anuncian la ruptura de su relación laboral

Diez años después, Carla Suárez se quedó sin cosas que aprender de Xavi Budó

La suya ha sido una de las relaciones más fructíferas y estables del mundo del tenis. Él la pidió que creyese en su tenis, ella le hizo caso y llegó, contra todo pronóstico, a la élite mundial

Foto: Xavi Budó y Carla Suárez.
Xavi Budó y Carla Suárez.

El amor dura tres años. Frederic Beigbeder utilizó una novela entera para intentar explicar este fenómeno. Tres años, no más allá, lo que queda fuera de esa frontera es otra cosa. Y habla de la cuestión romántica, las relaciones laborales en el deporte suelen ser aún más cortas. Todavía más en tiempos recientes. La convivencia es inestable y los jugadores aprovechan en poco tiempo los conceptos nuevos que trae un técnico recién contratado, lo exprimen, se cansan y pasan al siguiente, a ver si el nuevo entrenador es el maná esperado para asentarse en la élite.

Es lo habitual, pero siempre hay espacios para creer. Carla Suárez anunció este lunes que tras diez años con Xavier Budó era el momento de separar sus caminos. Un pequeño halo de tristeza había en todo el tema, no en vano es el fin de una época para los dos. Pero la circunstancia concreta, esa ruptura de mutuo acuerdo, no hace sino ensalzar lo que ha sido una década juntos, un tiempo en el que ambos formaron un equipo y lograron hacer de ella una de las mejores tenistas del mundo.

Y eso era algo altamente improbable. Carla Suárez siempre tuvo talento, desbordante, de hecho, pero con eso no era suficiente. No al menos en las dos primeras décadas de este siglo, un tiempo en el que el circuito ha sido tomado a las armas por jugadoras altas, fuertes, contundentes. El ritmo de juego se ha vuelto endiablado, casi loco y la velocidad de la bola ha pasado a ser el primer concepto a tener en cuenta para evaluar a una jugadora. Carla, no hay más que verla, se adapta mal a ese biotipo.

Porque ella gasta un escaso 1,62, poco más de 60 kilos, no tiene el porte necesario para parecerse a sus semejantes. Ellas son mujeres por encima de 1.80 a las que darle potencia a la bola no les supone problema alguno, basta con estirar el brazo y hacer palanca. Ante esa ausencia de físico queda el talento, la capacidad de emular esos mismos golpes con movimientos más gráciles, mejor construidos. También el esfuerzo constante, el trabajo para querer ser superior después de cada día de trabajo.

Quedarse ahí es quedarse corto. Y también es no entender cuál ha sido la relación de esta década entre Carla Suárez y Xavi Budó. La mayor influencia siempre estuvo en su cabeza. Budó es un entrenador que da mucha importancia al psique. Está convencido de que todo es posible con la actitud correcta y que un buen porcentaje de lo que se ve en una cancha de tenis está relacionado con la cabeza del jugador o la jugadora. No deja de lado el trabajo físico o el técnico, por supuesto, pero enfatiza la necesidad de que todo eso vaya bien acompañado por un trabajo mental de altura. No es solo coger la raqueta, es creer que con la raqueta en la mano se pueden hacer diabluras.

Xavi, de rodillas frente a ella...

Solo había que verlos juntos en un vestuario o en una pista. Carla sentada en su silla, con la toalla habitualmente en los hombros. Xavi, de rodillas frente a ella, gesticulando, muy enfático y entregado. Puede no estar siempre acertado, pero nadie le puede negar su pasión. Él exige a sus pupilas que crean, y en parte también lo hace porque él cree también en lo que hace, completamente, sin dudas o sombras. Ama el tenis y su oficio por encima de casi todas las cosas.

"Te pido disculpas, pero llevaba muchos años sin casi vacaciones y ahora estoy disfrutándolas, hablamos a la vuelta". Xavi Budó, que gusta de los medios de comunicación, ahora está desconectado. No es que no quiera explicar el final, a nadie le sorprende una ruptura después de diez años de convivencia, es solo que, por una vez, puede hacer que el tenis, aunque sea solo por unos días, pase a un segundo plano y quede como algo secundario. Descansar, que con todo este tiempo de motivación y esfuerzo también es necesario para un entrenador.

Llegar al número 6 del mundo

Carla Suárez fue número 6 del mundo, ganó el torneo de Doha, uno de los importantes. Ha llegado a los cuartos de final de Grand Slam en diversas ocasiones. Ha derribado rivales de primerísima fila. Los diez años, en lo deportivo, solo pueden tener un balance positivo. Porque ha estado donde no se la esperaba, donde no tenía que estar. Y tiene más mérito si se piensa que aquella Carla de 19 años que llegaba a Barcelona no tenía visos de llegar a tanto. Podía ser una jugadora española más, ganarse la vida con el tenis. Pero probablemente nadie pensó en que sería la mejor de sus iguales, y durante un tiempo lo fue. Al menos hasta que llegó Garbiñe Muguruza, ella sí construida con un tenis propio de estos tiempos.

Terminó Wimbledon y hablaron. Ninguno de los dos miembros de esta ecuación creía en que esta relación tuviese que continuar. El final fue natural, como un bolígrafo que se queda sin tinta. Simplemente ya se han dado todo lo que tenían para darse y ahora toca buscar otros retos diferentes, nuevos planteamientos que puedan ayudarles a dar un paso más, a encontrar nuevas funciones y retos. Porque las relaciones también tienen un poco de eso, el cansancio por la rutina lleva a ofuscarse y pensar que ya no hay espacio para seguir construyendo. En esos casos, y sin mayores dramas, quizá lo mejor es dejarlo.

La carrera de Carla Suárez es su mérito, algo propio y personal. En ocasiones, con algunas deportistas femeninas, se comete el error de exacerbar la figura del entrenador. No, la canaria ha llegado a las cotas más altas en su profesión gracias a su inmenso talento, a su poderoso trabajo y a haber sabido encontrar el punto de motivación necesario para que el reto siempre sea lo mejor. Algo parecido a lo que pasa con Rafa Nadal, otro que este año terminará con su entrenador y que, en su caso, ha vivido toda su carrera con él.

Los dos, en todo caso, también tienen cosas que agradecer. Ellos han marcado la pauta y el camino, pero hubiese sido uno muy diferente sin haber contado con gente a su lado que les enseñase primero y aconsejase después. Xavier Budó es desde ahora el pasado de Carla Suárez, ya no forma parte de su equipo técnico. Ella llevó el timón, pero el barco no hubiese sido el mismo si el entrenador catalán no hubiese estado con ella todo este tiempo. Él ayudó a sacar a la superficie un talento que siempre estuvo ahí.

Tenis

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
1comentario
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios