El entrenador, clave en su recuperación

La nueva cara de Paula Badosa: la promesa española que dio un raquetazo a su depresión

La joven jugadora española vuelve a sonreír tras sufrir una profunda depresión que le llevó a cuestionarse su futuro en el mundo del tenis. Este lunes ganó por primera vez en un Grand Slam.

Foto: Paula Badosa, el pasado lunes en el Abierto de Australia.
Paula Badosa, el pasado lunes en el Abierto de Australia.

En 2018, Paula Badosa tocó fondo. La campeona junior de Roland Garros en 2015 había perdido la pasión por jugar al tenis. Neoyorkina, afincada en Girona desde pequeña, se encontraba en medio de la nada, incapaz de saber qué dirección tomar. Las grandes expectativas que se habían generado en torno a su figura la desbordaron por completo. El deporte profesional, cruel, no espera a nadie. Dominadora en categorías inferiores, Badosa se había estancado al mismo tiempo que otras niñas de su generación progresaban entre las mejores a nivel mundial. Las lesiones le frustraron y, como consecuencia de eso y de un entorno poco sano, cayó en una profunda depresión. Xavi Budó, antaño entrenador de la canaria Carla Suárez, acudió a su rescate. "Era un juguete roto, una persona hundida, sin confianza en ella misma. Todo ello hizo que el personaje devorase a la persona. Esa es la situación en la que yo me encontré a Paula, tenía una ansiedad enorme que no le dejaba vivir y eso era lo primero que tenía que empezar a trabajar para encontrarse a sí misma", contó el técnico a El Confidencial el pasado mes de agosto.

Compromiso, esfuerzo, equipo, dedicación... palabras que forman parte del vocabulario de Budó y que son innegociables. Ambos charlaron largo y tendido y aplicaron la receta a seguir en el corto plazo para volver a aspirar a grandes cotas. Ahora, a Paula le llega la recompensa. De la impotencia, a la felicidad más absoluta. La tenista barrió a Johanna Larsson, una veterana siempre luchadora, en su debut en el Open de Australia en apenas 57 minutos. Con 22 años, es su primera victoria en un 'Major', paso que necesitaba dar para adquirir ese punto de confianza que le faltaba. "Llevaba mucho tiempo buscando esto, es el premio a todo el trabajo que he realizado. He podido poner en práctica todo lo que llevaba tiempo trabajando, especialmente a nivel mental", comentó la tenista, emocionada, a Eurosport tras el encuentro.

Fueron las camáras de la popular cadena de televisión las que recogieron el conmovedor abrazo entre ella y Budó. El catalán compartía sus impresiones sobre el encuentro de su pupila cuando esta no pudo reprimirse y se abalanzó sobre él en señal de gratitud. Desde que ambos unieron sus caminos la trayectoria de la jugadora no ha dejado de crecer: de la 242 del mundo en 2018, al top 100 actual, circunstancia que le permite disfrutar de billete directo a los cuadros finales de Grand Slam. Budó está sacando lo mejor de una jugadora con un talento natural impresionante, pero mal encauzado hasta su llegada. Paula vivía en su propia burbuja de fantasía, inflada también por las redes sociales, hasta que se dio de bruces con la realidad. "Por sus éxitos, se le empezó a apodar como la nueva Sharapova española y eso le hizo mucho daño. La gente pensó que ya estaba en el Everest pero ahí solo se puede subir metro a metro, no en helicóptero", confiesa el técnico, que lamenta que los 'likes' en Instagram y el éxito inmediato estén cegando a las nuevas generaciones: "Lo primero que hice fue mentalizarla de que el Everest hay que subirlo poco a poco". Máxima exigencia manteniendo un perfil bajo, nuevo sistema de trabajo que ambos se comprometieron a llevar a cabo.

"Al vivir tantos momentos con alguien aprendes mucho de esa persona, es algo mutuo. De ella he aprendido que si eres auténtico y valiente, puedes ir por la vida siempre con la cabeza muy alta. Yo soy muy crítico con ese tema, porque pienso que hoy en día hay mucha falsedad y muchas dobles caras en la vida, y lo que más me gusta de ella es que es una persona muy sincera, directa y auténtica", explica Budó, feliz por el notable salto de calidad de Badosa, que ha superado el miedo y está decidida a mejorar algunos aspectos técnicos para ir acercándose a las mejores raquetas del circuito. “Cada partido que gano lo valoro más y disfruto cuando sufro en la pista”, explica la joven. “Aprendió a que si pierde un partido no pasa nada”, señala su entrenador, que no cree solamente en blancos y negros y que apunta en la siguiente dirección: "está empezando a asimilar el tenis como un estilo de vida". Si la temporada pasada fue la de la resurrección, esta debe ser la de su consagración.

La española está citada este próximo miércoles (no antes de la 1:00 de la madrugada) con Petra Kvitova, número siete del ranking WTA, en segunda ronda del abierto australiano. Obstáculo difícil, aunque la sorpresa no sería utópica. El enfrentamiento contra la checa, un regalo que le servirá para testar su nivel real y seguir ajustando su juego. El resultado, tanto da. Lo más importante es que Paula ha vuelto a recuperar la sonrisa tras una época oscura que amenazó con retirarle del deporte profesional.

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