El ‘americano’ Jon Rahm, a la conquista del país de Severiano
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El 'British Open' del décimo aniversario

El ‘americano’ Jon Rahm, a la conquista del país de Severiano

El documental estrenado diez años después de su muerte calibra la estatura y rebeldía de Ballesteros, adoptado por Gran Bretaña y enfrentado a Estados Unidos. Rahm, mucho más americano, busca homenajearle con su primer 'The Open'

placeholder Foto: 'Seve', en el British Open de 1976. (Página oficial de The Open)
'Seve', en el British Open de 1976. (Página oficial de The Open)

A Severiano Ballesteros nos lo ‘robaron’ los británicos: es una de las peripecias vitales que quedan claras en el documental ‘Seve’ (Amazon), estrenado hace un mes para conmemorar el décimo aniversario de la muerte del mejor golfista europeo del siglo XX. Alabado por la crítica, la película –más de dos horas– aborda el auge y caída del pionero cántabro, el joven de clase humilde al que apodaban el ‘Matador’ en Estados Unidos mientras sus compañeros de circuito se burlaban todavía del “español” que venía a quitarles su dinero. (La anécdota, narrada por José María Olazábal, es de lo mejor de la cinta; las risas, como es sabido, duraron poco).

Aquel rechazo existía, como cuenta después el australiano Greg Norman, “porque les estábamos ganando”. La aparición del ‘Gran Tiburón Blanco’ y de ‘Seve’, de Bernhard Langer o Nick Faldo, globalizó el circuito americano y cambió la historia de la Ryder Cup, un proceso que desde la perspectiva tanto europea como estadounidense está indisolublemente ligado a la figura de Ballesteros, como también dejan patente los diversos testimonios de calidad (Tony Jacklin, Langer, Sam Torrance o Jack Nicklaus) presentes en el documental. De hecho, la pareja formada por Ballesteros y Olazábal sigue siendo la mejor de la historia de la Ryder.

placeholder Ballesteros y Olazábal estudian un 'green' en un torneo de 1995. (REUTERS)
Ballesteros y Olazábal estudian un 'green' en un torneo de 1995. (REUTERS)

El golf español, como afirma en un momento Nicklaus, ya existía antes de ‘Seve’. Junto a él, de hecho, llegó a formarse una ‘Armada Invencible’ (con Antonio Garrido o Manuel Piñero) que, como recuerda la periodista Olga Viza en otro pasaje valioso, “hacían cosas impresionantes de las que no se enteraba nadie en España”. En las islas británicas, sin embargo, se daban perfecta cuenta. En julio de 1976, el debutante cántabro con zapatos usados a los que le podían faltar algún clavo quedó segundo en el British Open, empatado con un señor llamado Jack Nicklaus. El dictador Franco había fallecido siete meses antes y España empezaba a estar de moda. Muchos aficionados británicos se enamoraron instantáneamente de ese joven apuesto y tímido con un inglés muy limitado y hambre de lobo.

“El James Bond del golf”

Tres años después, cuando ganó en el Royal Lytham & St Annes Golf Club de Lancashire el torneo más importante de Europa (y quizá del mundo) gracias a un golpe extraordinario desde un aparcamiento de coches, nació una fiebre que no se apaga: durante estos meses, por ejemplo, puede visitarse en el legendario campo escocés de St. Andrews una exposición de fotografías de su carrera, con aportaciones de algunos de sus mejores rivales, que rememora su vida cuando se cumple una década de su muerte. Ningún otro jugador fue tan apreciado por los aficionados británicos (uno de sus reporteros expertos le llamó “el James Bond del golf”, por su capacidad para resolver situaciones imposibles). El escocés Colin Montgomerie, que fue durante ocho años el mejor jugador de Europa, dijo una vez: “Solo he conocido a dos hombres genuinamente carismáticos en mi vida. Uno era Sean Connery, y el otro Severiano Ballesteros”.

No en St. Andrews, sino 800 kilómetros al sur, en el campo costero de St. George's (muy cerca de Dover), se celebra esta semana la edición número 149 del ahora llamado The Open, al que llega desde Arizona Jon Rahm –actualmente número dos del mundo– con bastantes expectativas tras su esperanzadora aclimatación, la semana pasada, en el Abierto de Escocia (donde quedó séptimo). Definitivamente asentado en la superélite tras la conquista del US Open hace unas semanas, el jugador vasco –seguidor ferviente de Ballesteros, al que dedicó esa importantísima victoria– llega con la aspiración de convertirse en el segundo español que se lleva el 'British'.

Un 'americano' y un 'antiamericano'

Hay una doble tesis muy interesante del documental ‘Seve’, su rebeldía absoluta frente a los poderes preestablecidos y su particular mala relación con Estados Unidos, que marca una diferencia clara con su discípulo vasco. El país norteamericano no trató bien a Ballesteros de primeras, y el español terminó vengándose de varias maneras: dio la vuelta como un calcetín a la Ryder Cup, fue el primer europeo campeón del Masters de Augusta (“en su propia tierra”, como le gustaba repetir) e incluso llegó a robar la chaqueta verde de campeón de ese club tan tradicionalista para llevársela a su casa, algo terminantemente prohibido en los estatutos del torneo.

placeholder Jack Nicklaus y Jon Rahm, tras ganar este último el Memorial Tournament 2020. (REUTERS)
Jack Nicklaus y Jon Rahm, tras ganar este último el Memorial Tournament 2020. (REUTERS)

“Esa es precisamente la gran diferencia entre ‘Seve’ y Jon”, explica en conversación con este periódico el comentarista televisivo y profesor Álvaro Beamonte: “Más allá del ‘swing’ o del talento, la diferencia es que ‘Seve’ fue un rompedor. En 1976, cuando quedó segundo en el Open, Jack Nicklaus (que de esto sabe un poco) se dio cuenta de lo que podía suponer ese joven español en el golf europeo y mundial. Ese mismo año, Nicklaus les dijo a los británicos que para reflotar la Ryder había que incorporar al resto de europeos. Y lo hizo, fundamentalmente, por 'Seve'”.

Beamonte, que fue amigo de Ballesteros, ratifica la tesis del documental: “A ‘Seve’ se le vio siempre en Estados Unidos como un enemigo deportivo. Jamás se casó con el circuito americano, siempre fue fiel al europeo... Nunca tuvo la tarjeta de la PGA: jugaba sólo los torneos ‘grandes’ y algunos otros a los que le invitaban porque era un espectáculo. ¡Ni siquiera buscó tener la tarjeta del circuito! Encarnaba al rival que venía a destronar al equipo americano de la Ryder y a opositar al circuito de la PGA”.

“Rahm, por el contrario, es un jugador que se va a Estados Unidos a los 17 años, que estudia allí, que se casa con una estadounidense, tiene un hijo con nacionalidad estadounidense (él mismo acabará siéndolo probablemente), se compromete con el circuito de la PGA, lo defiende, le encanta el país, se expresa de maravilla en inglés, respeta mucho las tradiciones, es un americano más”.

¿Qué rendimiento demostrará el jugador de Barrika en el campo del sur de Inglaterra, uno de los clásicos ‘links’ con suelo ondulado, trampas profundas de arena, pocos árboles y mucho viento? “Pues no lo sabemos”, responde Beamonte, “pero ha ganado ya en Irlanda, y pienso que acabará ganando el Open. Pero se trata, en efecto, de dos vidas completamente diferentes. ‘Seve’ era muy cerrado, muy poco dicharachero, solo se abría con sus amigos (yo me consideré uno de ellos). Rahm es mucho más abierto, y también más mediático. Han cambiado mucho las cosas en 40 años. Hace 45 años de ese segundo puesto de Seve en su primer ‘British’. Él llegó para oponerse y destronar, Rahm se ha incorporado desde el principio al circo estadounidense”.

placeholder Ballesteros, en 2003. (REUTERS)
Ballesteros, en 2003. (REUTERS)

Victorias prematuras

Aquel día iniciático de julio de 1976, tras ser derrotado por el estadounidense Johnny Miller en el Royal Birkdale Golf Club de Southport (Inglaterra), Ballesteros fue abordado por el ganador del torneo en un momento de la velada. "Has jugado un golf magnífico, y seguro que querías ganar", le dijo, "pero lo que ha pasado hoy es bueno, ya lo entenderás". Ballesteros, que comprendió el significado profundo de esas palabras tres años después, transfirió el consejo a un jovencísimo Chema Olazábal en el campeonato de España de 1985: ganar cuando no se está preparado puede lastrar decisivamente tu carrera por la presión de las expectativas.

El sabio Tony Jacklin lo expresa de otro modo en el largometraje: "La confianza en uno mismo no se puede comprar; tienes que experimentar muchas cosas hasta adquirir la confianza". En el caso de Rahm, el aprendizaje puede considerarse concluido: la victoria en el US Open rellena la única laguna importante de un jugador que a sus 26 años presenta una carrera fabulosa. Pese a su regular inicio (+1, a siete golpes del líder, Louis Oosthuizen), el español es indudablemente uno de los favoritos de un torneo en el que se seguirá hablando de Severiano Ballesteros, el golfista sin miedo que (como él mismo dijo) no era "un jugador monótono, como los demás".

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