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Carlos Sainz y la pescadilla que se muerde la cola en el Dakar
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tercer abandono por accidente en la prueba

Carlos Sainz y la pescadilla que se muerde la cola en el Dakar

En el Dakar, cuando se sufre un problema, se encadena uno detrás de otro. A una jornada demoledora por la avería del Peugeot le siguió otra con un grave accidente

Foto: Carlos Sainz y la pescadilla que se muerde la cola en el Dakar.
Carlos Sainz y la pescadilla que se muerde la cola en el Dakar.

Posiblemente, Carlos Sainz no olvidará nunca dos jornadas de su ya amplia experiencia dakariana, y ambas de la presente edición. Una, cuando se encontró de frente a un motorista que venía en sentido opuesto, y al que atropelló. Inicialmente, el español se pensó lo peor. Al mal cuerpo por lo vivido arrastrado durante toda la etapa se sumó la deshidratación posterior en una jornada demoledora hasta para los más viejos zorros dakarianos. Y la segunda, su accidente de la etapa de Copiapo, hace dos días.

Si elDakar es cuestión de buena o mala suerte, lo es más de mera supervivenciay de colocarse en las situaciones de menos riesgos.Carlos Sainz yLucas Cruzcayeron en esa espiral diabólica tan propia del Dakar, eseagujero negro lleno de riesgos que te engullecuando cualquier problema te hunde en la clasificación, como fue el caso de la pareja española el pasado jueves.

Normalmente, los coches de cabeza que aspiran al podio ruedan a un ritmo endiablado. Perocon el menor porcentaje de riesgos que supone dejar la caravana por detrás.Sainz era cuarto a un minuto del podio en la general. Sin embargoavería en la presión del turbo dejóa la pareja española paradadurante horas.Entonces, concualquier debilidad,la pescadilla comienza a morderse la cola en el Dakar. Yse encadenan los contratiempos.

La ayuda del camión de asistencia les permitió arrancar de nuevo. Pero con horas de retraso, la noche les pilló todavía dentro de la etapa.Sainz y Cruz aundebíanatravesar lazona de dunas del final de la etapa. Tuvieron que trabajar como posesos para desenterrar suPeugeot de la arena. Si por el día pueden ser complicadas, por la noche son un tormento. Más, si falla la dirección asistida, como tambiénfue el caso. Desencajados y con los ojos desechos, llegaron al campamento a las tres de la mañana. Las fichas del dominó empezarona caer empujadas una detrás de otra.

Durmieron tres horas. Con el cuerpopasado físicamente por la batidora de la etapa de San Juan, con la progresiva falta de sueño y el remate de la odisea de Copiapo, la cara de Sainz y Cruz era todo un poema al salir el jueves a la etapa. Como si hubieran pasado nochesde farra en una ‘rave’. 458 kilómetros cronometradosles esperaban por delante, y casi 250 de enlace.

Lo peor es quela etapaa Antofagastaerade las pocas etapas conrecorridocompartido para coches, motos y quads. Entonces, los riesgos se multiplican. Tenían que adelantar a decenas de quads, motos y coches por la retrasada posición de salida, fruto del resultadodel día anterior. La tensión del pilotaje es diferente cuando hay tantos por doblar, y se llevaun ritmo alto y no de mera supervivencia. Los pilotos punteros no tienen tantos problemas. Clasificar bien cada jornada es un seguro de vida, salvo avería mecánica o error de navegación. Sainz y Cruz habían perdido ese seguro.

Solo el piloto español sabe cuál era su estado físico al final de esa etapa a Antofagasta tras la paliza el día anterior. Su preparación físicapara esta edición había arrojado los mejores parámetros (potencia, pulsaciones, volumen de oxígeno…) en muchos años, a los 52 de edad. La realidad es que, quizás ya con demasiado cansancio acumulado, a pocos kilómetros de la meta se encontró con un grupo de motos y quads. Sainz se disponía a superar a uno de estos últimos. Para adelantar, hay que acercarse lo suficiente al vehículo que precede para activar con éxito el Sentinel, el sistema acústico. En la cortina de polvo, el Peugeot pasó por encima de una piedra que le catapultó por los aires para dar varias vueltas de campana. El Dakar tiene muchas trampas. Sainz y Cruz sufrieron en este Dakar una de las clásicas.

El pasado año ocurrió otro tanto, más vueltas de campana, pero de la forma más absurda. "Te vas jugando la vida en los tramos a toda velocidady te ocurre esto…".El SMG Buggy de Sainz y Timo Gottschalk dio tres vueltas de campana. Tras un retraso al repostar en una gasolinera, y cuando se ponía el el cinturón de seguridad llegó un cambio de rasante.No llevaba el casco puesto. "Hubo suerte, pudo ser muy grave". Por la noche, Sainz no podía reprimir las lágrimas de rabia al disculparse ante los miembros de su equipo.

Esta es la tercera vez que Sainzabandonapor accidente desde su llegada al Dakar, en 2006. En2009 era líder con casi media hora de ventaja sobre el segundo clasificado. A falta de tres etapas para el final, un error en el libro de ruta le desvió de la pista para caer luego en un barranco, accidente a resultas del cual se lesionó su copiloto, Michel Perin.

Posiblemente, Carlos Sainz no olvidará nunca dos jornadas de su ya amplia experiencia dakariana, y ambas de la presente edición. Una, cuando se encontró de frente a un motorista que venía en sentido opuesto, y al que atropelló. Inicialmente, el español se pensó lo peor. Al mal cuerpo por lo vivido arrastrado durante toda la etapa se sumó la deshidratación posterior en una jornada demoledora hasta para los más viejos zorros dakarianos. Y la segunda, su accidente de la etapa de Copiapo, hace dos días.

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