Cuatro goles en lo que va de temporada

Luis Muriel, el Ronaldo del Sevilla, un fichaje millonario que huele a pufo

El delantero colombiano Luis Muriel costó casi 22 millones de euros al Sevilla, apenas ve puerta y ha perdido la confianza de Berizzo, que prefiere a Ben Yedder

Foto: Luis Muriel, durante un partido de esta temporada. (Cordon Press)
Luis Muriel, durante un partido de esta temporada. (Cordon Press)

El aterrizaje de Luis Muriel (26) en el Sevilla fue muy celebrado por la afición. Lógico, la dirección deportiva, comandada por Óscar Arias, el sustituto de Monchi, acababa de realizar la mayor inversión económica del club: casi 22 millones de euros por el ochenta por ciento de la propiedad. A punto de rebasar el ecuador de la temporada, la esperanza de los aficionados sevillistas anda hecha jirones. El prometido goleador, jugador cuyo juego se parecía al de Ronaldo, huele a pufo.

El colombiano Muriel, el hombre llamado a opacar la leyenda de su compatriota Carlos Bacca en el viejo club de Nervión, no llega ni por asomo a los números del actual jugador del Villarreal. Tan solo ha conseguido cuatro goles en los partidos que ha jugado (Copa, Liga Champions) y los analistas tienen la desagradable sensación que la mayor inversión económica del club no es ni por asomo el ansiado goleador que demandaba Berizzo, sino un futbolista que busca las bandas y con tendencia a vivir alejado de las áreas.

Muriel, que la pasada temporada se destapó marcando en la Serie A 11 goles en 25 partidos, nunca ha sido un goleador al uso, sino un valioso apoyo del punta. Marcar once goles en un campeonato tan conservador y tan táctico y como el italiano es toda una gesta, que aumenta la cotización de cualquier jugador. En el Sevilla se lanzaron a saco para cerrar una operación que no fue fácil.

Ben Yedder

Con una tipología de atleta de cien metros, potencia de arranque y velocidad creciente, Luis Muriel desborda en carrera, necesita espacios para que reluzca su mejor arma. Por ello, el colombiano busca las bandas y desde ahí trata de sorprender al rival. Pero el gol vive en otra parte. Cuatro goles ha logrado en lo que va de curso y ello ha producido desconfianza en Berizzo, que prefiere a alguien más fiable como es Ben Yedder. El galo, llamado a ser el segundo punta, le ha pasado por la derecha. Ben Yedder, con trece goles en las tres competiciones, ha desbancado con claridad a Muriel, que comienza a ver demasiados partidos desde la suplencia.

El rígido sistema de Eduardo Berizzo tampoco ayuda al jugador. Ernesto Marcucci, reemplazante del Toto, ahora convaleciente de una grave operación de cáncer de próstata, solo es partidario de jugar con un punta y hace oídos sordos de las voces que reclaman que coloque a Muriel en una banda y se empareje con Ben Yedder. Con dos puntas, quizás luciría más el colombiano, se quitaría presión y podría ver con mucha más facilidad el arco contrario. Porque el atacante no anda escaso de calidad y talento. Quizás sería más aprovechable como segunda punta, escorado en las bandas o apoyando al punta.

Sobrepeso

Por su tipología, su característica de conducción del balón en carrera, recordando al legendario Ronaldo Nazario, Óscar Arias no dudó en poner toda la carne en el asador para ficharle. Pero como aquél, Muriel aterrizó en Sevilla con sobrepeso, lo que no ayudó a su adaptación. El italiano Serse Cosmi, el hombre que mejor orientó a Muriel y le abrió la ventana para que se diese a conocer en un fútbol tan difícil como es el Calcio, declaró hace unas semanas a 'ABC': “El problema de Muriel no son los kilos. Yo eso lo he hablado con él. Él es así. Claro que puede perder dos, tres kilos…, pero el mejor rendimiento que yo le he visto no ha sido con menos peso, sino cuando ha sido feliz. Y por su forma de ser, la mejor manera para ello es darle continuidad”.

La última titularidad de Muriel la vivió el pasado sábado. El Sevilla aterrizó en el Bernabéu con las manos atadas y el Real Madrid le hizo cinco. El primero de ellos, con el protagonismo desgraciado de Muriel, que a los dos minutos de partido le entregó una asistencia involuntaria a Nacho para hacer el primero de la goleada merengue. Después, el colombiano corrió sin freno por el campo. Sin freno, sin sentido, sin gol.

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