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El caso de Charles Leclerc o cuando Ferrari te muestra que no eres imprescindible
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TENSION INTERNA

El caso de Charles Leclerc o cuando Ferrari te muestra que no eres imprescindible

La extraña conversación en carrera entre el piloto monegasco y su ingeniero, es la enésima prueba que la comunicación entre piloto y equipo cada vez está mas tensionada

Foto: Charles Leclerc, en una imagen del último Gran Premio. (Reuters/Stephane Mahe)
Charles Leclerc, en una imagen del último Gran Premio. (Reuters/Stephane Mahe)

Si hay algo que no gusta nada en Maranello es que un piloto deje en mal lugar al equipo. Por clamoroso que sea el fallo, por malo que sea el coche, por injusta que sea una decisión estratégica, lo peor que puede hacerse en Ferrari es desautorizar, ridiculizar o simplemente llevar la contraria públicamente al equipo. No es una cuestión de justificar esta política, ni de argumentar que esta forma de hacer las cosas esté bien o esté mal. La idiosincrasia de Ferrari es así. Lewis Hamilton puede decir jocosamente que su Mercedes este año es una mierda, pero cuando Alain Prost dijo que su coche parecía un camión, al día siguiente estaba en la calle de los lunes al sol.

Cuando un piloto dice una tontería se intenta relativizarla: que si 'ya sabemos como es fulanito', que si la adrenalina, que si la juventud, etc. De igual forma, cualquier piloto que ficha por Ferrari debería saber antes de firmar el contrato a qué clase de equipo va, cuál es su filosofía, qué temas irrelevantes en otras organizaciones aquí deben ser enfocadas de forma totalmente distinta. Y si todos esos peajes, fáciles de conocer leyendo un poco de historia del equipo, no te gustan, mejor buscarse un volante en otro sitio.

El equipo por encima de todo

Da que pensar que la protección a ultranza de Mattia Binotto sobre Carlos Sainz en su dificultoso inicio de temporada, negándose a adjudicarle un rol de gregario de Leclerc, se deba a que este tiene mucho más interiorizado este discurso que el monegasco: la importancia de nunca hacer de menos públicamente a su equipo. Famosa fue la frase de Enzo Ferrari cuando en el Gran Premio de España de 1975 sus dos pilotos! Lauda y Regazzoni, chocaron clamorosamente cuando iban primero y segundo: “Estos dos idiotas no se han enterado de que el equipo está siempre por encima de todo”. La escena se repitió un año después en el circuito de Brands Hatch: Clay Regazzoni fue despedido del equipo a final de temporada.

Todo aquel que entra a trabajar en el ‘Reparto Corse’ tiene grabado a fuego esa máxima de poner al equipo por encima de cualquier ambición personal. Pero esta temporada, ya son muchas las ocasiones en las que Leclerc, en caliente, deja en mal lugar a su equipo. Aunque luego en frío y seguramente con reprimenda de Binotto por medio recula y da una explicación ‘amable’ a sus problemas. Sin embargo, la cúpula de Ferrari quizás empiece a estar ya cansada de las puyas de su piloto en público. La penúltima ocurrió durante los entrenamientos clasificatorios del pasado Gran Premio de Bélgica, cuando cuestionó por qué le cambiaban los neumáticos, obligando posteriormente al director deportivo Laurent Mekies a salir a la palestra a justificar que fue una decisión de última hora, ante la necesidad de clasificar bien a pesar de las penalizaciones.

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Binotto fno es la primera vez esta temporara que tiene que reprender la actitud de Leclerc (Formula 1)

Una pregunta nada casual

En la Fórmula 1, como casi todo en la vida, nada es casual y la extraña conversación entre Leclerc y su ingeniero a mitad de carrera puede explicar que Ferrari haya querido dar un toque de atención a su piloto. La fórmula es tan simple como no decidir por él en los mensajes de la emisora, sino preguntarle directamente qué es lo que querría hacer. Algo así como: “Oye, si eres tan listo que a toro pasado siempre criticas nuestras decisiones, ahora somos nosotros los que te preguntamos qué es lo que decides hacer”. La respuesta de Leclerc era inevitable: “No lo sé, me faltan datos”. Si jamás se desarrolla una conversación de este tipo a través de la radio y de repente se hace ahora, parece más una forma de aleccionar al piloto que de trasladarle dudas desde el muro de boxes.

Basta ver como a final de carrera Ferrari hizo entrar a Leclerc a boxes para que intentara hacer la vuelta rápida y sumar así un punto adicional. El monegasco contestó por la emisora que le parecía absurdo entrar, pero desde el muro fueron categóricos: “¡Box ya!”. Es decir, si en la misma carrera preguntas primero la opinión a un piloto y luego, sin embargo, le envías una orden clara en contra de su opinión, a buen entendedor no hacen falta más palabras.

El tema venia ya enrarecida desde Hungría, donde Leclerc sugirió que perdió un posible triunfo por culpa de errores estratégicos de su equipo, cuando era evidente que en el cómputo global del Gran Premio los Red Bull eran mucho más rápidos que los Ferrari. El ritmo de Sainz lo demostraba, y la vuelta a vuelta de Verstappen lo confirmaba. Mattia Binotto secundaba las palabras de Sainz y reconocía una pérdida dramática de competitividad por la diferencia de temperaturas de viernes a domingo. Fue quizá la gota que colmó el vaso.

Ferrari ha cometido muchos errores estratégicos esta temporada, eso es innegable, pero Leclerc también tiene su buena cuota de oportunidades perdidas. La más notoria, una más que posible victoria en el Gran Premio de Francia, por un error exclusivamente personal. Incluso en ese momento la primera palabra que mencionó a través de la emisora fue un posible fallo del acelerador, aunque luego reconociera que simplemente falló él. Entre y otros fallos propios, Leclerc ha dejado escapar como mínimo más de treinta puntos y tiene a Carlos Sainz apenas 15 puntos por detrás.

placeholder El ritmo de evolución de los Ferrari ha ido perdiendo fuelle respecto a Red Bull (REUTERS/Stephane Mahe)
El ritmo de evolución de los Ferrari ha ido perdiendo fuelle respecto a Red Bull (REUTERS/Stephane Mahe)

Posible brecha en el equipo

Se percibe también una brecha en el equipo entre la ‘tropa’ que parece estar más del lado de Leclerc, y los ‘generales’, que se sienten más cómodos con la actitud seria y constructiva de Sainz. No es que este eluda la crítica, pero tiende a usar el ‘nosotros’ a la hora de equivocarse que Leclerc. La frustración del monegasco es fácil de comprender, porque es compañero de quinta de Max Verstappen y ve como el holandés empieza a distanciarse irremisiblemente de él en palmarés. Es la misma frustración por la que antes pasó Fernando Alonso y posteriormente Sebastian Vettel. Ferrari ejerce una atracción especial para todos los pilotos, pero la realidad confirma que ganar con ellos es muy difícil.

La competitividad inicial de Ferrar hizo creer a todos, empezando por el propio Leclerc, que había coche para ganar el mundial. Pero fue una ilusión diluida más por el demoledor ritmo de evolución de Red Bull que por los fallos de Ferrari. Algo ya visto varias veces en el pasado, porque nadie evoluciona los coches a lo largo de la temporada como Red Bull y el baño de realidad de Spa-Francorchamps quizá haga recapacitar al monegasco.

Si a estas alturas de la temporada Max Verstappen y Checo Pérez son primero y segundo en la clasificación de pilotos, también lo es que Ferrari ha dado un buen salto de competitividad respecto a 2021, pero la superioridad de RedBull es más que evidente. Una cosa ser tan rápido como tu rival puntualmente. Pero si con frio o calor, circuitos rápidos o circuitos lentos, neumáticos duros o blandos, un equipo puntúa alto y otro lo hace sólo a veces, hay que forzar más las estrategias y la conducción, y de ahí vienen los errores. ‘Piedi a terra e testa bassa’. Mejor seguir trabajando duro para dar el último paso frente a Red Bull, que enzarzarse en polémicas inútiles. Porque ya lo decía el ‘Commendatore’: ‘Nadie por encima del equipo’.

Si hay algo que no gusta nada en Maranello es que un piloto deje en mal lugar al equipo. Por clamoroso que sea el fallo, por malo que sea el coche, por injusta que sea una decisión estratégica, lo peor que puede hacerse en Ferrari es desautorizar, ridiculizar o simplemente llevar la contraria públicamente al equipo. No es una cuestión de justificar esta política, ni de argumentar que esta forma de hacer las cosas esté bien o esté mal. La idiosincrasia de Ferrari es así. Lewis Hamilton puede decir jocosamente que su Mercedes este año es una mierda, pero cuando Alain Prost dijo que su coche parecía un camión, al día siguiente estaba en la calle de los lunes al sol.

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