empató a cero contra el Getafe

El día en el que el Barça se dio cuenta de que su rival es el Atlético, no el Madrid

Los aficionados azulgrana ya estaban jugando al cuento de la lechera y veían el triplete a las puertas, pero los dos últimos tropezones les obligan a volver a pensar en que la Liga no está ganada

Foto: Suárez reclama desde el suelo. (Reuters)
Suárez reclama desde el suelo. (Reuters)

Espera, que ahora parece que hay Liga. Barça y Real Madrid tienden a mirarse el uno al otro, todo ensimismados. “¿Espejito, espejito, quién va a ganar la Liga?” no dejan de preguntarse los aficionados de uno y otro equipo mientras se atusan ante el reflejo. El calendario no les daba tregua, pero los culés hacían bromas en las redes con las obras en los lavabos del Bernabéu para la final de Copa, pensaban ya en la eliminatoria ante el Chelsea y seguían analizando y debatiendo hasta el hartazgo lo que hizo y dijo Piqué en Cornellà. Y así llegó el Getafe al Camp Nou, todo ordenadito y a la suya y resulta que el Atlético está a siete puntos en la tabla de clasificación. La realidad se impone, tozuda ella, y de repente nada está escrito. “Esta Liga todavía hay que sudarla y luchar mucho”, sentenció Valverde después del partido. Y el rival es el Atleti, no el Madrid.

Ya lo había avisado el técnico antes del partido “el Getafe tiene mucho peligro”, dijo, a la vez que pidió ayuda al público, que esta vez no falló con casi 76.000 espectadores. El cuento de la lechera había comenzado y en el imaginario colectivo culé ya se empezaba a soñar con el triplete. “La gente puede tener ilusión por muchas cosas, es bueno que la gente se ilusione, pero nosotros somos los profesionales y esto es una cuestión de secuencia matemática. Cuando tienes cero títulos quieres uno. Cuando tienes uno quieres dos y cuando tienes dos quieres tres, pero de momento no tenemos ninguno. Tenemos una final asegurada, la de Copa, una Liga por la que estamos peleando y la Champions que ya veremos”, advirtió en la previa.

Los aficionados, mientras, estaban más atentos a la eliminatoria del Madrid contra el PSG -esperando la gran debacle blanca- que de la victoria por la mínima del Atlético en Málaga al tiempo que seguían celebrando el último empate contra el Espanyol como una victoria porque el gol de Piqué 'picaba'. Y la realidad, implacable, es que la Liga habrá que “sudarla y lucharla” y en tres semanas los de Simeone vienen a Barcelona.

Después de empatar contra el Getafe a cero en casa (la última vez en Liga que el Barça se quedó sin marcar en casa fue el 19 de noviembre de 2016 ante el Málaga) ningún jugador azulgrana se quiso parar ante los micrófonos de ‘BeIn Sports’ mostrando así, sin palabras, lo frustrados que estaban. Siguen sin perder en el campeonato nacional y la ventaja es un colchón cómodo en el que revolcarse en esta semana ‘limpia’, la primera desde que comenzó el 2018, en la que ganar contra el Eibar se da por hecho mientras en los hogares culés se compran palomitas para sentarse cómodamente ante la tele para ver qué hace el Real Madrid. Ya no se estará tan cómodo en el sofá porque entre las rendijas de ese ensimismamiento, por el retrovisor, de repente ha asomado el Atlético.

Coutinho, contra el Getafe. (EFE)
Coutinho, contra el Getafe. (EFE)

Las dudas de Coutinho y Dembélé

Con dos empates consecutivos y la semana larga llegarán los debates sobre Coutinho, que siendo titular no aportó nada al juego salvo dos disparos lejanos con la zurda, y sobre todo con Dembélé, que reapareció tras su segunda lesión -la primera fue precisamente en Getafe- y volvió a defraudar, timorato y desconcertado. Son los dos fichajes de relumbrón, los más caros, los elegidos, así que los focos no pueden dejar de apuntarles.

En el mundo del fútbol en el que las emociones se sobreponen continuamente al raciocinio conviene recordar que el Barça sigue siendo líder, que el Atlético está lejos a siete puntos, que se ha currado estar en la final de la Copa y que le espera el Chelsea en la Champions, poca broma. Pero también que hasta tal punto había llegado la autocomplacencia, que las bromas sobre Yerri Mina, sus bailes (el ‘salsa-choke’) y su encaje con Digne como pareja a la fuerza de centrales -Piqué ya se jugó la rodilla en Mestalla, Umtiti estaba sancionado y Vermaelen lesionado- colmaban los titulares y las tertulias y no el Atlético.

Quizás ese “sudor”, el esfuerzo coral, el recordatorio de Valverde antes y después del partido ante el Getafe y la ausencia de respuestas sobre el terreno de juego cuando Messi no tiene el día llega en el momento ideal para que dejen de mirar al Real Madrid y en el espejo se observen a sí mismos. Quizás también se den cuenta de que no es el conjunto que viste de blanco el rival que les acecha y demuestren, una vez más, que esto sólo ha sido un accidente sin más consecuencias que dos puntos perdidos en una temporada que hasta el momento es casi inmaculada. Quizás este empate es lo mejor que podía pasarle al Barça para dejar de preguntarse quién es el más guapo y volver a ponerse el traje de faena. Quizás. Pero en una Liga que parecía sentenciada de repente nos hemos dado cuenta de que el Atlético está ahí. Y tozudos, como la vida misma, los rojiblancos también son un rato.

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