la calcuta cup se va para inglaterra

La victoria de Inglaterra en el Seis Naciones ante el hijo de una leyenda escocesa

Adam, hijo del mítico Gavin, luce el 10 en el XV del cardo y se echó el equipo a la espalda, como hacía su padre, pero sin suerte. Inglaterra ganó 6-13 en Edimburgo

Foto: Adam Hastings (c) lucha con dos jugadores ingleses durante el Escocia-Inglaterra jugado este sábado. (Reuters)
Adam Hastings (c) lucha con dos jugadores ingleses durante el Escocia-Inglaterra jugado este sábado. (Reuters)

Adam Hastings arrastra la pesada losa de su apellido. Pero lo hace con la naturalidad de quien no se plantea competir con el legado de su padre. Gavin, histórico capitán de una de las mejores Escocia de la historia, vistió la camiseta del cardo en 61 ocasiones en las que anotó 667 puntos. A lo que sumó su participación en los British & Irish Lions en varias de sus giras.

Hoy Adam es el apertura titular de Escocia. Ha ocupado la posición más jerárquica del equipo supliendo la tumultuosa salida de Finn Russell, la estrella del cardo, que fue apartado por el seleccionador Gregor Townsend por no respetar los códigos de comportamiento del grupo y saltarse el toque de queda en la concentración escocesa. Adam, acostumbrado a los focos mediáticos por ser hijo de quien es, asumió con normalidad ese rol y se centra en entregar a su línea pelotas limpias y de complicar a los rivales con su poderoso pateo.

Nacido en 1996, justo después de que se retirase Gavin, estudió en el mismo colegio en el que su padre, el George Watson School de Edimburgo. Eran años en los que alternaba el rugby con otros deportes como el fútbol o el lanzamiento de jabalina. Fan del Liverpool, el hoy apertura del cardo no esconde que disfrutó mucho del fútbol y que tiene buenos recuerdos de la liga dominical que jugaba. "Aunque siempre supe que me dedicaría al rugby".

Un paso definitivo que dio al cumplir los 16 años, marchándose a la prestigiosa Escuela Millfield, donde se esculpieron talentos legendarios como los de Sir Gareth Edwards o JPR Williams. Fue en la institución de Somerset donde Hastings dio el saltó cualitativo. "Millfield es un internado en el que entrenas casi todos los días en lugar de dos veces por semana. El trabajo era mucho más físico e intenso allí. Te sumerges en el mejor rugby", dijo. "Comencé jugando de centro, pero rápidamente pasé a hacerlo de apertura porque me gustaba tener la pelota en las manos y no chocar todo el tiempo con los chicos grandes. Estoy seguro que haber jugado al fútbol me ayudó".

Cuando llegó la hora de iniciar su carrera rugbística hubo un cónclave en casa y se decidió que lo mejor para Adam era mudarse al sur de Inglaterra, a la Academia de Bath, para forjar su camino lejos de la presión mediática en Escocia. El hijo de Big Gav, y el sobrino de Scott, también internacional en aquella Escocia, cree que esa decisión fue clave: "La presión por ser hijo de quien soy la he tenido toda mi vida y estoy acostumbrado. Creo que mudarme al sur me ayudó a convertirme en la propia que he sido. Pero, para ser sincero, siempre he sido mi propia persona, independientemente de mi apellido".

En aquellos años la prensa inglesa especuló con la posibilidad de que fuese reclutado por el XV de la Rosa, aunque Adam no tuvo dudas. "Creo que habría sido crucificado si hubiera seguido ese camino", advirtió. Esta semana se ha hablado mucho en casa de los Hastings de la Calcuta Cup y especialmente de la del 90, aquel partido legendario en el que los escoceses ganaron el duelo y su último Grand Slam: "He visto ese vídeo varias veces y sin duda fue uno de los recuerdos más felices de la carrera de mi padre".

Medirse a Inglaterra sigue despertando en casa de los Hastings un sentimiento especial. Para Adam "jugar contra Inglaterra siempre es especial por toda la historia que hay detrás y por la exageración que lo rodea". "No diría que es más grande o más importante que otros partidos porque cada vez que juegas con tu país debería significar lo mismo. Pero definitivamente es un desafío y uno bombea más adrenalina". Y este sábado tocaba Calcuta. En una desapacible tarde en Edimburgo, con la lluvia y los vientos de la tormenta Ciara (anunciada durante todo el fin de semana en tierras escocesas), Hastings hijo saltó a Murrayfield para tratar de emular a su padre y dirigir victoriosamente a Escocia a la conquista de la Calcuta. En la grada, su padre se resguardaba del frío y el aguacero ataviado con su gorra Glen Appin y una clásica bufanda azul con el 'scottish tartan'.

Inglaterra ganó la Calcuta Cup. (Reuters)
Inglaterra ganó la Calcuta Cup. (Reuters)

No fue un partido cómodo. Inglaterra jugaba contra Escocia y contra el viento en la primera parte. Pero lo hizo con paciencia y disciplina, toda la que le faltaba a los del cardo. Malas elecciones, patadas deficientes al lateral, desatenciones, poco juego a la mano... Hastings padre se revolvía nervioso en su localidad junto a su mujer, no lejos de John Jeffreys y Duncan Weir, otras dos leyendas del rugby caledonio. Todo quedaba en el aire al descanso con un pírrico 0-3. Adam se había limitado a dar patadas altas y a cazar un par de bombas altas de los ingleses. Se buscaban héroes.

La segunda parte comenzaba con Adam igualando el partido después de una carga de su delantera. Escocia volvía a encomendarse al pie de un Hastings. El hijo de Big Gav. Los del cardo se soltaban con el viento en contra. Otra patada larga de Adam les hizo ganar muchos metros y animó a los suyos. Minutos después el propio Adam presionaba un balón y placaba a Ford haciendo retroceder a los ingleses otra veintena de metros. Crecían los caledonios bajo el aguacero y el partido llegaba empatado (3-3) a la hora de juego. Mientras Owen Farrell, apertura rival, fallaba las patadas, Adam esperaba su oportunidad.

Sin embargo, un nuevo error de Hogg, el capitán escocés, en su zona de marca, daba la opción a la delantera inglesa de posar el único ensayo del partido y sellar la victoria del XV de la Rosa y devolver la Calcuta, en pleno Brexit, a las oficinas de la RFU en Londres. Adam tendrá que esperar a otra ocasión para emular a su padre, que se marchó cabizbajo. Esta vez la Rosa pudo con los Hastings.

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