ATTICUS (10 AÑOS) MOTIVÓ A LOS TIMBERS

Un niño enfermo de cáncer inspira a Portland para ganar la MLS

Atticus, un niño de 10 años aquejado de un cáncer de riñón que va superando, ha sido fuente de inspiración durante los dos últimos años para el campeón de la Major League Soccer

Foto: Atticus Lane-Dupre con los jugadores de los Timbers.
Atticus Lane-Dupre con los jugadores de los Timbers.
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Los Portland Timbers volvieron a regalar el domingo otra jornada inolvidable a Atticus Lane-Dupre. Los 'Madereros' conquistaron contra todo pronóstico su primera MLS Cup tras doblegar al Columbus Crew en su propio feudo por 1-2. Una hazaña, la alcanzada por los discípulos de Caleb Porter, basada, en buena medida, en la fe sin límites en pos de un objetivo que el pequeño Atticus, un aprendiz de ariete de 10 primaveras, enseñó a los flamantes reyes del fútbol yanqui dos años atrás después de haber derrotado por goleada al peor enemigo posible: un cáncer de riñón. 

El presidente de los Timbers, Merritt Paulson, invitó al chaval y a su familia a presenciar en directo el choque más importante de su historia. El reencuentro de Atticus con sus viejos amigos, los mismos que en un infinito ejercicio de cariño y solidaridad retaron a los 'Green Machine' (el cuadro de alevines del que nuestro joven protagonista era la gran estrella) para celebrar su retorno a las canchas tras haberse debatido durante seis interminables meses en esa delgada línea roja que separa la vida y la muerte, resultó de lo más emocionante. 

Atticus, que soportó estoicamente un agresivo tratamiento de quimioterapia por el que llegó a perder el cabello, quiso transmitir su apoyo a Porter y sus hombres recordándoles con su presencia en las gradas del Mapfre Stadium -completamente recuperado y disfrutando de nuevo al máximo de su gran pasión cada fin de semana- que no hay imposibles en la vida si uno tiene la fe suficiente como para pelear por alcanzarlos.

El inesperado revulsivo de Atticus dio alas a Diego Valeri, autor del gol más rápido en una final emelesera (a los 27 segundos), a Fanendo Adi y al resto de integrantes del once 'Maderero' que, en apenas siete minutos, desarmó a los Crew y encarriló el primer 'Major' conquistado por una escuadra de Portland desde que los Trail Blazers se adjudicaran la NBA en 1977. 

La felicidad de Atticus por ver a sus ídolos a la par que amigos levantar la MLS Cup al cielo de Ohio fue comparable a la de aquella mañana del 3 de mayo de 2013. Después de perderse la mayor parte de la temporada por culpa del duro tratamiento contra el cáncer, este hábil delantero de trapito resucitó con el mejor regalo que podía hacerle la divina providencia: volver a pisar un terreno de juego al lado de sus amiguitos frente a un contrincante de enjundia, los Portland Timbers, club del que es fanático.

Como si de un duelo en el lejano Oeste se tratara, pistola en mano, la escuadra emelesera retó al mejor equipo benjamín de Oregón para saber quién desenfundaba más rápido en todo el Estado. Amén de la originalidad del evento, los 'Madereros' no pudieron encontrar mejor manera de rendir tributo al niño que, en plena tempestad y al borde del colapso, lamentaba no tener las fuerzas suficientes para ayudar con sus goles a sus compañeros y animar en el estadio a sus queridos Timbers.

Así lo entendieron los más de 3.000 aficionados que se dieron cita aquel día en las gradas del Jeld-Wen Field Stadium para dar su aliento al risueño de Atticus y su banda de irreductibles peloteros. El resultado final, como toda la iniciativa en sí, resultó ser de leyenda. ¡10-9! para las 'Máquinas Verdes' con el tanto decisivo firmado por el héroe de la fiesta en el último minuto.

El delirio y alguna que otra lágrima de emoción se apoderaron de las tribunas cuando, en medio de la algarabía de chavales comiéndose a abrazos al goleador, apareció corriendo Caleb Porter. El técnico de los Timbers, que en un día tan señalado se cambió la chaqueta para poner orden en el ejército de renacuajos, se colgó sobre los hombros el liviano cuerpecito de Atticus para darle una inolvidable vuelta al ruedo.
 
"La estrategia salió tal y como la habíamos preparado", acertó a decir entre risas Porter a la conclusión del singular duelo de titanes, mientras un emocionado Atticus apenas pudo esbozar una sonrisa de oreja a oreja y reconocer que se había "divertido un montón. Soy el niño más feliz del mundo". 

Los Timbers se desvivieron para que el astro de los Green Machine hiciera realidad esos sueños que tenía cuando permanecía postrado en la cama de un hospital sin saber si vería la luz al día siguiente: puso a la venta bufandas conmemorativas del evento, cedió su vestuario a los chavales e incluso les sorprendió regalándoles una nueva equipación que se encontraron colgadas de las perchas en los 'lockers'. Todas estaban personalizadas con el nombre y el número del jugador, así como sus propios asientos. 

Un balonazo alertó del cáncer

La pelota, fiel compañera de Atticus desde que dio sus primeros pasos, fue precisamente la que encendió las alarmas del terrible mal que el pequeño aprendiz de futbolista llevaba en sus entrañas. Un balonazo en el estómago durante un recreo en el colegio dio pábulo a unos terribles dolores que no cesaban con el paso de los días. Asustados, sus padres decidieron llevarlo al médico y unas pruebas revelaron la existencia de un tumor canceroso en los riñones del niño.  

Después de que el riñón afectado le fuera extirpado, Atticus se vio obligado a someterse a varias fases de tratamiento de quimioterapia. El chaval soportó todo el proceso con una entereza impropia de su edad, salvo cuando llegaba el día en el que los Green Machine saltaban al césped. "Atticus estaba tan agradecido a sus amigos por lo bien que se portaron con él que sólo pensaba en celebrarlo de manera especial con ellos", rememoró su madre, Jennifer Lane. Su amor por el deporte del balón ha sido, según cuentan sus padres, un acicate para superar cada uno de los controles periódicos a los que se ha sometido a lo largo de estos dos años en los que su progresión futbolística, por cierto, ha sido geométrica. Una inmejorable noticia para unos Timbers que, de momento, lo tienen como fetiche y fuente de inspiración.

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