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El extravagante millonario americano que convirtió en pueblerinos a todos en la F1
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UNO DE LOS PIONEROS EN SU GÉNERO

El extravagante millonario americano que convirtió en pueblerinos a todos en la F1

David Thieme fue el primer espécimen que llegó a la Fórmula 1 rodeado de dinero, glamour, cosmopolitismo... y peligros. El comienzo del fin para el mítico Colin Chapman y Lotus

Foto: David Thieme, en una imagen de 1981. (Keystone/Hulton Archive/Getty)
David Thieme, en una imagen de 1981. (Keystone/Hulton Archive/Getty)

Hubo un tiempo en que la Fórmula 1 era asunto de carreristas con no más glamour que de la velocidad y sus riesgos, y la personalidad y el carisma de sus pilotos. Pero según Bernie Ecclestone empezó a plasmar el “sexo, poder y dinero” que consideraba los motores del ser humano, llegaron millonarios, personajes ansiosos de reconocimiento global y aventureros de altos vuelos que transformaron el ambiente que rodeaba a la Fórmula 1. Uno de esos pioneros fue el americano David Thieme, quien rompió los esquemas hasta del mismísimo Colin Chapman, y también abrió la puerta de su ruina.

A menudo anónimos pero yonkis del reconocimiento social, la Fórmula 1se ofrecía como el escenario idóneo para sus hogueras de vanidades sociales y personales. Patrocinar un equipo era la llave de entrada, mientras Ecclestone miraba hacia otro lado con determinados perfiles. Thieme fue uno de los primeros de aquellos ostentosos millonarios de dudosa reputación y actividades que, o salían por la puerta de atrás, o entraban por la de la cárcel.

Encender los puros con billetes

Dedicado inicio al diseño industrial, el ambicioso Thieme entró muy joven en ‘trading’ del petróleo y creó su compañía, la Essex Overseas Petroleum Corporation, con la que jugaba en el delicado terreno creado por el embargo de la OPEP a mediados de los setenta. Enormes sumas de dinero se podían lograr con los contactos adecuados y dos o tres teclas que tocar. Era leyenda que Thieme ganaba decenas de millones en operaciones puntuales desde una habitación de hotel en Mónaco. En semejante entorno se requerían personalidades que supieran moverse entre exclusivas alfombras, sobre las que saber pasear lujo y riqueza eran herramientas indispensables en el maletín. David Thieme llegó a la Fórmula 1 con semejante tarjeta de visita.

El americano se apasionó por los automóviles como todo millonario de alto nivel que se precie. De aquí a las carreras, un paso. El olfato de Colin Chapman captó a un multimillonario ideal para su equipo y le puso el señuelo. De figura inconfundible, con su eterno sombrero redondo, gafas cuadradas y puro eterno, David Thieme traía a la Fórmula 1 algo más que un patrocinio para uno de los equipos del momento, Lotus. Con su exhibicionismo económico ridiculizaba los cánones del lujo conocidos hasta el momento, deslumbrando a sus protagonistas de toda la vida. Metafóricamente hablando, encendía sus puros con billetes.

Los ricos son de otro planeta

Thieme comenzó a patrocinar Lotus en 1979, recién conseguidos los títulos el año anterior. Su vocación por el diseño también rompía moldes con su inconfundible logotipo, que asaltaba la elegantísima librea de John Player Special. Empezó avasallando al personal con la presentación del equipo en el Paradis du Latin, el famoso cabaret parisino, algo insólito para la época y dando ya pistas a los Briatore de turno. Las bailarinas rodeaban a Mario Andretti, vestido como un señor, tras haber bajado del techo el nuevo Lotus de aquel año.

En 1981 la presentación se celebró en el Royal Albert Hall, con casi mil invitados y el helicóptero personal pintado con los colores de Essex subido a un autobús londinense. Hasta Margaret Tatcher acudió, y Ray Charles fue uno de los anfitriones musicales. Pocos años antes, el mismísimo Ken Tyrrell presentaba sus monoplazas en un cobertizo o la parte trasera de su casa. Thieme dejaba a todos como pueblerinos trotamundos.

El americano personalizaba las aspiraciones y sueños de tantos, en la Fórmula 1 y fuera de ella. Aviones y helicópteros privados, suntuosidad como norma de vida, hasta el propio Colin Chapman quedó atrapado por un estilo de vida de otra dimensión para su focalizada visión de carrerista. El americano le enseñó lo que significaba aquella famosa frase: “los ricos son de otro planeta”, que diría Tom Wolff, y quiso subirse al tren de lujo, glamour y fiestas sociales. Thieme llegó a financiar una edición especial de cien unidades del Lotus Esprit, uno de los deportivos de la época, pintado con los espectaculares colores de Essex.

placeholder El mítico DeLorean fue la puntilla para Colin Chapman tras el fiasco de David Thieme
El mítico DeLorean fue la puntilla para Colin Chapman tras el fiasco de David Thieme

La caída en barrena

El periodista francés Gerard Crombac, amigo personal de Colin Chapman, escribió su biografía “El hombre y su coche”, en la que dejaba entrever a Chapman se ‘le fue la pinza’ tras conocer a Thieme. Pero a partir de 1981 el americano y el británico empezaron a caer en barrena, cada uno por su lado. Thieme fue detenido por sorpresa cuando su avión privado aterrizó en Zurich. Sus relaciones con la banca suiza, que financiaba sus operaciones, no debían estar en orden y fue encarcelado. Aunque liberado al cabo de algunos días, la empresa Essex sucumbió y Lotus perdió el patrocinio sobre la marcha. El exuberante David Thieme se evaporó de la espuma social tan rápido como llegó. Pasó al anonimato y nunca más se supo de él. Pero dejo secuelas.

Chapman había sufrido en 1982 la dolorosa derrota en los despachos de la Fórmula 1 y a mano de sus rivales, cuando lograron retirar el genial Lotus 88 de doble chasis, cuyo carácter revolucionario superaba en algunos aspectos al famoso Lotus 79. Aquel mismo año fue letal para Chapman, quien había llegado a un acuerdo con John DeLorean para construir su famoso deportivo (el de la película “Regreso al futuro”). El americano había recibido 56 millones de libras del gobierno británico para construir el coche en Belfast, pero se descubrió que la mitad de aquella cantidad había sido transferida a Panamá. Chapman fue interrogado por las autoridades británicas, ya que la transferencia fue realizada a nombre de una compañía relacionada con Lotus. En diciembre, Chapman fallecía de un repentino ataque al corazón. Oficialmente.

Hubo un tiempo en que la Fórmula 1 era asunto de carreristas con no más glamour que de la velocidad y sus riesgos, y la personalidad y el carisma de sus pilotos. Pero según Bernie Ecclestone empezó a plasmar el “sexo, poder y dinero” que consideraba los motores del ser humano, llegaron millonarios, personajes ansiosos de reconocimiento global y aventureros de altos vuelos que transformaron el ambiente que rodeaba a la Fórmula 1. Uno de esos pioneros fue el americano David Thieme, quien rompió los esquemas hasta del mismísimo Colin Chapman, y también abrió la puerta de su ruina.

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