ha pasado el rodillo por la temporada

Marc Márquez gana en Motegi y se proclama campeón del mundo por séptima véz

Andrea Dovizioso se fue al suelo a falta de dos vueltas y dejó el camino libre a Marc Márquez, que en todo caso ya marchaba liderando la carrera de Japón.

Foto: Marc Márquez, victorioso en Japón. (Reuters)
Marc Márquez, victorioso en Japón. (Reuters)

Lo consiguió otra vez, Marc Márque es campeón del mundo. Seis veces ha competido entre los más grandes, cinco les demostró a todos los demás que era el mejor de todos ellos. Es un piloto colosal y lo demuestra cada temporada. Siete títulos en total, con 25 años. Una superioridad tan brutal, tan sostenida, tan clara, que su pelea hace tiempo ya que se dirime con la historia tanto o más que con sus rivales en la pista.

Y es que sus rivales, todos pilotos buenísimos, no pueden más que agachar la cabeza y aceptar que Márquez es el mejor y que solo otro monstruito como él, ahora mismo inexistente, podría ser capaz de mantener la temporada viva hasta el final. Salía sexto, por esa manía tan suya de caerse los sábados y darle incertidumbre a la carrera. Pero los domingos, que es cuando se reparten los puntos, es un coloso, una máquina que monta otra máquina y deja a todos los demás tiritando.

Esta vez su único rival, Andrea Dovizioso, le dejó el camino expedito a falta de dos vueltas en Motegi. El italiano partía desde la pole y dominaba desde el principio. Su Ducati llevaba meses siendo la moto más potente del campeonato, pero no estaba conducida con las manos de Márquez, y eso se nota. El italiano tiraba desde el principio, pero sus mejores opciones pasaban por marcharse, y eso no ocurrió.

La caída del rival

Márquez, que partía sexto, ya se había puesto a la espalda de Dovizioso al final del segundo giro. Pasa a los rivales con normalidad, como si esto no fuese competición sino un domingo de recréo. Nada más lejos de la realidad, claro, cada adelantamiento cuesta, aunque Marc los haga parecer sencillos. Debajo del casco una calculadora, el pensamiento de lo que necesita. No necesariamente para ganar en Japón, pero sí para darle otra puñalada al título. Es cierto, al final se darían ambas cosas.

A once vueltas del final, y ya después de un rato a su espalda, el primer estacazo. No tenía necesidad Márquez de ganar, porque el título iba a caer más tarde o más temprano, pero igualmente atacaba, aunque solo fuese para recordarle a Dovizioso que estaba ahí, al acecho. No es difícil imaginar las pulsaciones del italiano al ver la Honda de Márquez por delante, el recuerdo de que no solo competía por una carrera o un título, sino que lo estaba haciendo con un coloso.

Esa vez, sin embargo, fue infructuosa. Márquez, que es humano aunque no lo parezca, se coló un poco y se dio un paseo por la hierba. Nada sustancioso, ni siquiera perdió mucho ritmo, pero sí la primera plaza. Unas cuantas vueltas más se aposentó detrás de su rival, esperando el momento. No quería que fuese en la última vuelta, así que a cuatro del final lo volvió a intentar. Y, con toda su destreza, se volvió a poner por delante.

Fue la definitiva, Dovizioso buscaba alguna puerta abierta pero no existían. Ambas motos corrían a la misma velocidad, pero Márquez es un piloto diferencial, un campeón del mundo, cinco veces entre los más grandes. En la curva once, a falta de dos vueltas, Dovizioso no aguantó más. Intentaba, ya a la desesperada, darle un poco más de vida al Mundial, pero lo único que consiguió fue irse al suelo. Estas cosas pasan. El italiano ha sido el segundo mejor del campeonato, el primero de los mortales. Lo ha intentado todo, después de un inicio dubitativo de su Ducati. Poco o nada ha servido, al final se juntaron los factores que hoy en día marcan el motociclismo mundial: Honda y Marc Márquez.

Celebrarlo en casa

Después llegó la parafernalia habitual, las camisetas, los manteos, incluso una larga 'performance' en la que Márquez cogía una moneda y se iba a una máquina de recreativos en la que se proyectaba un videojuego corto porque pasaba al séptimo nivel. Una manera más de contar que es campeón, original, sin duda, quizá también un poco artificial, pero también todo eso es parte del 'atrezzo' que tiene el motociclismo. En este caso se le fue la mano un poco, tanto que después contó que se le celebró el hombro. La emoción es genuina, aunque la sorpresa no lo sería, Márquez ha acostumbrado al mundo a solo abrir los ojos como platos en caso de derrota.

"Después de Aragón te vas haciendo a la idea, pero he ido buscando motivaciones y la mía era que en la primera bola de partido tenía que conseguirlo. He provocado un poco el error de Dovi, pero me da rabia que no esté en el podio, es importante celebrarlo delante de los jefes", explicaba Márquez tras la carrera. "Veía que si llegaba a la última vuelta juntos, él tenía las de ganar. Me encontraba cómodo delante, marcando el ritmo, y así lo he hecho. Cuando he visto 'Dovi out' me ha sido difícil concentrarme", abundaba Márquez que había logrado, además ganar en Japón. Y eso no es poco, primero porque es hacerlo a tres carreras del final, pero también porque es la casa de Honda y siempre está bien alimentar la alegría de los jefes en su propio feudo.

Ese séptimo nivel, el séptimo campeonato. Eso le pone en la historia con Phil Read y John Surtees, nombres importantes en este negociado. También le pone con tantos títulos en la categoría reina con Mike Doohan, el referente de la infancia de la generación de Márquez. Y todas esas cifras se quedan cortas para explicar el fenómeno, porque esos nombres tan rotundos hablan de carreras enteras y lo que tenemos entre mano es un chico sonriente de 25 años. Es un deporte de riesgo, son miles los factores que pueden hacer cambiar el ritmo de los tiempos, pero la lógica invita a pensar en que le queda mucho por hacer. Hoy es Surtees, en el futuro, quizá, serán Valentino o Agostini.

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