el patinador Sven kramer y el 'slider' felix loch

De la gloria al desastre en un segundo: así se gana y así se pierde un récord olímpico

Kramer y Loch son dos de los mejores deportistas de invierno de todos los tiempos, en patinaje y luge. Podían hacer historia a su manera en Pyeongchang. Uno lo logró, el otro no

Foto: Sven Kramer, en la carrera de la victoria. (Reuters)
Sven Kramer, en la carrera de la victoria. (Reuters)

Sven Kramer es el mejor patinador de velocidad de todos los tiempos. Con solo 31 años, afrontaba este domingo en la pista de Gangneung uno de los mayores desafíos en la historia de los Juegos Olímpicos de invierno: conseguir tres medallas de oro consecutivas en otros tantas ediciones. Vancouver y Sochi terminaron con sendos oros en los 5.000 metros. Pyeongchang supondría tres ciclos seguidos de oro en sus manos. El holandés empataría así con el alemán Felix Loch, el gran dominador del luge (trineos en los que se va boca arriba) durante estos últimos años.

Kramer y Loch también comparten un destino común: han nacido para su deporte por genética, además de formación. El primero es hijo de otro patinador olímpico holandés, Yep Kramer. Para el país de los tulipanes, el patinaje de velocidad es una religión, la disciplina olímpica que más éxito les ha deparado entre todos los deportes. Los alemanes dominan el luge con mano de hierro desde hace décadas. Loch es hijo de otro atleta olímpico, Norbert, también entrenador actual y desde hace años de los equipos alemanes, tutor de su carrera hasta lograr su impresionante palmarés. Si Felix ya es uno de los más grandes en la historia del luge, Pyeonchang le podía hacer entrar en el libro de oro del olimpismo.

Coincidencias del destino, casi a la misma hora en que Kramer luchaba por conseguir su gran sueño personal, Loch acariciaba esa cuarta medalla de oro consecutiva. Al término de las tres primeras mangas el alemán era primero, holgadamente en cabeza. Norbert esperaba ansioso la que solo debía ser una bajada final sin más problemas. Hasta que llegó la curva 9…

La apisonadora de Sven Kramer

En los 5.000 metros, Kramer afrontaba su manga con la increíble referencia de sus dos rivales para la victoria. Porque en la anterior el canadiense Ted Jan Bloemen y el noruego Sverre Lunde Pedersen habían parado el crono exactamente a la misma décima, 6.11.616.. La 'foto finish’ requirió de la doble línea para declarar a Bloemen como líder provisional por dos milésimas. Bloemen había ‘picado’ a Kramer porque meses atrás consiguió la mejor marca mundial en la distancia. Llegaba en un momento espléndido de forma para batirle. Ahora era el turno de Kramer.

El holandés salió prudente, pero con una consistencia de ritmo elevada. Y mientras Bloemen había tenido altibajos en sus 5.000. Sus ojos delataban el ácido láctico en el esfuerzo final que necesitó para su sprint de la última vuelta. Kramer comenzó a demostrar de nuevo por qué es el más grande. Fue de menos a más como una apisonadora. El holandés patiaba sobrado cuando muchos suelen descomponer el gesto en los compases finales de tandas tan largas: al final sacó 1.8 segundos a Bloemen. El tercer oro olímpico consecutivo había caído. También un nuevo récord olímpico. Loch estaba a punto de lograr el cuarto.

El lamento de Felix Loch. (EFE)
El lamento de Felix Loch. (EFE)

Felix Loch, ni siquiera una medalla

El alemán cuenta con los dos oros de Sochi y Vancouver en la categoría individual, al que había sumado otro por equipos para Alemania en la nueva disciplina que debutaba en Sochi, los relevos por equipos. Seis veces ganador de la Copa del Mundo, cinco veces campeón del mundo, para Loch sería el tercer oro consecutivo individual como poco antes fue el caso de Kramer en patinaje. Ante la última manga contaba con dos décimas de margen como para no tener que arriesgar en su última bajada. A estos niveles, era un mundo a su favor. Sus rivales reconocerían después que ya habian dado por hecha su victoria.

Pero llegó la sorpresa más inesperada. “Era la parte más difícil de la pista, donde no puedes cometer un error”. Era la curva nueve, y el ‘slider’ que no había cometido ningún error en las tres bajadas anteriores se fue contra el muro. Al llegar a la meta había perdido 266 milésimas en la suma total de las cuatro mangas. Ni siquiera una medalla. Tampoco igualar a Georg Hackl, quien ahora acompaña como técnico a su padre en la selección alemana, y quien sí había logrado tres oros consecutivos en tres ciclos diferentes. A Loch se le escapó entrar en el libro de historia olímpica. “Esto es el deporte. 'Shit happens'” declararía desilusionado al final.

A diferencia de Loch, Kramer sí ha conseguido el oro en tres ciclos consecutivos. En sus primeros Juegos de Turín fue plata. Nunca ha bajado de la segunda posición en los 5.000 en unos Juegos. Por ello, sorprendía la tranquilidad con la que asumió su victoria. “Tengo por delante todavía la prueba de los 10.000”, donde también es gran favorito. Tras constatar su exhibición en los 5.000, el mundo del patinaje de velocidad se plantea que haya un cuarto oro consecutivo en sus patines para Pekin 2022. ¿Su secreto? le preguntaban al final de la ceremonia del podio, comparando su trayectoria de otro treintañero en su mejor momento, Roger Federer. “Disfrutar, es el gran secreto”.

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