antón ruanova encontró allí una oportunidad

El triatleta gallego al que España le cerró la puerta ahora quiere ser olímpico con Brasil

Antón Ruanova nació en Santiago de Compostela hace 30 años, pero desde febrero de este año compite para Brasil porque en España nunca le dieron la oportunidad que se ganó en las carreras

Foto: Antón Ruanova, en el momento de ganar el campeonato sudamericano (Seba González/Trichile).
Antón Ruanova, en el momento de ganar el campeonato sudamericano (Seba González/Trichile).

El pasado fin de semana, Mario Mola fue el tercer español campeón del mundo de triatlón. Gracias al esfuerzo de cientos de atletas en los últimos veinte años, España ha pasado de ser una más de la parte trasera del pelotón internacional a ser envidiada por las grandes potencias históricas de este deporte, que desde hace cuatro años buscan sin éxito la manera de evitar que el mejor triatleta del mundo sea español. Mario Mola ganó, Fernando Alarza fue tercero y no estaba Javier Gómez Noya, el mejor triatleta de la historia. La competencia interna en nuestro país es enorme y precisamente ésta ha permitido que algunos elegidos, como los tres que mencionamos, o como pudo ser Iván Raña en su momento, fueran creciendo hasta tocar la gloria internacional y agarrarla para no soltarla ni siquiera en el futuro.

Entre esos atletas que conforman el inmenso fondo de armario español se encuentra Antón Ruanova, un deportista que nació en Santiago de Compostela hace 30 años, pero que cuando compite lo hace bajo la bandera de Brasil. Ya no pone 'ESP' en su maillot, sino 'BRA'. Es gallego, pero que él sepa no tiene ancestros en Brasil que le permitieran optar directamente por la nacionalidad brasileña. Fue la oportunidad de poder por fin luchar por el sueño que siempre había deseado lo que le llevó hace unos meses a cambiar su maillot del rojo español al 'verdeamarelho' brasileño. Su país de acogida le permite poder, por fin, tener la ocasión de intentar estar en unos Juegos Olímpicos. Como dice él, nadie le prometió nada allí, pero sí le concedió la opción de probar para intentarlo.

Ruanova atiende a El Confidencial lejos de Brasilia, su hogar de acogida. Habla desde Salinas, una ciudad costera de Ecuador en la que este domingo disputaba una prueba de la Copa del Mundo que, por supuesto, se pagó de su propio bolsillo. Antes de disputarla, era perfectamente consciente de que ser "top-15 aquí está muy bien". Por supuesto, deseaba estar entre los primeros cinco, pero con ese 13º puesto (a pesar de que era distancia sprint y demasiado suave para sus características) que cosechó estuvo entre los mejores en una carrera en la que había muchísimo nivel. "Al ser la final del Mundial en México muchos han aprovechado y han venido", dice. La prueba se la llevó otro español que sí compitió como tal, David Castro, del 1993, otra muestra más del poderío de este país en las pruebas internacionales.

Antón, al finalizar una prueba de la Copa del Mundo (Facebook).
Antón, al finalizar una prueba de la Copa del Mundo (Facebook).

Empecemos por el principio, ¿qué narices hace un triatleta español en Brasil? Ruanova tomó hace tres años una decisión que le iba a cambiar la vida y, de alguna manera, ha encontrado el camino para volver adonde estaba, pero desde un punto de vista diferente. Dejó el triatlón profesional. Había estado casi la mitad de su vida dedicando todo el tiempo que no estaba en el colegio o después en la Universidad a nadar, andar en bicicleta y correr. Todo se inició cuando aún era un bebé y le dijeron a sus padres que sufría una severa escoliosis. Todo traumatólogo recomendaría lo mismo que a él: natación. Se pasó en el agua toda su infancia y adolescencia, hasta que César Varela, entrenador del Club Natación Santiago, le invita a probar el triatlón a los 15 años. Ya no lo soltó hasta que se dio cuenta de que el sueño se estaba desvaneciendo

La realidad en España era complicada. La Federación no estaba pagando nada. Me hizo pensar que no me iba a ganar la vida y lo dejé"

Antón explica así el porqué de su retirada. "La realidad en España era complicada. Por entonces, la Federación no estaba pagando ni los traslados ni las propias pruebas (ahora paga alguna), había pocos premios y tenía que malvivir. Solo me lo podía permitir porque vivía con mis padres y así no tenía casi gastos. Me hizo pensar que así no me iba a ganar la vida como yo quería y lo dejé".

El triatleta gallego al que España le cerró la puerta ahora quiere ser olímpico con Brasil

Como otras muchas federaciones de deportes minoritarios, a la Federación Española de Triatlón -FETRI- se le acusa de tener mucha basura debajo de la alfombra. El presidente, José Hidalgo, lleva en el puesto 16 años y no hay perspectivas de que vaya a abandonar el puesto, en el que permanecerá hasta cuando quiera al tener totalmente controladas a las territoriales. Hace poco menos de dos años, los atletas se plantaron ante él pidiendo su dimisión. El propio Antón Ruanova fue el que lideró las protestas, gritándole a la cara al presidente “¡Hidalgo dimisión!”. Por entonces, Hidalgo se había puesto un sueldo de 66.000 euros anuales para, según dijo, dedicarse únicamente al triatlón. Mientras eso pasaba, atletas como Antón y otros muchos tenían que pagarse ellos mismos los costos de las carreras y apenas tenían un hueco en el maillot para sponsors mientras los otros cinco disponibles se los quedaba la propia federación.

Tuve la opción de ir a las Series Mundiales, pero la Federación me dijo que no cumplía los criterios a pesar de poder entrar por ranking"

"En España hay tanta gente buena que es difícil que puedan entrar todos. Pero yo fui dos veces subcampeón de España; hice solo tres Copas del Mundo, pero en dos hice top-14, en una de ellas fui sexto. En esa, en México, fui pagándomelo todo con idea de ir a una prueba de las Series Mundiales que había en Austria. La Federación llevaba a cinco atletas teniendo seis plazas. Yo, como había hecho buena carrera en México estaba en el ranking mundial en torno al 115 y entraba. Pero la Federación me dijo que no incluso cuando les dije que me pagaba yo todo. No cumplía los criterios, me dijeron. Eso me pasó a mí y le ha pasado a más gente". Convencido de que la situación no iba a cambiar, de que no iba a encontrar la manera de poder vivir de lo que le apasionaba, decidió dejarlo y centrarse en estudiar. Fue elegido para entrar en el programa de la prestigiosa beca ICEX y tras un año estudiando, fue enviado a Oficina Comercial de España en la Embajada de Brasil, en Brasilia.

Allí, en la capital brasileña, sabía que tendría una ciudad excelente para poder entrenar en sus ratos libres y lo que empezó como una simple manera de mantenerse en forma le acabó por despertar el gusanillo de la competición otra vez. "Me fui con la idea de seguir entrenando y compitiendo, pero a otro nivel. Me probé en una prueba que había para todo Brasil e hice sexto, y solo había premios para los cinco primeros, así que pensé que o lo hacía mejor para no perder dinero o no lo hacía. Me puse algo más serio, con más continuidad, me fui picando y acabé haciendo todo el circuito".

Considera factible estar en Tokio 2020 (Facebook).
Considera factible estar en Tokio 2020 (Facebook).

Entonces apareció el director técnico de la Federación brasileña, con el que estuvo manteniendo contacto durante un tiempo sin un objetivo claro. "No fue algo buscado por los dos, sino que en alguna conversación se me planteó si me había pensado seguir viviendo en Brasil. Se fueron haciendo los papeles y en febrero ya salió. Entonces decidí dejar el trabajo por ahora", cuenta. En la segunda fase de la beca, debía, en principio, volver a España para trabajar durante un mínimo de un año en una empresa privada y renunció a ello por quedarse en Brasil sin nada asegurado pero con la ilusión de poder luchar por lo que realmente quería. Dejó en España trabajo, novia, familia, amigos... y se hizo brasileño.

Allí encontró la oportunidad que España nunca le dio. Por otro lado, Brasil le ofrecía una posibilidad de seguridad económica que en nuestro país resultaba utópica. "No aspiraba antes ni aspiro ahora a hacerme rico con esto, pero sí pido apoyo. Es decir, que si hago pruebas no tenga que pagarme yo los viajes, conseguir algún sponsor, y hay carreras que tienen buenos premios. Nada de eso iba a pasar en España y aquí existe esa opción", cuenta. Y lo primero que hizo nada más pasar a ser brasileño fue proclamarse campeón sudamericano. "Me sorprendieron a mí mismo los resultados que obtuve", dice con sinceridad. Y ya de entrada, por ese título, tendrá el próximo año (si el gobierno de Brasil no sigue realizando recortes generalizados) una beca mensual de unos 500 euros. Si todo va bien, entrará también en el equipo nacional y ya tendría soporte para los viajes.

Nadie le prometió nada, ni le dijeron que le regalarían nada, sino que le dieron la oportunidad. "Lo que me cerró las puertas en España hace dos o tres años, aquí me las abría". Esas puertas son las de Tokio 2020. Por entonces tendría 34 años y por tanto era "ahora o nunca". Y el camino empieza ya. "Aún no se ha aprobado el siguiente ciclo olímpico, pero si todo va igual, el ranking empezaría en 2018 y se prolongaría hasta la mitad de 2020. Lo que puntuaría serían las pruebas del Mundial (la final son 1.200 puntos al primero, 800 en el resto de pruebas), luego las Copas del Mundo, que serán 17 pruebas a 500 puntos. Para llegar a ellas hay que hacer copas continentales. Mi plan es empezar a posicionarme en 2017 para tener puntos en 2018 para ir a las Series Mundiales. Tengo la ilusión de poder lucharlo. Si al final llego a 2020 y no me ha salido, lo habré intentado todo y estaré feliz. Pero creo que puedo llegar", dice con una sonrisa en el rostro. 

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