La España campeona ha caducado

Piqué invita a "reflexionar sobre todo, el juego, el estilo…"

La gran selección española de esta década se ha acabado. Dos decepciones tan seguidas confirman que ya no se puede seguir por el mismo camino y se necesitan cambios

Foto: Fàbregas, Busquets y Juanfran, tras ser derrotados (Georgi Licovski/EFE/EPA).
Fàbregas, Busquets y Juanfran, tras ser derrotados (Georgi Licovski/EFE/EPA).

La España que dominaba el mundo ha caducado. Como pasa con cualquier producto perecedero, tiene una vida determinada y finita y, cuando se estropea definitivamente, hay que sustituirlo por otro. La fecha de consumo preferente de esta Selección se cumplió hace tiempo, pero no nos hemos dado cuenta de verdad hasta que Italia le dio un repaso como hacía mucho tiempo que no le daban a la Absoluta, que se quedó sin ningún tipo de reacción y que empezó a pedir a gritos que la mandaran al centro de reciclaje para hacer con ella algo nuevo y mejor que lo vigente.

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No hay que desecharlo todo, evidentemente. De ahí que hablemos de reciclar y no de mandar al vertedero a este equipo. Hay buena materia todavía útil que aprovechar para ensamblarse a nuevas estructuras y que permitan a la máquina futura funcionar de maravilla y con algunas reminiscencias de su pasado glorioso. Aún es pronto para que algunos de los miembros más veteranos de esta plantilla tengan que abandonar el barco. Todavía flotan. España no va a renunciar a Iniesta, ni debe hacerlo. Ni a Piqué, ni a Busquets ni a Silva. No es esa la idea. Con lo que está se puede crear algo, pero ha de ser sensiblemente diferente a lo actual, lo cual lleva tres años sufriendo por vivir y que se ha ganado tener una muerte digna.

“Es momento para reflexionar sobre todo, el juego, el estilo…”. Gerard Piqué lo dejó muy claro y después Juanfran lo subrayó. España necesita pararse a pensar. Después de la primera derrota en Brasil, la de la Confederaciones de 2013, España no pensó. Vio aquella caída como un pequeño traspiés que incluso podía venir bien a una selección muy crecida que se creía mejor que cualquiera de las que habían existido. Se podía arreglar fácilmente con un par de retoques y la continuación de la manera de jugar y de mover el balón. El Mundial vino a confirmar que no, que España estaba enferma de manera terminal y había que buscar otras alternativas. No se hizo tampoco y el resultado es volver a caer eliminada demasiado pronto.

Pellé y Piqué, durante el Italia-España de octavos de final. (EFE)
Pellé y Piqué, durante el Italia-España de octavos de final. (EFE)

Es por ello urgente que los que mandan en el fútbol español paren las máquinas durante un tiempo y en un cónclave decidan qué es lo mejor para el futuro. Desde que Luis Aragonés empezó a cambiar la manera de jugar, se instauró en todas las bases de los equipos españoles el dogma del juego posicional, de jugar a través de la acumulación de posesión de balón y en la dominación territorial sobre el contrario. Si funcionó en el Barça y en la propia Absoluta, debía instaurarse como método futbolístico. Además, fue mundialmente reconocido como el fútbol más bello. Pero para ser los mejores jugando así hay que tener los jugadores para ello. ¿Los tiene España?

Esa es una pregunta que deberá responder el próximo seleccionador, que no será Vicente del Bosque, a no ser que la Federación Española siga descabezada y no tenga más remedio que alargar mucho más allá de su voluntad su etapa como técnico de España. Es absolutamente legítimo querer mantener la misma filosofía, incluso diría que es lo correcto, puesto que dar saltos de mata acaban por hacer retornar a la barbarie de la ‘Furia’. Pero incluso el Barça, paradigma del juego posicional como modo de vida, ha tenido que evolucionar. Y evolucionar no siempre es cambiar, sino progresar sobre el mismo camino, pero siempre hacia delante. En el fútbol, como en la vida, quedarse quieto es sinónimo de retroceder.

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La elección del heredero de Vicente es crítica. Elegir mal al nuevo seleccionador podría cargarse diez años de un trabajo inigualable que puso a España en la cima del mundo. ¿Qué es elegir mal? Un entrenador que tenga un estilo opuesto al actual y que no sea capaz de adaptarse. Se oyen muchos nombres, como Valverde o Caparrós, y ya estos dos son polos opuestos.

Lo primero que hay que aceptar es lo que tan bien remarcó Piqué: “Ya no somos candidatos a ganar nada. No tenemos el nivel de cuando fuimos campeones”. Gerard, tan vilipendiado durante toda su carrera por la opinión pública española más casposa, dijo lo mismo antes de empezar la Eurocopa. Nadie le escuchó cuando decía una gran verdad, cuando atisbaba lo que se nos venía encima. Si le hubieran escuchado, la derrota contra Italia la habríamos entendido mejor. Incluso la de Croacia. Incluso la habríamos podido esperar y el dolor, la vergüenza, la rabia habrían sido menos. Pero saber cuándo has dejado de ser el mejor es lo más importante para empezar a volver a serlo. Indurain supo que ya no podía ser primero siempre y acabó como el mejor. Jordan se fue y volvió para ser aún más grande. Luego quiso seguir siendo Jordan y el aro ya le quedaba muy alto.

 

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