Del mono de carreras... al de fumigador

El piloto de MotoGP que desinfecta una residencia de Barcelona: "Ahora te ayudo yo"

El suizo Dominique Aegerter ha ayudado durante el confinamiento a combatir el Covid-19 en una residencia de ancianos. Corrió 13 cursos en el mundial. Ahora es piloto de MotoE y Superbikes

Foto: Dominique Aegerter está ayudando en las labores de desinfección de una residencia de ancianos en Terrasa. (Pol Rueda)
Dominique Aegerter está ayudando en las labores de desinfección de una residencia de ancianos en Terrasa. (Pol Rueda)

Antaño piloto de MotoGP, Dominique Aegerter compite actualmente en la categoría de MotoE (variante eléctrica del mundial) y es probador de Honda en Superbikes. A falta de carreras por la crisis sanitaria del coronavirus, el suizo, de 29 años, ha pensado que es mejor ayudar. Hasta este pasado jueves, que pudo volver a su tierra natal para ver a su familia, Aegerter llevaba en España casi tres meses. Su estancia en nuestro país, pese a ser algo habitual, no suele durar tanto tiempo. Junto a sus entrenadores, Pol Rueda y Ana Casanovas, aprovecha los inviernos suaves de la provincia de Barcelona para preparar durante mes y medio su vuelta a los circuitos. Entrenamiento físico por la mañana, 'motocross' o 'dirt track' por la tarde. Este 2020 la pandemia ha descosido por completo sus esquemas, pero lejos de resignarse por la situación, y afectado por todo lo que estaba pasando a su alrededor, decidió cambiar el mono de las carreras por otro bien distinto: el de fumigador.

La historia es curiosa. Aparte de ejercer como técnico, Rueda también gestiona en Terrasa, junto a su familia, el Centro Geriátrico Sant Pere de les Fonts. En vez de irse a Suiza a pasar el confinamiento, Aegerter, que descansaba en un apartamento situado en Valldoreix cuando todo estalló, se quedó. Lo hizo para estar más cerca de sus entrenadores, pero también para arrimar el hombro. Sabía que Rueda estaba trabajando a destajo en su residencia de mayores, centros especialmente afectados por el Covid-19 en España (en torno a 8.353 fallecidos), y se mostró dispuesto a ayudar. "Desde el primer momento empezó a preguntarme sobre el virus y mis labores allí. Le conté todo. Nosotros no hemos tenido ningún contagiado y, aunque falta material, estamos extremando todo lo que podemos la limpieza. Cuando Dominique se informó bien lo siguiente que me dijo fue: 'Pol, tú cada año me ayudas un montón en todo y ahora soy yo el que te tengo que ayudar a ti, ¿qué tengo que hacer? Acto seguido hablé con mi padre, que es el director, y le encomendamos las tareas de desinfección", explica Rueda a El Confidencial.

Compra de material

Cubierto de pies a cabeza (mascarilla incluida), Aegerter ha estado auxiliando como uno más al personal de mantenimiento en las zonas exteriores. "La verdad es que nos ha sorprendido a todos", indica el técnico, orgulloso. De tres a cuatro días a la semana, entre una hora y dos, el suizo se ha sumado a la causa en defensa de los más vulnerables. "Lo ha hecho porque le ha salido del corazón, no estaba obligado a nada. Es de una madurez y una clase tremendas. Por las mañanas entrenaba y por las tardes se pasaba por aquí, mostrando una empatía sincera con todos nosotros", añade. Aegerter también se encargaba de la compra de agua y lejía, productos necesarios para la correcta limpieza del centro: "Le presté el coche de empresa para que pudiera desplazarse y ayudarnos con el material. Le hice incluso un justificante para que se lo enseñara a la policía en caso de que fuera necesario. Él estaba encantado y, de hecho, quiere volver pronto para seguir echándonos un cable".

Trabajador incansable, Aegerter supo ganarse durante muchos años su sitio en MotoGP. Compañero de Pablo Nieto en 125cc, sus mejores carreras en el mundial las protagonizó en Moto2. A lomos de la marca Suter estrenó su casillero de victorias y fue quinto durante dos temporadas consecutivas (2013 y 2014), siempre luchando contra Rabat, Viñales o su compatriota Thomas Luthi. En 2018, y debido a la delicada situación económica de su equipo, el Kiefer Racing, puso en marcha una campaña de 'crowdfunding' que le permitió completar el curso, pero en 2019, cansado de poner dinero de su bolsillo para correr, dijo basta y decidió emprender el reto de MotoE. "Sus últimos años fueron complicados. No viene de una familia rica. Este año el objetivo que tiene es meter el morro con las eléctricas para encontar de nuevo un hueco en Moto2. Está complicado, pero por ilusión no va a ser. Cuando estamos entrenando en circuitos muchas veces tiene que venir el dueño del bar a decirle que pare. Hasta que no le apagan los focos no recoge. Le ha costado tanto llegar que no suelta el sueño por nada del mundo", subraya Rueda.

El suizo, a su llegada al geriátrico cargado de botellas de lejía y agua. (Pol Rueda)
El suizo, a su llegada al geriátrico cargado de botellas de lejía y agua. (Pol Rueda)

No quería exponerse en redes

Entrenador y pupilo se conocieron hace cinco años a través Robin Mulhauser, también ex de MotoGP y actual piloto (y campeón del mundo) de resistencia. A Aegerter le interesó el trabajo de electroestimulación que aplicaba Rueda y probó. Desde entonces, la relación entre ellos está más que consolidada: "Robin ya no está en mi equipo de trabajo. Dominique llegó después y se quedó. Somos muy amigos. Es un chico que, aparte de ser amable y respetuoso, está para lo que necesites. Lo que ha hecho estos días lo recordaré toda la vida. Él siente que tanto Ana como yo le hemos ayudado mucho y a mí me lo ha querido agradecer así. Sus padres en Suiza deben de estar flipando porque ha antepuesto quedarse aquí con nosotros a reunirse con ellos. Ahora que está allí le he dicho que se quede porque en su zona puede salir fuera a ejercitarse, el Gobierno lo permite, pero dice que no le compensa, que quiere volver en 15 días a España para entrenar y contribuir".

Al contrario de lo que algunos puedan pensar, Aegerter no estaba del todo conforme con compartir su labor actual por redes sociales, pero su técnico le animó a ello: "No quería publicar nada porque pensaba que la gente no lo iba a entender. Tenía cierto miedo de que le tildaran de 'postureta'. Los deportistas profesionales son personas muy expuestas, cualquier gesto que hagan está continuamente sometido a crítica y no quería pasar por eso. La gente en Internet también es un poco canalla a veces, pero yo le dije que hiciera oídos sordos, que la cosa merecía la pena compartirla con sus fans y seguidores. Al final, me hizo caso". Al pie del cañón, demostrando que no le importa mancharse un poco de barro, el gesto de Aegerter es ya una de las historias más dulces que nos deja el deporte en tiempos de pandemia.

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