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La derrota de la España sub-20, una lección aprendida y un guiño al futuro
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patri guijarro, la mejor del campeonato

La derrota de la España sub-20, una lección aprendida y un guiño al futuro

España perdió con claridad contra Japón, y eso que durante buena parte del partido tuvo la posesión y una idea muy clara de juego. El futuro no lo emborrona una derrota

Foto: Claudia Pinar se lamenta tras la derrota de España. (EFE)
Claudia Pinar se lamenta tras la derrota de España. (EFE)

La derrota es aprendizaje, es humildad, es necesaria. Duele, claro, siempre duele, no hay derrota fácil, no se puede perder y ser feliz al mismo tiempo. Mucho más en una final, cuando se lleva una semana soñando con levantar el título, cuando se confía y se piensa que sí, que esta vez sí, que no hay rival suficiente ni circunstancia adversa capaz de alejarte de tu meta. Alguien tiene que perder, y esta vez fue España. Las jugadoras de la Selección lloraban, temían este resultado. Pero no es más que una etapa necesaria.

Este paso en el camino, doloroso, ya decimos, llega con una anomalía futbolística. España jugó mejor en buena parte del partido, pero perdió con merecimiento. Fue el típico duelo entre un equipo que se toma muy en serio el balón y otro que se empecina en tener el gol como centro de todo. La Selección fue ese equipo que cuidó el esférico, que se planteó desde el primer momento que a la victoria se llegaba siempre desde la posesión. Tuvo ocasiones, tuvo opciones, pero no la malicia necesaria para convertir el dominio en gol.

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Entre los llantos y las penas hay una cascada de conclusiones positivas para el fútbol español. La primera es la más obvia, la diferencia entre jugar una final y ganarla tiene mucho más que ver con las emociones que con la calidad. Estar ahí es una muestra de la calidad del equipo, ser finalista, del mismo modo prácticamente que ser campeón, es una prueba más de que el nivel del equipo es tan alto como puede llegar a ser. No es este el primer equipo español de categorías inferiores que brilla, España tiene cierta costumbre de vencer en la niñez y la adolescencia, algo que por el momento no ha logrado trasladar a la absoluta.

Todo se andará. La acumulación de talento a lo largo del tiempo es el primer paso para lograr objetivos más ambiciosos. En este equipo lo hay. Se nota en Eva Navarro, que transitaba una y otra vez la banda derecha, buscando la manera de descifrar el enigma que suponía el muy trabajoso equipo japonés. Lo hay también en Patri Guijarro, que empezó muy fuerte pero, como el equipo, se fue desinflando en el paso de los minutos. Y en Menayo, y en Maite. Y en Candela, que marcó el gol de España y permitió soñar un poco más.

Hay más motivos para el orgullo, pero en este caso tienen un componente más general. España jugó como juega España, desde el primer instante del partido se centró en sacar el balón jugado desde la cueva, con Catalina Coll, la portera, dirigiendo el primer pase siempre a uno de los costados, intentando hilvanar el fútbol desde detrás. No importa la edad ni el género, la doctrina está clarísima juegue quien juegue. El estilo, que ya venía apuntándose desde hace años, es efectivo y bello. Aunque en esta ocasión se quedase algo corto.

También se entiende mejor el resultado conociendo un poco mejor el juego de Japón. Estos días lo repetían las españolas cuando eran preguntadas, muy intensas, muy capaces, muy bien conjuntadas. La esencia de un equipo bien pertrechado en el que todas las jugadoras tienen clara su función y la necesidad de ser solidarias con las compañeras. En los momentos de asedio siempre aparecían una o dos jugadoras para hacer la cobertura. El equipo era homogéneo, no tuvo grandes individualidades ni un sistema florido de juego, pero sí una eficacia evidente. Primero en defensa, la base de todo, también en ataque donde encontraron las debilidades de la defensa española, que existieron.

placeholder Las campeonas. (EFE)
Las campeonas. (EFE)

Vivirán del fútbol

Fue notable el desempeño de Endo, catalizador de casi todo lo bueno que ocurría en el equipo nipón, y también de Stambaugh, la portera. Esa posición, la portería, es uno de los baremos más claros de la calidad del fútbol de un país. Los menos desarrollados, los que no entienden del fútbol, suelen encontrar fallos catastróficos en esa posición. En este caso la nipona se mostró sensacional, mostró desde muy pronto que para batirla se iba a necesitar una dosis de ingenio y calidad enorme, y que incluso en los disparos más complicados se iba a encontrar resistencia. Sin ella las lágrimas hubiesen cambiado de bando.

El fútbol ha cambiado en los últimos años, las chicas que perdieron en Francia serán profesionales en el futuro, vivirán del deporte, sus objetivos no estarán relacionados con el hecho de jugar, como tantas veces ocurrió antes, sino con las metas propias del deporte, los títulos, la ambición, los goles, la siguiente temporada y el siguiente torneo. No el hecho de cobrar a fin de mes, o de si tiene sentido seguir haciendo de una pasión un medio de vida. Son afortunadas, ha sido un camino duro y conseguido con justicia.

Foto: España ya ha ganado a Japón en este torneo. (EFE RFEF)

Estas chicas de futuro ilusionante heredarán un fútbol mejor después de años de desprecios y de lucha. En el palco, en un partido de categorías inferiores, estaban el presidente del Gobierno y el de la Federación. El primero sorprende, pues un político de ese rango nunca había hecho tanto caso a una cita así. Lo más grave, quizá, es que también el segundo sorprende. El fútbol español solo se ha tomado en serio su parte femenina hace unos meses, igual un par de años. La Liga empezó a invertir en eso; Iberdrola también puso su granito de arena y, finalmente, la federación, con el cambio de turno en la presidencia, también determinó que trabajar por esto es esencial y justo.

Hay parte de estos esfuerzos que tienen que ver con la política y con la riña entre instituciones. Las consecuencias de esa pelea, en este caso, son ampliamente positivas. Pero no tienen nada que ver con una dádiva, aquí regalos ha habido escasos, justicia poca y, solo al final, las cosas empiezan a marchar en una dirección lógica. Lo cual tampoco quiere decir que no quede mucho camino por recorrer.

Mientras tanto, a disfrutar. Esas caras tristes que cerraron una final en un futuro jugarán más y más grande, ganarán y perderán. Convertirán al fútbol español en algo mucho más sólido. Y no hay en esto una bola de cristal que predice lo que pasará más adelante, es solo que la normalidad al final se impone y la lógica es que lo que se hace bien termine bien.

La derrota es aprendizaje, es humildad, es necesaria. Duele, claro, siempre duele, no hay derrota fácil, no se puede perder y ser feliz al mismo tiempo. Mucho más en una final, cuando se lleva una semana soñando con levantar el título, cuando se confía y se piensa que sí, que esta vez sí, que no hay rival suficiente ni circunstancia adversa capaz de alejarte de tu meta. Alguien tiene que perder, y esta vez fue España. Las jugadoras de la Selección lloraban, temían este resultado. Pero no es más que una etapa necesaria.