NO FUE PARA TANTO El 'penaltigate' DEL PSG

La verdadera historia sobre el enfado entre Neymar y Cavani

Un choque de egos y la profunda diferencia de caracteres subyacen en el polémico episodio del PSG-Lyon, en el que no todo fue lo que pareció y mucho menos lo que se contó

Foto: Neymar y Cavani durante un partido del PSG. (Reuters)
Neymar y Cavani durante un partido del PSG. (Reuters)

“Todo lo que sucedió pertenece al pasado. Son cosas que pasan en el fútbol. Situaciones a las que hay que encontrar soluciones para funcionar como equipo. Necesitamos ser un equipo competitivo, pero no necesitamos ser amigos. Tenemos que ser profesionales y después de eso cada uno tiene su propia vida”. Sirva el mensaje lanzado la pasada semana por Edinson Cavani a través de los micrófonos de 'SFR Sport', justo un mes después de la enorme polvareda mediática levantada por el ‘penaltigate’ ante el Olympique de Lyon, para poner en contexto lo que realmente aconteció el polémico día de autos y las consecuencias derivadas del ya famoso incidente entre el atacante uruguayo y Neymar, las dos estrellas más rutilantes en el universo del acaudalado y, de momento, invencible PSG.

No todo fue lo que pareció y mucho menos lo que se ha contado en torno a un episodio marcado por el ego y la profunda diferencia de caracteres que existe entre los dos máximos artilleros del actual líder de la Ligue 1. En un extremo del ring, un tipo adusto, introvertido, poco dado a relacionarse con sus compañeros más allá de lo justo y necesario, un llanero solitario con una fuerte personalidad que se ha ido tornando poco condescendiente a medida que sus goles le han otorgado el estatus de vedette tanto en París como en su selección, Uruguay, donde hace menos de dos semanas las tuvo tiesas con Luis Suárez.

Al otro lado del cuadrilátero, el ‘rapaz’ feliz que pisa el césped en cada partido convencido de que se puede compaginar diversión con eficacia, al que le gusta hacer piña, timbas y conciertos improvisados con sus colegas-amigos de vestuario, el líder enrollado que bromea de continuo hasta con los conos. Neymar ha llegado al Parque de los Príncipes con la firme determinación de ponerse el mundo por montera, pero consciente de que necesita del apoyo sin fisuras de sus coalificados camaradas, motivo por el cual está dispuesto a dar para poder recibir, como bien aprendió al lado de Leo Messi en el último lustro.

Dani Alves

En medio de ambos, haciendo las veces de árbitro, Unai Emery. El técnico español apostó por la autogestión de sus dos gallitos, dando por sentado que se repartirían los panes y los peces como buenos hermanos. De hecho, todo iba como la seda hasta que el OL hizo acto de presencia en el coliseo de la rue du Commandant Guilbaud. Esa noche, la filosofía de compartir y del buen rollito como fórmula para crecer a nivel colectivo con la que Neymar aterrizó en la Ciudad de la Luz chocó frontalmente con la aspereza de un futbolista temperamental marcado por cuatro años de traumática convivencia con el sueco Zlatan Ibrahimovic.

A Cavani, erigido por derecho propio en líder de la manada tras la ‘dictadura’ impuesta por el sueco durante su periplo parisino, le sentó a cuerno quemado el que Dani Alves (*) le negara el balón al lanzamiento de un libre directo para, a renglón seguido, entregárselo al ’10’. Cuentan por Camp des Loges que en realidad el lateral pretendía ejecutar él mismo el disparo, pero como hombre de códigos cedió los bártulos al mejor lanzador del equipo cuando éste le pidió el cuero. El charrúa, obviamente, no lo entendió así. Se sintió ninguneado y, con el ceño fruncido, aguardó la ocasión para su particular desquite. Ésta llegaría unos minutos más tarde con la señalización de la ya famosa pena máxima.

Convencido de que Cavani había sido el autor del 1-0 (en realidad el árbitro se lo acabó dando a Marcelo, en propia meta), el crack brasileño pensó que el de Salto le dejaría lanzar el penalti para tener también su oportunidad de mojar. Su sorpresa fue mayúscula al llevarse un 'no' por respuesta, máxime cuando el ‘9’ de los parisinos se había encargado de ejecutar los tres anteriores sin que él pusiera pega alguna. El hecho de que el charrúa no respetara ese código entre caballeros alcanzado en sus primeros días de convivencia fue lo que encendió al brasileño.

En la imagen, Unai Emery saludando a Neymar. (Reuters)
En la imagen, Unai Emery saludando a Neymar. (Reuters)

Ambos jugadores se enzarzaron en una áspera discusión al entrar en el vestuario, sí, pero nunca hasta el punto de tener que ser separados para evitar que llegaran a las manos. Ney recriminó a Edinson su actitud egoísta y haberse saltado a la torera la idea de repartir juego, del mismo modo que Messi hacía en el Barça con él y con Luis Suárez. El charrúa le respondió que él había tirado la falta anterior y que por eso lanzó el penalti. Hubo cierta tensión, pero la sangre nunca se acercó siquiera al río, como algunos medios aseguraron los días posteriores.

"Vine a sumar, no quiero problemas"

Consciente de que lo sucedido podía enturbiar la buena sintonía que existía dentro del grupo, Neymar decidió mover ficha de inmediato y disculparse por lo sucedido ante sus compañeros. “Vine a sumar, no quiero problemas con nadie. Respeto a todos, pero también pido lo mismo”, fue el discurso que, según ha podido saber El Confidencial de fuentes próximas al vestuario, pronunció el paulista nada más retornar a los entrenamientos, 48 horas después. Antes bien, había aclarado las cosas con Cavani y se dieron la mano en son de paz.

Por más que un sector de la prensa francesa se empeñó en asegurar que el pique entre el dueto sudamericano ya estaba instalado en el PSG antes del día de autos y que continuó a posteriori, lo cierto es que las aguas volvieron rápidamente a su cauce en aras del bien común. Que Cavani no acudiera, por ejemplo, al cumpleaños de Thiago Silva, llegó a calificarse como una señal inequívoca del boicot del clan brasileño al uruguayo. La realidad es que el charrúa, poco amigo de ese tipo de eventos vespertinos, había declinado la invitación de su capitán del mismo modo que los tres años precedentes.

La fórmula de Emery

Por muy herido que sintiera su orgullo la noche del Lyon, Edinson sabe perfectamente que con Ney a su izquierda y con Mbappé a su diestra las opciones de hacer algo grande en la Champions han aumentado considerablemente esta temporada. “Lo importante es ganar y ahora debemos encontrar la mejor solución para el equipo. Considero que el técnico dará con la fórmula, lo que sea mejor para el equipo”, reconoció el goleador uruguayo. Y así fue. Emery decidió que a partir de aquel día se repartieran los penaltis. Cavani lo acató sin rechistar, cediendo el testigo al ’10’ frente al Girondins de Burdeos.

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Desde entonces, miel sobre hojuelas en la punta de lanza de la gran sensación del balompié europeo en este primer tercio de ejercicio, al menos en lo que a eficacia goleadora se refiere. Y es que el tridente Cavani-Neymar-Mbappé tiene más pólvora en sus botas que ninguna otra delantera de tronío en el viejo continente: 27 dianas, a razón de 13 del uruguayo, 10 del brasileño y cuatro del joven prodigio galo. Y eso, sin ser amigos…

(*) Alves se sentía un poco el causante de la polémica surgida entre Neymar y Cavani, de ahí que montara tres días después del incidente una cena con toda la plantilla en un céntrico bistrot parisino con el objetivo de restaurar la buena armonía en el vestuario.

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