Hostilidad contra los dopados

Los parias de la natación sancionados por dopaje se quedan solos en la piscina de Río

Efimova y Sung, dos de las grandes estrellas de la natación mundial, se encuentran con el rechazo frontal de sus competidores y también con los pitos de buena parte de la afición brasileña

Foto: La nadadora rusa Yulia Efimova. (Reuters)
La nadadora rusa Yulia Efimova. (Reuters)

Sun Yang consiguió este lunes el oro en los 200 metros libres y se convirtió en los Juegos de Río en el primer nadador en la historia en ser campeón olímpico de dos distancias tan antagónicas como los 200 y los 1500. Nadie le felicitó en la piscina y tras la entrega de medallas se quedó solo posando ante los fotógrafos con la bandera china, mientras Le Clos y Dywer (plata y bronce) desaparecían, pero al menos le queda el consuelo de que el público no le abucheó, como le sucedió a Yulia Efimova en cuanto asomó para nadar su final. Quedó después segunda tras la norteamericana Lilly King en los 100 metros braza, y la bronca se repitió en el podio. Por lo que respecta a sus colegas, el desprecio es evidente: los nadadores se han rebelado en Río de Janeiro contra ambos, sancionados por dopaje. No son los únicos con pasado oscuro, también están los casos de los rusos Vladimir Morozov, Lovintsev y Lotkova, pero la diana está claramente situada en Sun Yang y Yulia Efimova. 

El primero en ser apuntado con el dedo acusador como tramposo fue Sun Yang, castigado con tres meses de suspensión en noviembre de 2014 tras dar positivo en un control por trimetazidina, una sustancia estimulante. Coincidió con el australiano Mark Horton en la piscina de calentamiento antes de las series de los 400 metros libres y éste le negó el saludo. Sun le salpicó, Horton decidió ignorarle y desveló el incidente posteriormente en rueda de prensa: “No tengo tiempo para dopados -'drug cheater' fue la palabra que utilizó-”. En la final el australiano ganó el oro por 13 centésimas y Sun tuvo que conformarse con la plata. Al día siguiente el equipo chino pidió oficialmente una disculpa pública a Horton por sus manifestaciones. “Usé la palabra dopado porque dio positivo. Sólo tengo un problema con nadadores que han dado positivo y siguen compitiendo”, remató Horton, que no parece tener intención alguna de desdecirse, ni mucho menos pedir perdón. 

Los parias de la natación sancionados por dopaje se quedan solos en la piscina de Río

Cuando le cazaron, Sun Yang alegó que tomó el medicamento porque tenía un problema de corazón y su federación le impuso la sanción justo en los tres meses que no había competición. Demasiado conveniente como para que pasara inadvertido a otros nadadores. Sobre todo después de la espantada que protagonizó tras cumplir la sanción en los 1500 metros en el Mundial de Kazan del pasado verano, cuando no se presentó a la final -siendo el gran favorito- después de un incidente con Larissa Oliveira, una nadadora brasileña a la que molestó también en la piscina de calentamiento. El gigantón chino no es precisamente el más popular entre sus compañeros.

Todas contra Efimova

Yulia Efimova, cuatro veces campeona mundial, es la otra paria en Río. Tras ganar la plata en los 100 braza se quedó sola, nadie se acercó a ella dentro del agua para felicitarla; le hicieron el vacío. Fue inscrita en el último momento en 100 y 200 braza, el mismo día que empezaba la competición en Río, a pesar de haber dado positivo en dos ocasiones. La primera con una sustancia anabolizante, el DHEA, en mayo de 2014. Cumplió 16 meses de sanción y le quitaron cinco medallas europeas y el récord mundial de 28.71 obtenido en la prueba de 50 metros braza en una prueba de la Copa del Mundo en Tokio. Ella siempre alegó que se había tomado un suplemento vitamínico y que no tenía ni idea que en el compuesto se incluían anabolizantes. Lo había comprado en Los Ángeles, donde se entrena y reside desde el 2011, sin necesidad incluso de receta.

Hace cinco meses el nombre de Efimova volvió a saltar a los titulares tras dar positivo por Meldonium en un control fuera de competición. Después de que cientos de deportistas (incluida la estrella del tenis Maria Sharapova) dieran positivo por un medicamento que ya se administraba en los años 70, los científicos de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) decidieron inscribirlo en la lista de sustancias prohibidas que entraba en vigor el 1 de enero de 2016. Efimova se salvó de una sanción que podría haber sido de por vida porque alegó entonces que lo había tomado antes del 1 de enero. Tras el terremoto que supuso el informe McLaren y el anuncio del COI de que sería implacable, la pelota terminó en el tejado de las diferentes federaciones, y el listón estaba en excluir a deportistas con pasado de dopaje, como es el caso de Efimova. No ha habido ninguna clase de explicación por parte del COI, ni de la FINA ni del Tribunal de Arbitraje del Deporte, pero es evidente que la argumentación de la rusa -y del resto de sus compatriotas- sobre que no se le podía castigar dos veces por la misma falta ha sido atendida, porque ahí está, en Río. Otra cosa es el recibimiento que le han dispensado sus colegas.

Desde que pisó el complejo acuático, la rusa tuvo claro que no era bienvenida. La catalana Jessica Valls, rival en la prueba de 200 braza, fue de las comedidas. “No es bueno para el deporte algo así”, dijo, pero la irlandesa Fiona Doyle no se mordió la lengua en la zona mixta: “Tramposa, es una tramposa. No es justo para el resto que estamos limpios que compita. ¿Cómo vamos a confiar ahora?”. En las semifinales del domingo, Efimova ganó su carrera y tras tocar pared levantó el dedo índice, en señal de ‘número uno’. En ese momento la estadounidense Lilly King, que estaba en la cámara de llamadas vio la imagen por televisión y también meneó el dedo, pero para señalar que no, no, no. Tras ganar su serie y en declaraciones a la 'NBC' le preguntaron por ello. Y no se cortó: “Levantas el dedo como si fueras la número uno y te han pillado haciendo trampas. Puedo decir que no soy su fan”. El estadounidense Codey Miller, que acababa de ganar el bronce en los 100 braza, también terció: “Es que nosotros hacemos las cosas bien, por el camino legal”.

Sun Yang aún debe competir en el 1500 el próximo viernes. Efimova, en el 200 braza el jueves. Fuera de la piscina les queda además sentir y escuchar la animadversión y críticas del resto de nadadores. Y, en el caso de la rusa, que se echó a llorar en la zona mixta mientras atendía a la prensa, también la bronca del público. Son oficialmente los apestados de la piscina.

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