SE ENFRENTA AL REAL MADRID EN OCTAVOS

Perotti, la víctima del bullying que ahora reina en Roma

Su tortuoso pasada no ha tenido consecuencias graves en su virtuoso juego. Perotti es la clave de bóveda de los diseños de Spalletti, el hombre que ha levantado a la Roma

Foto: Diego Perotti con la camiseta de la Roma (Imago).
Diego Perotti con la camiseta de la Roma (Imago).

Diego Perotti es un futbolista delicioso. Sobre el campo flota como una suave brisa. Hace unas semanas, la Roma lo fichó al Génova a cambio de nueve millones de euros. Lleva tres partidos con su nuevo equipo, el rival del Real Madrid en los octavos de la Champions, y los ha ganado. Perotti lo jugó todo aunque no igual. En el primero fue falso nueve, en el segundo fue extremo izquierdo y en el tercero actuó como enganche tras los puntas. Perotti se ha convertido en la clave de bóveda de los diseños de Luciano Spalletti, el hombre que ha levantado a la mortecina Roma hasta convertirla en una seria amenaza para el Madrid.

El delicado fútbol de Perotti tiene continuidad fuera del campo. Se trata de un chico amable, cultivado y discreto. Le gusta leer, especialmente novela negra. Estudió Psicología en Buenos Aires y Criminología en Sevilla. No concuerda con el estereotipo de divo y ni siquiera en estos momentos, cuando es ensalzado como el hombre de moda en Roma, parece ceder a los venenos del ego. Es difícil vislumbrar un atisbo de fanfarronería en el tímido argentino, tal vez porque aún tenga muy presente de dónde viene y porque aún le duelan, íntimamente, las heridas que le dejó “una mierda de vida”.

Disculpen la escatología. Pero así, textual, fue como le explicó Perotti al Sevilla su derrumbe. Días después lo hizo público en una de las confesiones más desgarradoras que se recuerdan a un futbolista: “Tengo 24 años y hace dos que no encadeno siete partidos seguidos. Estoy al límite, destruido psicológicamente. No quisiera irme así, pero no puedo más. Si me obligan a volver, no sé qué puede pasar”.

Diego Perotti (Imago).
Diego Perotti (Imago).

Hoy sorprende echar la vista atrás, no demasiado, y comprobar que entre ese infierno y esta gloria sólo han transcurrido tres años. Perotti se resguardaba entonces en Buenos Aires, al cobijo de sus padres y hermanas. No quería volver al Sevilla, donde le aguardaba un puñado de fanáticos obsesionados con su extinción. Y había vuelto a fracasar en Boca, el lugar donde nacieron sus pesadillas masacrado por una riada de lesiones. “No hay un músculo de mis piernas que no me haya roto”, confesaba en una entrevista a 'El País': “Me hicieron de todo, hasta una biopsia para saber si tenía algún problema endémico o degenerativo. Me sacaron un pedazo de carne del brazo y lo analizaron. Yo no sabía si se trataba de un problema psicológico. Estuve al límite. Si me hubieran dicho que fuera a una bruja, habría ido”.

Perotti acabó regresando al Sevilla aunque sólo para marcharse. Por entonces, su suerte ya estaba echada, marcado por los radicales. ¿Su pecado? Irse a por uno para partirle la cara. Dolido por sus lesiones y frustrado por no poder ayudar al equipo, el argentino identificó a un ultra que se había hecho con su número y lo freía a insultos. Tras un partido se le enganchó. Varios ultras acudieron en defensa de su 'soldado'. Desde aquella pelea, Perotti sufrió un tormento en el Sánchez Pizjuán. Los radicales le pitaban cuando calentaba, cuando saltaba al campo… y hasta cuando metía un gol. Sucedió en un partido contra el Slovan Liberec, en la Europa League. El Sevilla amparó tímidamente a Perotti y jamás en público. Por aquel entonces, el presidente Del Nido escenificaba una supuesta cruzada contra el grupo ultra Biris que no mucho después se desinflaría como una farsa. A pesar de eso, el futbolista jamás tuvo una palabra mala para el club: “A mí el Sevilla me trató como a Messi”.

Diego Perotti con el Génova (Imago).
Diego Perotti con el Génova (Imago).

Al igual que Perotti, jugadores como Spahic o Fazio se pelearon con los ultras. Todos saldrían del Sevilla. El central argentino regresó hace unas semanas, cedido por el Tottenham, entre amenazas públicas de radicales. El caso de Perotti fue, sin embargo, el más sangrante. Entre otras razones porque se trataba de un futbolista fabuloso, con un rendimiento y compromiso sin mácula. Probablemente jamás en su historia disfrutó el Sevilla de dos bandas con la calidad de Jesús Navas y Perotti. Fue el argentino, campeón de una Europa League y una Copa, quien hizo el gol que llevó al Sevilla a la Champions en 2009. Fue él quien pidió no cobrar cuando sus lesiones se enquistaron. Fue él quien aceptó la decisión del Sevilla de rechazar 15 millones de la Juventus para firmarlo. Con doble nacionalidad, Vicente del Bosque llegó a preguntar por la viabilidad de citarlo con la mejor España que han visto los tiempos. Y una lesión, cómo no, frustró su estreno con Argentina después de que le reclamara Diego Armando Maradona.

“Éste es mejor que el padre”, dijo entonces 'El Pelusa', que conocía bien a Héctor 'El Mono' Perotti. Junto a él ganó la Libertadores del 78 con Boca. Héctor fue el galán del fútbol argentino, pero una grave lesión acabó con su carrera a los 25 años. Cuatro más tarde tuvo a Diego, de cuya madre se divorciaría pronto, y a quien no dio una infancia precisamente desahogada: “Vivíamos en Moreno, un pueblito a 25 kilómetros de Buenos Aires. Probablemente las guías de turismo recomienden no ir a Moreno o que, en caso de ir, vayan armados”.

Perotti en su etapa con el Sevilla (Imago).
Perotti en su etapa con el Sevilla (Imago).

Perotti relata una infancia con la droga, la delincuencia y la violencia a la vuelta de la esquina. También los esfuerzos de su madre, Delia, maestra de educación física, por mantenerles a él y a sus hermanas alejados de eso. El fútbol, cómo no, apareció en esa escena como una válvula de escape. Con 12 años, Perotti se marchó a probar con Boca. Con 14, dejó el club. Lo resume así: “Fueron dos años de auténtico calvario. No recuerdo un solo día en que no me hicieran sentir un fracasado”.

Lejos de ayudarle, ser hijo de una leyenda le castigó. Los chicos le atizaban por enchufado, por feo, por bajo, por niñita… Episodios de bullying que Perotti superó a duras penas: “No tengo ningún contacto con uno solo de aquellos chicos”. Todo lo contrario que con sus compañeros de Morón: “Allí encontré todo lo que en Boca no tenían: educación y buenas personas”. Lo ascendieron al primer equipo y lo citó la selección argentina Sub20. Entonces apareció el Sevilla con el inconmensurable olfato para detectar talento de la dirección deportiva de Monchi.

Spalletti dibuja geometrías en su torno, elevado como sucesor al cetro del inmortal Francesco Totti 
En 2009, lo ficharon por 200.000 euros. En 2011, había multiplicado su valor por cien. Se convirtió en 'El Galgo' con esa zancada aparentemente perezosa y realmente mortal. El Real Madrid y la Juventus llamaban a su puerta, un éxtasis del que Perotti despertaría sumido en la peor de las pesadillas. Llegaron las lesiones, los ultras, más lesiones, la depresión y su desgarradora petición de clemencia. Hace año y medio, el Sevilla lo regaló al Génova por apenas 300.000 euros y un 10% de un futuro traspaso que ahora se ha cobrado de la Roma.

No parecía precisamente el agreste Calcio el mejor escenario para la resurrección de Perotti, pero exactamente ahí sucedió. Agradecido como 'fantasista', esa figura tan rara pero también tan preciada en Italia, los grandes no tardaron en rifárselo. Lo quisieron Nápoles y Milan, pero se lo ha llevado la Roma, donde Spalletti dibuja geometrías en su torno, elevado como sucesor al cetro del inmortal Francesco Totti.

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