hubiesen salido uno o dos miembros de la bbc

El día que Florentino pudo juntar a Neymar y Coutinho en el Real Madrid

El presidente tanteó la opción de fichar a ambos cuando Benítez era el entrenador y el equipo se desintegraba. La llegada de Zidane y la Champions de Milán hicieron cambiar los planes

Foto: Neymar y Coutinho, con Brasil. (EFE)
Neymar y Coutinho, con Brasil. (EFE)

Al Real Madrid se le escapa la Liga por el desagüe a las primeras de cambio y más de uno por Concha Espina vuelve a acordarse de Santa Bárbara y sus famosos truenos, esos que suelen caer en forma de aguijón sobre los graderíos del Santiago Bernabéu cada vez que Lionel Messi planta bandera en el verde del coliseo merengue. El astro argentino tiene la odiosa costumbre de ponerle el chiringo patas arriba a Florentino Pérez de tarde en tarde, con el consiguiente mosqueo del personal, que pocas perdonan al Gran Jefe de la tribu blanca por más Copas de Europa y Mundiales de clubes que aterricen en el fastuoso museo de la entidad.

En momentos como el actual, con los renglones de la hoja de ruta torcidos inesperadamente, al mandatario madridista le entra la desazón y se le empieza a pasar por la cabeza lo que pudo ser y al final no fue y lo bien que le vendría ahora para paliar ciertas situaciones incómodas producto de los resultados adversos. De hecho, la crisis que padece el Real Madrid en el campeonato de liga (no así en la Champions, aunque no lograra cerrar su grupo y eso le haya puesto en el camino del PSG) supone el primer revés serio en el idílico mundo de la victoria y los títulos por doquier que había logrado crear Zinedine Zidane desde que asumiera los mandos del trasatlántico blanco.

Un panorama totalmente desconocido para el preparador francés y una pesadilla recurrente para su presidente, obligado a paliar cíclicamente el descontento de la exigente parroquia madridista con lujosos ‘parches’ que acostumbra a sacarse de la chistera con el inestimable soporte de la chequera ‘Made in Real’, claro.

Precisamente, el cambio de rumbo que Zizou logró imprimir al equipo tras la fulminante destitución de Rafa Benítez, culminado con la consecución de la Undécima en Milán, aparcó (¿’sine die’?) una de las operaciones más complejas, y también de las más deseadas, en las que Florentino se ha embarcado desde que se hizo con el control absoluto de la planta noble del Bernabéu: vestir de blanco a Neymar y a Coutinho de una misma tacada.

Neymar y Coutinho, en las categorías inferiores de Brasil. (David Ruiz)
Neymar y Coutinho, en las categorías inferiores de Brasil. (David Ruiz)

Ya los tanteó de niños

La segunda ‘triple corona’ en la historia del Barça, lograda a la conclusión de la temporada 14-15, y el dubitativo arranque del equipo dirigido por Benítez en el siguiente ejercicio, rubricado con aquel doloroso 0-4 del entonces conjunto de Luis Enrique en el Bernabéu, encendieron las alarmas de la planta noble del viejo Chamartín. Florentino ya sabía por entonces que había pinchado en hueso con el técnico madrileño, en las antípodas de su concepto ‘galáctico’ del balompié, dominado por los nombres y no tanto por su contribución al colectivo. Tampoco estaba nada satisfecho con la cesta de la compra del mercado veraniego: cero pedigrí en las nuevas caras y el fichaje más costoso, Danilo, se había dejado la cuarta, quinta y sexta velocidad a orillas del Duero.

Tocaba, por tanto, reactivar su vieja premisa de que los mejores jugadores del mundo tienen que pasar en algún momento de sus carreras por la pasarela del Bernabéu y decidió apuntar a dos jugadores que en su día habían estado cerca de recalar en el equipo merengue (Neymar llegó incluso a ejercitarse con 14 años durante un par de semanas en Valdebebas), pero que bien por cuestiones de índole económicas hasta en dos ocasiones, o en el caso de Coutinho por una amenaza de denuncia al Madrid ante la FIFA de su primer club, el Vasco de Gama, por negociar a hurtadillas con el padre del jugador, nunca llegaron a enfundarse la elástica más laureada de la historia.

La misión de José Ángel Sánchez

Previendo una temporada compleja en la que las señales de que se pudiese cerrar con algún título importante escaseaban por aquellas fechas, Florentino encomendó a José Ángel Sánchez y su equipo de trabajo la misión de iniciar discretamente el acercamiento al círculo cercano de sendas estrellas brasileñas para hacerles llegar su idea de juntarles al inicio del siguiente ejercicio. La estrategia era bastante sencilla: los dos son grandes amigos, se entienden sobre el césped como dos gotas de agua y, quizás lo más importante, ambos jugadores ya habían dejado claro en su día sus preferencias en lo que se refiere a lucir la camisola de un grande del fútbol mundial.

Sucedió en marzo de 2008, cuando Coutinho y Ney, tanto monta, coincidieron por vez primera en sus vidas luciendo la ‘verde-amarela’ durante una gira por España de la selección sub 16 brasileña. Sendos peloteros confesaron en un reportaje realizado por el diario 'Marca' en Ibiza, pocas horas después de su ópera prima como compañeros en la ‘canarinha’, su deseo de vestir algún día la camiseta merengue. “El Real Madrid. Es el mejor equipo del mundo”, respondió sin dudarlo un segundo el bueno de Philipinho, como era conocido Coutinho de chaval, a la pregunta de cuál era el equipo de sus sueños. “El Real Madrid”, secundó el ahora astro del PSG la respuesta de su mejor compinche en la ‘Seleçao’ desde aquellas exhibiciones iniciáticas en suelo balear y en Cataluña, donde lograrían su primer título conquistando el prestigioso MIC (Copa Internacional del Mediterráneo) de su categoría sobre el césped del Municipal de Palamós.

Tanto Neymar Junior como Philippe Coutinho reconocían ya por entonces que el campeonato que más les seducía era el español “porque en él están los mejores jugadores del mundo, como Robinho o Ronaldinho. Es el más espectacular”. Y eso que no habían aparecido en escena por los campos de la piel de toro ni Cristiano, aún en el United, ni el Messi versión extraterrestre.

Los jugadores, interesados

Precisamente, plantar cara a la indiscutible supremacía del genial futbolista argentino y su Barça hace ahora justo dos años con un tándem basado en el talento puro y la imaginación onírica era, a ojos de Florentino y su núcleo duro, el mejor antídoto contra la decepción y el presumible malestar de la hinchada merengue a otra temporada en blanco. El presidente del Real hizo saber a sendos jugadores por medio de sus emisarios que estaba dispuesto a poner sobre la mesa tanto los 190 millones que figuraban en la cláusula de rescisión de Neymar con los culés, como los cerca de 100 que costaría liberar a Coutinho de su contrato con el Liverpool. Ni que decir tiene que sus salarios estarían también a la altura de los dos grandes dominadores del balompié planetario en la última década.

El órdago lanzado desde la zona noble del coliseo madridista fue acogido con notable interés por los dos protagonistas de la historia. No hizo falta una servilleta de por medio para asegurarse el OK tanto del santista como del carioca en caso de que esa primera toma de contacto diese paso más adelante a unas negociaciones en las que el factor económico no iba a constituirse esta vez en un obstáculo insalvable.

Empero, con lo que no contaba ni Florentino, ni Neymar, ni Coutinho era con el inesperado rumbo que tomaron los acontecimientos a partir de enero de 2016. La destitución de Benítez y la promoción de Zizou al primer banquillo de la entidad alteró de raíz los planes revolucionarios del presidente en lo que respecta a la plantilla. El excelente rendimiento que el francés logró sacar de sus jugadores en el segundo semestre de la temporada y, sobre todo, la consecución de la Undécima Copa de Europa ante el Atlético de Madrid en San Siro terminaron por desactivar un plan que, a buen seguro, hubiera supuesto la salida del Bernabéu de al menos uno de los miembros de la BBC. Sino dos.

Zidane fue, de hecho, quien defendió a capa y espada la continuidad de todos los pesos pesados del equipo, retocando lo justo y necesario un plantel que, a su entender, estaba bastante equilibrado y tenía potencial más que suficiente para pelear todos los títulos en juego. El tiempo acabó dando la razón al de La Castellana, aunque la velocidad con la que suceden las cosas en torno a un balón es tal que apenas medio año después de tocar el cielo con el doblete Liga-Champions, Florentino pueda estar lamentándose de no haber seguido adelante con la ‘operación Ney-Couti’ mientras pudo.

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