así fueron sus inicios en la Academia Tolimense

James Rodríguez nació para cumplir el sueño de ser el '10' durante toda su vida

“James empezó jugando de ‘10’ y siempre quiso que así fuera durante el resto de su vida”, dice Armando Yull Brinner, su primer entrenador en Colombia

Foto: La Academia Tolimense de Fútbol fue la cuna futbolística de James Rodríguez (FOTOS: https://www.facebook.com/AcademiaTolimensedeFutbol)
La Academia Tolimense de Fútbol fue la cuna futbolística de James Rodríguez (FOTOS: https://www.facebook.com/AcademiaTolimensedeFutbol)

Cuando suena una voz y no tiene el inconfundible timbre local, la pregunta es inmediata por parte de la recepcionista. “Usted quiere hablar con Armando Yull Brinner, ¿no?”, dispara de inmediato. Desde hace unos días, la Academia Tolimense de Fútbol no para de recibir llamadas. Estados Unidos, Japón, Italia, Francia, Brasil… Periodistas de diferentes rincones de todo el mundo. El teléfono echa chispas desde primera hora de la mañana. Por algo es la cuna de James Rodríguez y su fundador apenas saca tiempo para atender a tantas personas.

“Los niños ven por los ojos de James”, dispara cuando El Confidencial se pone en contacto él. Brinner fue el primer técnico que vio en acción a James. Con apenas 7 años, llegó a la Academia Tolimense de Fútbol y desde el primer momento tuvo claro que aquel niño era diferente. Su padrastro, Juan Carlos Restrepo, y la mamá Pilar le llevaron cuando se mudaron a Ibagué, la ciudad del departamento de Tolima en la que comenzó a brillar la ahora estrella madridista.

“James ya destacaba por su talento. Era muy parecido a su padre biológico, Wilson James, que fue un futbolista que se carcaterizaba por su técnica, elegancia y maestría a balón parado. Pero el hijo le ha superado claramente y ya entonces se podía intuir que así sería. Sus pases eran precisos, era rápido mentalmente y marcaba goles siempre”, apunta el técnico.

Esos genes futbolísticos del padre florecieron a corta de edad en James. Siempre se le veía con un balón bajo el brazo. Seguro que no ha olvidado un episodio que le arrancó mares de lagrimas de sus ojos. Con 6 años, antes de que ingresara en el escuela, un día, mientras jugaba, pateó el balón con tanta fuerza que se coló en el salón de un vecino de Ibagué. Tuvo mala suerte el pequeño Rodríguez, pues el hombre en cuestión no tenía muy buen talante que digamos y ni corto ni perezoso, y delante del asustado crío, pinchó el balón y regresó de inmediato a su domicilio. Consolar a James fue imposible...

La modesta Academia Tolimense de Fútbol siempre ha subsistido a duras penas. Fundada en 1995, los niños que están matriculados han de pagar 15 dólares al mes. En la actualidad son 180 los afiliados, pero en lista de espera ya hay 250. Y se van sumando muchos más desde que la ‘Jamesmanía’ se ha apoderado de Ibagué. Desde su estelar actuación en Brasil y su posterior fichaje por el Real Madrid, decenas de padres llaman a diario para pedir un lugar para sus hijos en la escuela que alumbró al jugador del Real Madrid.

James se integró en el equipo de menor categoría de esta escuela. Pero con 7 años ya pudieron intuir sus primeros instructores que en sus manos no había caído un proyecto más de futbolista. “En aquellos primeros momentos ya sobresalía sobre los demás. Empezó jugando de ‘10’ y la clave de su éxito es que a tan temprana edad ya sabía a dónde quería llegar. Su ilusión y su firme convicción le llevaron a la cima. Ser el ‘10’ el resto de su vida, eso es lo que quería James. Ha superado todo lo previsto y cada paso que da es más grande que el anterior”, explica Brinner.

Los que vivieron aquellos años en Ibagué recuerdan que James nunca tenía juguetes. Cuando tocaba cumpleaños o fiestas navideñas, el regalo siempre era el mismo: un balón de fútbol. Cuando cumplía años, la torta de cumpleaños era un campo de fútbol, un balón de fútbol o algo similar. “Calmado, muy tranquilo, muy normal... Es que toda su vida giró alrededor de un balón; sus estudios, las vacaciones, su vida cotidiana… Todo siempre estuvo influenciado por el fútbol. Su padrastro, su madre, sus tías y sus abuelos organizaban sus vidas en función de los compromisos que tuviera James”, recuerda Yull con cariño.

El Pony Fútbol de Colombia de 2004, el torneo infantil más importante del país, fue el trampolín definitivo para James. La Academia Tolimense de Fútbol se llevó el título, liderado por un James que marcó 9 goles -máximo anotador del torneo- y fue declarado mejor jugador. Un gol olímpico en la final fue la guinda. El Envigado, club de la provincia de Antioquía, le captó poco después. Ofreció un contrato laboral a sus padres, un hogar, un buen colegio para James… Sus días como jugador de la Academia Tolimense acabaron.

La semana pasada, James Rodríguez pasó por Ibague, pero no pudo visitar la Academia Tolimense de Fútbol. Todos los días, niños y familias se agolpaban en sus instalaciones soñando con ver y tocar al nuevo jugador del Real Madrid. Muchos pequeños no pudieron evitar el llanto viendo cómo después de tantas horas de espera, el maestro no aparecía. “Es una luz para todos los niños de Ibagué. Esperamos su visita para la próxima y ojalá no se olvide de nosotros y nos ayude a tener un nuevo campo”, comenta esperanzado el primer guía futbolístico de Rodríguez.

Fútbol
Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
0 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios