El Depor abre las puertas de Riazor a Jonás, el galgo al que ni el cáncer pudo domar
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el argentino regresa a la liga española

El Depor abre las puertas de Riazor a Jonás, el galgo al que ni el cáncer pudo domar

El galgo más rápido del canódromo un día tuvo que dejar de correr, pero volvería más fuerte, más rápido... y sin embargo sería repudiado. En La Coruña encuentra su lugar para volver a sonreír

placeholder Foto: Jonás celebra un gol que le marcó el curso pasado al West Ham (Cordon Press).
Jonás celebra un gol que le marcó el curso pasado al West Ham (Cordon Press).

En las islas, las carreras de galgos son parte de la vida de miles de británicos que están dispuestos a dejarse una buena cantidad de sus ahorros en la suerte o la desgracia que pueda acontecer a un perro. Es un divertimento alternativo, más reservado a las clases medias y bajas de la sociedad, pues las capas más adineradas prefieren el lujo y el reconocimiento mundial que dan las carreras de caballos, Ascot es buen reflejo de lo que estamos hablando. El canódromo viene a llenar ese vacío con precios más asequibles y apuestas más sencillas, todo aderezado con muchos litros de cerveza y deliciosas patatas recalentadas embadurnadas en salsas.

Esta historia trata sobre un galgo, el galgo más fuerte y rápido del canódromo, que un maldito se empezó a sentir mal, le dolía en esa zona que se creó para que fuera tratada con cariño y pronto se enteró de que esa molestia era el monstruo más grande de nuestro tiempo. Fue en ese preciso instante, cuando más dolía y cuando menos opciones tenía, cuando decidió que iba a dejar de ser un galgo debilucho y enfermo y se iba a convertir, no sin esfuerzo, en un esbelto corcel que enamorara a propios y extraños, que levantase la admiración del mundo entero. Después de tanto luchar, de tanto sufrir, Jonás Gutiérrez, el gran galgo hundido, resurgió como un héroe.

Sin embargo, la historia no era tan bonita como cualquiera podía pensar. El malo de la película lo conocíamos todos, era el enemigo a batir, a erradicar del cuerpo de Jonás. Una vez que Jonás se descalzó las botas y las dejó en su taquilla del Parque de Saint James, nadie pensó que en algún momento volvería a abrir ese armario para cogerlas, estirar los cordones y volver a introducir en ellas los pies que tan veloz le hacían. Ocurrió, pero mucho más tarde de lo que a Jonás y a cualquiera que le guste el fútbol (y las historias de superación personal, por supuesto) hubiese deseado. El Newcastle United se olvidó de él. Ya no le servía.

Un jugador en problemas, una persona enferma de cáncer fue repudiado por el presidente del club norteño, que como buen empresario descorazonado, decidió que si un activo se estropea, se desecha y se compra uno mejor, nuevo y sin problemas. Desde hace mucho tiempo Jonás ha estado muy solo dentro del club, abandonado a su suerte por el dueño, por la directiva, que lo mandó a Norwich para que allí se las apañaran con él, porque ellos ya habían hecho demasiado, parecían considerar. Y entonces Jonás recayó y se levantó mucho más fuerte que antes, con más ganas, con entusiasmo, y con la lección aprendida: "De mi enfermedad aprendí dos cosas. Cómo se puede alentar a un jugador (hinchas del Newcastle) y cómo dejar a un jugador solo (dueño del Newcastle)", dijo el argentino.

Le confirmaron hace mucho que no le iban a renovar el contrato, que no les daba pena ni iban a apreciar todo lo que había hecho por los magpies (entre otras cosas, regalarles la salvación en la última jornada de la pasada temporada con un gol y una asistencia contra el West Ham). Pero ese preciso partido es la muestra de que Jonás Gutiérrez, pase lo que pase y le hagan lo que le hagan (o dejen de hacer, en este caso), va a dejarse hasta la última gota de sudor por el equipo que defienda, por respeto a su afición, a su historia y a todo lo que ha representado para él el Newcastle United. Esa fue la última vez que pisó Saint James’ Park como jugador albinegro.

Si el cáncer no pudo domar al galgo salvaje de Sáenz Peña, mucho menos iba a poder el señor Mike Ashley. Si no le deja seguir haciendo lo que siempre ha querido, que no es otra cosa que disfrutar jugando al fútbol, en Newcastle upon Tyne, lo hará en otro lugar. El Depor eligió a Jonás Gutiérrez y Jonás Gutiérrez eligió al Depor. Se estrecharon la mano incluso después de que la LFP cerrara sus puertas. Porque ni siquiera la burocracia española que tanto ha fastidiado a David de Gea puede tumbar al galgo.

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