carles puigdemont acudió al derbi barcelonés

El Camp Nou no cambia sus rutinas por la cercanía de la Diada y la consulta

El estadio azulgrana albergó una cantidad similar a la de siempre de banderas esteladas y entonó gritos por la independencia en el 17.14. Solo una pancarta pidiendo el sí sobresalió en la grada

Foto: Iniesta juega en el partido contra el Espanyol. (EFE)
Iniesta juega en el partido contra el Espanyol. (EFE)

En el Camp Nou había banderas esteladas, lo cual tampoco puede considerarse una novedad. Desde hace años, desde que el independentismo ha ido creciendo en Cataluña, el estadio del Barcelona ha sido utilizado como escenario para expresar el fervor nacionalista de algunos. Se acercan fechas marcadas en el calendario, el lunes, 11 de septiembre, se celebrará la fiesta mayor de Cataluña y las previsiones de los políticos que gobiernan la comunidad autónoma dicen que el día 1 de octubre habrá un referéndum vinculante que puede llevar a la independencia de España.

El calor de la actualidad, sin embargo, no ha cambiado la disposición general del estadio del Barcelona. Las muestras independentistas, existentes desde hace tiempo, se movieron aproximadamente en las mismas formas que siempre. El club, que ha tenido importantes problemas con la UEFA por el tema de las banderas esteladas, no ha hecho nada especial para esta semana y la no coincidencia del partido con la fecha concreta de la diada ha hecho que el derbi catalán, pues el Barça recibía al Espanyol, solo haya sido un partido más.

Por eso mismo, por la coincidencia de dos equipos catalanes, presidía en el palco de autoridades Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat y una de las figuras claves en todo el proceso independentista. Su presencia, en todo caso, no deja de ser algo común en el Camp Nou cuando los equipos que se enfrentan son catalanes, un punto más dentro de la normalidad del día.

La pancarta por el Sí

Todo lo más que se vio, el único cambio real en el campo, fue una pancarta de considerables dimensiones en la grada antes del partido que pedía el voto al sí en la consulta del próximo 1 de octubre. "El teu si ens fa guanyar", rezaba la sábana, lo que traducido no es más que "tu sí nos hará ganar". Quienes portaban la consigna la replegaron antes de que comenzase el partido.

Cerca de ella, de hecho, se podía ver otra pancarta. Esta tenía otro objetivo, pedir la dimisión de Josep Maria Bartomeu, presidente del club. En esto sí que está la institución más caliente. Después de un verano bastante catastrófico en lo que a fichajes se refiere, y tras un buen rosario de problemas legales, Agustí de Benedito está intentando sacar al presidente actual de su silla. En las cercanías del estadio había mesas buscando las firmas necesarias para iniciar el proceso de revocación. La política concreta, la del club, más que la cotidiana.

Existieron, por supuesto, cantos independentistas en el minuto 17.14, pero estos también son moneda común en el Camp Nou. "I-Inda-Independencia", una consigna que lleva años presentes en el estadio barcelonista y en muchos otros eventos deportivos de Cataluña. Es en ese momento concreto para conmemorar la caída de Barcelona a manos de las tropas de Felipe V sucedida, precisamente, en 1714. En este caso, además del cántico ya bien sabido, se escucharon algunos gritos de "votaremos, votaremos".

Nada se sale de lo habitual en una semana en la que el Barcelona tampoco ha hablado el lenguaje del independentismo. En otros tiempos, en la presidencia de Joan Laporta, el club sí que se metía más en cuestiones de política domésticas, pero la actual junta intenta pasar de perfil y pisar los menos callos posibles. Es más, si una declaración ha sobresalido en el fútbol esta semana con este respecto ha sido la de Javier Tebas, presidente de La Liga, asegurando que una hipotética secesión supondría la salida del Barça del campeonato español.

Los que van cada semana al coliseo barcelonista recuerdan, además, que los aficionados que acuden allí son muy diferentes a los de otros tiempos. El Camp Nou, como el Benabéu, se ha convertido en un centro de ocio mundial al que gente de todo el mundo quiere acudir. Y se nota, la fuerte presencia de extranjeros en los asientos del estadio hace que la posibilidad de una movilización política masiva se reduzca drásticamente. Tan fuerte es el caso que, en la Supercopa, algunos jugadores del equipo llegaron a quejarse de la frialdad de un público que no buscaba tanto animar al Barcelona como simplemente disfrutar del espectáculo sin más pretensión.

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