Tenis: Toni Nadal seguirá hasta final de año como entrenador de Rafa
hará de avanzadilla en el nuevo proyecto de rafa

Toni Nadal seguirá hasta final de año como entrenador de Rafa

Cuando termine esta temporada, en la que le acompañará a los Grand Slam, se centrará únicamente en la Academia. Es imposible conocer al mejor deportista español de siempre sin pensar en su figura

Foto: Toni Nadal y Rafa nadal, en el Abierto de Australia (Reuters)
Toni Nadal y Rafa nadal, en el Abierto de Australia (Reuters)

Hace ya tiempo que Rafael Nadal se plantea su futuro. Ya no es el niño con toda la carrera por delante que bastante tiene con pensar en el próximo torneo. Su legado tenístico ya está ahí. Puede aumentarse, claro, pero el día que se retire, pase lo que pase, se estará marchando uno de los más grandes jugadores que jamás se vieron. Y eso hace que se le acumulen las preguntas ¿después qué? Podría dedicar el resto de sus días a pescar, jugar al golf, viajar y ver fútbol sin ningún problema, en su tiempo en el tenis ha ganado lo suficiente para no tener que preocuparse nunca más por mirar su cuenta corriente. Pero no es un tema de dinero,no es eso suficiente para sentirse realizado. La pregunta, por lo tanto, es procedente.

Y no es exclusiva para él. Todos los que le rodean saben que el telón se bajará algún día ¿cuatro, cinco, seis años...? La fecha no está puesta, pero el tiempo corre siempre en contra de los jóvenes. Así que Carlos Costa, Benito Pérez Barbadillo, Francis Roig, el doctor Cotorro, Tuts y compañía también tienen que pensar en qué será de ellos en el futuro. Difícilmente encontrarán la estabilidad que han tenido con Nadal, fiel como muy pocos a sus hombres de confianza. Quizá los mejores días de sus respectivas carreras se queden en estos tiempos: es lo que pasa cuando no solo has tocado el cielo, sino que has vivido cómodamente en él durante casi una década.

Ese equipo sufrirá a final de año la primera baja. A nadie se le escapa que es, también, la más sustanciosa. Todos los miembros del entorno del balear tenían una función específica, Toni Nadal era, aún es, mucho más que eso. El cargo dice que es entrenador, y sin duda alguna cumple ese acometido. Pero dejar a Toni solo en eso es quitarle un buen puñado de atribuciones que también son claves para entender a Nadal, su juego y su persona. Pese a los rumores que decían que dejaría inmediatamente de entrenar a su sobrino, el técnico viajará con él a los Grand Slam y, a final de año, se dedicará solo a la Academia, que es propiedad de Rafa Nadal.

"Esta temporada voy a seguir, evidentemente, hasta el punto de que si Rafael hubiera decidido ir a Rotterdam, yo estaría allí, que es lo que pensaba para estos días", dijo Toni a Radio Nacional de España. "Creo que Rafael está perfectamente atendido", dijo sobre los dos entrenadores que tiene ya Rafa, Francis Roig y Carlos Moyá. "Que después se me necesita puntualmente para lo que sea, encantado de la vida. Así de simple", clarificó Toni Nadal.

La influencia de Toni ha sido máxima. Para empezar fue su formador, que no es lo mismo que ser entrenador. Sí, las características básicas de ambos oficios son parecidas, pero sus realidades son casi opuestas. El técnico ayuda lo que ya existe, el formador tiene como primera misión crear un jugador de cero. Cuando Nadal, con tres años, cogió una raqueta con su mano izquierda, era solo un niño pequeño con una genética de deportista -y eso ni siquiera lo sabían- y todo por descubrir. Toni estaba ahí, fue el que le contó cómo se cogía la espada, el que le fue moldeando poco a poco. Hay, en el caso de Nadal, una dificultad añadida para un formador. La tendencia general obliga a que los entrenadores enseñen el tenis como mandan los cánones, que se dediquen a retirar los vicios naturales en pos de encontrar el juego más aseado.

Toni no lo hizo así. Se convirtió, desde muy pronto, en un genio de eso que llaman el pensamiento lateral. Tuvo la imaginación y la vista suficiente para entender que la manera de empuñar de Nadal, o la finalización de su derecha, no era la que se enseñaba en las escuelas, pero que tampoco necesitaba eso. Le apremió a seguir jugando igual, a tratar de afrontar el tenis de una manera diferente a la de todos sus rivales. Sí, habrá comentaristas que nunca lleguen a valorar el poder de los golpes de Rafa. Su devastadora derecha, tantas veces ganadora, será menos aplaudida que otras más planas y, quizá, más estéticas. Tendrá que llevar siempre el sambenito de que era más mente que juego. Al final el deporte son números, es un saldo, y hoy no cabe duda que la formación tenística de Nadal fue la óptima para generar un coloso.

El psicólogo, el referente

Toni tenía que ser, también, el hombre que le mantuviese con los pies en el suelo. Un niño de 16 años nunca es lo suficientemente maduro. Nadal siempre lo pareció. Su juego era el de un experto, su capacidad de luchar punto tras punto. Hizo todo lo posible, con bastante éxito, para que nunca se perdiese por el camino, para que se viese como un tenista mayúsculo, pero solo eso. No son pocos los cantos de sirena que tiene una carrera como la de Nadal. Hay arribistas a patadas, succionadores de fama y de dinero, malas compañías. Nadal tiene, y eso siempre es primordial en estos casos, un entorno familiar sólido y reposado. Además, Toni siempre estuvo ahí, entrenador, educador y consejero.

Nadal siempre ha rechazado la posibilidad de tener un psicólogo deportivo. Nunca importó, para eso también estaba ahí Toni. Solo hay que escucharle hablar unos minutos para saber que en la calma y el discurso del entrenador están todas las enseñanzas que necesita un jugador, quizá una persona. No es un teórico, nunca lo fue, por más que haya participado en libros de filosofía, los suyo era predicar con el ejemplo, ejerciendo casi tanto como el padre que aconseja como de entrenador o tío.

Esa posición de consejero omnipotente fue menguando con el tiempo. Y así debe ser. El niño de tres años, el de diez, el adolescente de 14, el joven campeón de 18, el ídolo de 25 y el hombre con un sólido legado y experiencias amargas por el camino de 30 no son la misma persona. Hay elementos comunes en todos ellos, Nadal ha sido inusualmente estable durante todo este tiempo, pero obviamente no es el mismo. Toni le enseñó a andar con ruedines, se los quitó por el camino y, finalmente, le dejó seguir su camino en soledad. Eso es la madurez. Es el técnico quien mejor lo explica: "Hasta los 17 años de Rafa lo decidía todo yo, luego llegó Carlos Costa como manager y se acercó el padre de Rafa, cada uno con sus opiniones. La verdad es que cada año que paso decido menos, llegaremos al punto en el que ya no decida nada".

Y, visto que su trabajo está hecho, es el momento de dar el paso al lado. La relación, aseguran, sigue siendo muy buena, es familiar, es de admiración mutua y de respeto catedralicio. Pero siempre estará ahí si es necesario, aunque haya llegado el día de dejar de aparecer en los palcos y de dar las últimas explicaciones antes de cada partido. No es que le necesiten más en la academia, que ahora pasará a ser su ocupación principal, es que se ve más útil en ese nuevo entorno, predicando la palabra, enseñando a los niños a jugar al tenis y, de paso, las muchas de las lecciones de vida que se entienden tras una conversación con Toni Nadal.

La Academia es, también, el siguiente paso de Nadal. Rafa piensa en el futuro mucho más de lo que lo hacía cuando era joven. Lleva tiempo planeando su salida, aunque su retirada no sea inminente. Quiere que su legado en el tenis no se quede en su último partido, que a partir de ahí se sigan construyendo carreras con su tutela, que el nombre de Nadal siga siendo un factor en el deporte que tantísimo le ha dado. Era impensable que en ese proyecto no fuese capital Toni. Y eso va a hacer, antes de lo imaginado, pues el aficionado al tenis no se planteaba siquiera que se fuera a alejar del día a día de Rafa, pero, al fin y al cabo, era una salida lógica.

Es, también, una avanzadilla. Poco a poco irán llegando más, el entorno de Nadal encontrará ocupaciones diversas en la Academia si así lo desean. La lealtad de Rafa con los suyos es grande, con su tío es algo más que eso. Él empezará el proyecto, irá labrando las estrategias a seguir para que, cuando toque, en el futuro, el ídolo llegue a una máquina que ya esté puesta en marcha. Mientras tanto, con él seguirá Francisc Roig, fiel escudero durante tantos años. Y Carlos Moyà, que es nuevo, pero como si no lo fuese. "El tema de Carlos ha sido un total acierto", comentaba Toni Nadal. Pero, sobre todo, estará el Rafa más maduro, el que a los 30 años ya no necesita que nadie le diga qué, cómo o dónde porque lo sabe perfectamente. Se conoce bien y esta semana lo ha demostrado borrándose del torneo de Rotterdam. Hay que cuidar el cuerpo, porque el objetivo es retrasar lo máximo posible la vida que llega después del tenis.

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