aspira a una medalla en pyeongchang

El reto de Lucas Eguibar: "Me ha costado levantarme tras la muerte de mi entrenador"

Puede ser una de las sensaciones españolas en el año 2018, pues es una de las pocas opciones de hacer un buen papel que llevará la delegación a los Juegos Olímpicos de invierno

Foto: Lucas Eguibar, el día que fue subcampeón del mundo. (EFE)
Lucas Eguibar, el día que fue subcampeón del mundo. (EFE)

Lucas Eguibar (San Sebastián, 1994) admite que el miedo forma parte de su oficio. "Hay muchas cosas que no dependen de nosotros. Nos podemos caer, nos pueden tirar, la carrera dura un minuto y si te caes aún menos. Te pasa eso y se te acaba el sueño olímpico", explica a El Confidencial. El snowboard cross es todavía una especialidad joven que el público está conociendo, pero basta con ver una carrera para entender a Eguibar. Es muy alto el porcentaje de veces en el que algún competidor termina por los suelos.

Por eso no es raro que quien gana una carrera del campeonato del mundo en la siguiente sea incapaz de meterse entre los diez primeros. La regularidad no es imposible, pero sí improbable y los mejores son los que se mantienen más veces de pie encima de la tabla. "El francés [Vaultier] lleva un par de años número uno y es el mejor, hay un australiano [Pullin], un italiano [Visintin]… cada país tiene alguno muy fuerte", enumera Eguibar sobre los reyes de la especialidad. No se nombra a sí mismo, pero está en esa pomada. El año pasado fue subcampeón del mundo y tiene victorias suficientes en la Copa del Mundo como para reclamar un puesto en la élite.

Y eso le convierte, automáticamente, en una opción de medalla en los Juegos Olímpicos de Pyeongchang. España, como se sabe, tiene una tradición más bien escasa en la historia del olimpismo invernal, dos medallas con apellido Fernández Ochoa y para de contar. Eguibar, como Javier Fernández en patinaje, puede enmendar ese vacío histórico. "Sí, el gran objetivo son los Juegos, no cabe duda", reflexiona Eguibar desde Formigal donde está "tocando nieve".

El miedo se disipa en la línea de salida, porque con él no se compite a la altura. "Justo antes de empezar solo piensas en hacerlo bien y tirar para adelante", recalca, aunque admite que antes, en el momento en el que conoce sus rivales en cada manga, sí que hay espacio para las dudas. "Sabes que hay algunos que tienen mucha más experiencia que tú y que te han ganado, cuando te toca con alguno de ellos una serie lo piensas, pero hay que confiar en uno mismo".

Salir primero y escaparse

Hay algunas líneas que son comunes en todos los deportes. Puedes estar muy bien de piernas, pero también juega la cabeza y ese es, precisamente, el mejor argumento de Lucas Eguibar. "Mi punto fuerte es la mentalidad. No me pongo muy nervioso, soy tranquilo en los momentos previos", explica antes de asumir los trazos en los que sus rivales pueden recortar esa ventaja: "Lo peor es el técnico, al final los otros están mucho en la nieve y pueden entrenar muchísimo y yo, que además no llevo muchos años en el 'snow', no puedo entrenarme tanto. Hago muchos errores técnicos".

Las cualidades deportivas de Eguibar influyen, lógicamente, en su desarrollo táctico durante la carrera. "Yo intento salir y ponerme primero si puedo y escaparme. Si no lo consigo me quedo detrás del grupo, me siento cómodo estando ahí porque les veo a todos y veo los movimientos de ellos. En el grupo si te tocan pierdes mucha velocidad. Estando atrás puedes mandar más que adelante", asegura. Es más fácil decirlo que hacerlo y hay que tener sangre fría para competir así.

Lo peor que tengo es el aspecto técnico, no puedo entrenar tanto como otros rivales y empecé tarde en el 'snow'

La frialdad de Eguibar sobre la nieve es también consecuencia de los golpes que le ha dado la vida. El último llegó el año pasado, cuando el día después de su subcampeonato en Sierra Nevada recibió una llamada diciéndole que su entrenador, Israel Planas, acababa de fallecer por un infarto cerebral con solo 41 años. "Ha sido un año difícil, digamos, hemos estado muy contentos por los resultados del campeonato del mundo, pero muy tristes por lo que pasó, ha sido un poco montaña rusa. Me ha costado levantarme de lo de Isra".

"Cuando me llamaron yo seguía en Sierra Nevada. Fui al hospital y nos quedamos en 'shock', no sabíamos qué había pasado. Me fui rápido a Barcelona, estuve con su familia y con él por última vez", recuerda Eguibar. No era la primera vez que el teléfono sonaba con malas noticias, tres años antes fue su hermano quien tuvo un fortísimo accidente de tráfico. "Él está mucho mejor, todo lo que nos pintaban horrible al principio ha salido con sobresaliente Lo de Nico me ayudó, era la primera vez que me pasaba algo, no se me había muerto ningún familiar, no había tenido nada así y me hizo madurar de golpe. Lo de Isra es diferente". Cerca estuvo de no ir a los Juegos de Sochi, donde fue séptimo, por el accidente de su hermano. Un golpe así, aunque los progresos físicos de su hermano sean notables, es de los que cambia drásticamente la narrativa de toda una vida.

Recuerdos de Sochi

No guarda los mejores recuerdos de aquella cita, aunque con su juventud en aquel entonces es realmente notable su actuación. Los problemas de logística le llevaron a no paladear la mayor experiencia que puede tener un deportista. "Fueron una locura, llegamos tarde y nos fuimos al día siguiente, apenas estuve una semana y no los viví, pero lo que recuerdo era increíble, con todo el mundo pendiente. Para mí significan mucho y espero de verdad disfrutar ahora de ellos", relata el deportista español.

Su deporte, por descontado, sigue siendo una cosa de minorías en España, aunque por sus palabras se filtra que hay cosas que se están haciendo bien. "De como yo entré al equipo a ahora ha cambiado mucho, si nos comparamos con otros deportes nos queda mucho que crecer, pero estamos en el buen camino y hay que seguir así, el tema federativo ha ido a mejor y las ayudas ahora son mayores", comenta en la conversación Eguibar.

Claro que ese crecimiento no quiere decir que tenga la vida solventada, él es de esos deportistas que vive año a año. "Nosotros siempre vamos a depender de los resultados, no tenemos contratos como los futbolistas a tres o cuatro años, el nuestro es para un año y si cumples con los objetivos te ganas el sueldo. Sabemos cuáles son los objetivos y lo que pasa si ganas, si eres quinto o si eres vigésimo, que te quedas a cero", relata el subcampeón del mundo.

Tener como objetivo una medalla olímpica, y que eso resulte factible, tiene una consecuencia lógica: mucha presión. "Yo me la tomo bastante bien, al final el que quiere hacer lo mejor soy yo mismo y como siempre voy a tratar de intentar competir tranquilo y hacer lo que he entrenado. Si puedo hacer lo que sé hacer lo haré muy bien".

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