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Pruszków, el único lugar en el mundo donde no sorprendió el repóker de Lewandowski
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'el confidencial' se cuela en su primer club

Pruszków, el único lugar en el mundo donde no sorprendió el repóker de Lewandowski

El delantero de los cinco goles en nueve minutos ahora es una estrella consagrada, pero empezó en un equipo humilde de la tercera división polaca que cuenta cómo ha llegado a ser uno de los grandes

Foto: Mural con imágenes de Lewandowski en su primer club (FOTOS: David Ruiz).
Mural con imágenes de Lewandowski en su primer club (FOTOS: David Ruiz).

La exhibición goleadora sin precedentes en la historia de las grandes ligas europeas protagonizada por Robert Lewandowski ante el Wolfsburgo dejó boquiabierto a casi todo el planeta fútbol, empezando por el mismísimo Guardiola. Y digo casi porque existe un punto en el globo terráqueo donde las cinco dianas firmadas en 8 minutos y 59 segundos por el centro delantero polaco del Bayern recién ingresado al césped en el arranque del segundo tiempo, tras 6 remates a puerta (el otro fue al palo) y con apenas 9 toques, no provocaron una apertura desmesurada de los ojos en señal de admiración.

Ese lugar atiende al nombre de Pruszków, diminuta localidad sita a 15 kilómetros de Varsovia que da cobijo al MKS Znicz, la humilde escuadra en la que el pistolero más raudo del balompié mundial comenzó a labrar su leyenda como impenitente asesino del área. “No puedo decir que me haya sorprendido porque Robert ya hace tiempo que viene haciendo cosas increíbles: cuatro goles con la selección a Gibraltar; otros tres a Georgia en sólo cuatro minutos… Lo de este martes fue una demostración más de su enorme potencial. Para nosotros es un orgullo muy grande que su carrera hacia el éxito empezara aquí”, confiesa a El Confidencial Marek Sliwinski, la persona sin cuya mediación muy probablemente hoy no estaríamos colmando de alabanzas la gesta imposible del 9 bávaro en el Allianz Arena.

El presidente del Znicz nos recibe a las puertas de su pequeño feudo en compañía de Pawel Pazdan y Artur Januszewski, los dos únicos supervivientes del plantel de la época en la que allí militó el mejor jugador polaco del momento, para explicarnos al alimón y con todo lujo de detalles cómo Pruszków y el MKSZ aparecieron de repente en el horizonte del máximo goleador de la Bundesliga. “La Prensa cuenta que el Legia le echó, pero no es cierto. Eso es un mito. ¡Claro que le querían! De hecho, Lewandowski llegó a un acuerdo con ellos para firmar su primer contrato profesional. Le prometieron que iría a la pretemporada con la primera plantilla, aunque estaba lesionado. Pero cuando dieron la lista de 24 jugadores, no figuraba en ella. Le dijeron que mejor se fogueara en el segundo equipo y luego verían. Robert se enfadó muchísimo. Tanto que se negó a firmar y pidió que le dejaran irse. Entonces su madre, que trabajaba en nuestro club como profesora, vino un día y me pidió si podía jugar con nosotros. Sabíamos que tenía potencial y decidimos pagarle al Legia los 5.000 Zlotys (1.188 euros) que estipula la ley por los derechos de formación. Desde aquel caso, ya no 'venden' a sus canteranos. Sólo los cede. Está claro que aprendieron la lección”.

Sliwinski no puede evitar emocionarse al recordar la tarde de septiembre de 2006 en la que un espigado chaval de 19 años apareció en el estadio junto a su madre para incorporarse a los entrenamientos del primer equipo, que acababa de iniciar una campaña más en la Tercera división. “Robert era muy delgadito. No estaba todavía desarrollado físicamente. Ahora le ves y parece ‘Gladiator’. Estaba saliendo de una rotura en el bíceps femoral y aún cojeaba en los primeros entrenos. El técnico, Leszek Ojrzynski, empezó a darle minutos para que cogiera ritmo. Su compañero de ataque era Bartosz Wisniewski, tres años mayor y un ariete con más proyección que él. Ahora juega en el Dolcan Zabki, en Segunda. Formaban un buen tándem. A Lewandowski le costó dejar atrás su lesión, pero aun estando al 70% fue el mejor goleador del campeonato -firmó 15-. Su contribución fue clave para que ascendiéramos a Segunda”.

'Jancio' destaca de Lewandowski “su fortaleza mental". "Era muy resistente. Encajaba bien las críticas, nunca le molestaban. Sabía ver su lado positivo. Era un tipo agradable, normal, tranquilo, muy seguro de sí mismo. Y extremadamente competitivo”, una cualidad que seguramente, piensan nuestros tres contertulios, le viene de familia puesto que su difunto padre, Krzysztof, fue judoka; su madre, Iwona, jugadora internacional de voleibol; y su hermana Milena también se gana la vida con ese mismo deporte. Mención aparte merece su esposa, Anna Stachurska, que fuera medalla de bronce en los Mundiales de kárate de 2009.

El presidente Sliwinski incide aún más si cabe en el apartado psicológico para tratar de explicar lo que ha llevado a Lewandowski a ocupar un puesto de honor en el Libro Guinness de los récords como el primer suplente que anota cinco chicharros en un partido oficial de liga. "Todo estaba en su cabeza. Ahora tenemos jugadores con sus piernas, pero no con su cerebro ni con su inteligencia táctica. Eso es lo que lo hace diferente, único. Influyó también las buenas decisiones que tomó, como salir del Legia y venir aquí o ir luego al Lech en lugar de marcharse al extranjero. Es un chaval sencillo, humilde y trabajador. Todos los días iba a la universidad a Varsovia con su Fiat Brava azul y por la tarde venía a entrenar”.

Liberado por completo de sus problemas físicos, Lewandowski rompió aguas en su segunda y última campaña con el Znicz (2007-08), la única realmente completa. Sus 21 dianas, con las que también conquistó el trofeo al máximo artillero de la categoría de plata, rozaron el milagro de un nuevo ascenso, esta vez a Primera. “Nos faltó un gol para lograrlo, aunque si llegamos a estar tan cerca fue gracias a Robert. El técnico que tuvimos ese año, Jacek Grembocki, lo usaba como único delantero. Le dio espacio para crecer viendo su talento y condiciones. Era la figura indiscutible del equipo, aunque era el que menos cobraba. Le pagaban nada, pero el míster le motivaba diciéndole: ‘hoy te pagan una manzana; luego te darán tres, y al final te llevarás todo el árbol’. Han pasado siete años, Robert es uno de los mejores 9 del mundo y nosotros estamos de nuevo en Tercera. Está claro que necesitamos otro Lewandowski para subir”, señala Pazdan en tono socarrón antes de clausurar su intervención con otra anécdota que refleja a las claras el estatus que llegó a tener ‘Lewa’ en ese vestuario, pese a no superar las 20 primaveras. “Él era el único que no cargaba porterías al final de los entrenamientos. Nosotros nos quejábamos a Grembocki, pero siempre nos respondía que cuando marcásemos sus goles, nos liberaría”.

El Znicz hizo el mejor negocio de su historia ese verano al traspasar a Lewandowski al Lech Poznan a cambio de 1’5 millones de zlotys (357.000 euros). Una operación que, por cierto, no habría llegado a consumarse si el Sporting de Gijón hubiera aceptado unas semanas antes el ofrecimiento de su ex jugador Cezary Kucharski, a la sazón agente del astro polaco, para que le dieran una oportunidad de mostrarse en la Liga española. “El Sporting dijo que no y el Lech, que ya lo quiso el año anterior, vino con una oferta irrechazable. Que siguiera dos años más en Polonia fue bueno para Robert porque terminó de curtirse y de madurar antes de fichar por el Borussia”, apunta el presi, quien con la boca pequeña desvela que ese salto a la Bundesliga también les dejó unas ‘miguillas’ en unas arcas que, de un modo u otro, no dejan de alimentarse de lo que en el club han venido a llamar ‘Efecto Lewandowski’.

“Antes cogíamos a todos los niños que venían a entrenar, pero todo cambió tras pasar Robert por aquí. El verano que se fue al Lech vinieron 160 chicos, así que hubo que hacer pruebas. Y así desde entonces. Los más pequeños pagan 50 zlotys al mes (11 euros), cifra que va decreciendo cuanto más tiempo llevan en el club”.

Dos gigantescos murales con fotos de Lewandowski presiden la sala de reuniones del Znicz. Un simbólico homenaje al futbolista que situó a Pruszków en el mapa de la redonda antes de partir en busca de la gloria, pero que, agradecido a quienes le tendieron una mano en los peores días de su existencia, aprovecha casi cada retorno a casa para pegarse una vuelta por el estadio donde empezó todo. “Le encanta pasarse por aquí y ver a los chavales entrenar, charlar con ellos, darles consejos. Además de eso, todos los años monta un viaje para que alguno de nuestros equipos viaje a Alemania a pasar unos días con él, que vean sus entrenamientos y algún partido. Incluso lleva a las estrellas de su equipo para que se fotografíen con los niños. Como dije antes, Robert es nuestro mayor orgullo”, concluye el dirigente con el lagrimal al borde del colapso.

La exhibición goleadora sin precedentes en la historia de las grandes ligas europeas protagonizada por Robert Lewandowski ante el Wolfsburgo dejó boquiabierto a casi todo el planeta fútbol, empezando por el mismísimo Guardiola. Y digo casi porque existe un punto en el globo terráqueo donde las cinco dianas firmadas en 8 minutos y 59 segundos por el centro delantero polaco del Bayern recién ingresado al césped en el arranque del segundo tiempo, tras 6 remates a puerta (el otro fue al palo) y con apenas 9 toques, no provocaron una apertura desmesurada de los ojos en señal de admiración.

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