tarde de tenis para el público, para el griego (claro ganador potencial de torneos ‘grandes’) y sobre todo para Djokovic, que da un golpe de mucha autoridad en el circuito mundial a sólo dos semanas de Wimbledon, donde es el gran favorito, ya a un Grand Slam de distancia del récord (20) que comparten Roger Federer y Rafa Nadal.

placeholder Djokovic besa el trofeo de campeón. (REUTERS)
Djokovic besa el trofeo de campeón. (REUTERS)

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