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La historia del Lotus 79, 'padre' de los próximos Fórmula 1, y por qué serán tan fascinantes
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Filosofía aerodinámica nacida en los 70

La historia del Lotus 79, 'padre' de los próximos Fórmula 1, y por qué serán tan fascinantes

En el monoplaza más disruptivo de la historia de la F1, nacido en los setenta, se encuentra la esencia de los nuevos monoplazas, pero ahora con sofisticadas herramientas técnicas

Foto: Mario Andretti al volante del Lotus 79, junto a Ronnie Petersson. (Imago)
Mario Andretti al volante del Lotus 79, junto a Ronnie Petersson. (Imago)

Fue uno de los grandes disgustos para Zak Brown en 2021. Tenía previsto pilotar su Lotus 79 en el circuito de Silverstone durante el pasado GP de Gran Bretaña, pero el covid se lo impidió. "La verdad sea dicha, estaba tan enfadado por ello como por no estar con mi equipo en la carrera de casa". Sin la menor duda, el coche más revolucionario –y atractivo– de la historia al desarrollar en toda su magnitud el 'efecto suelo' que recuperará la Fórmula 1 en 2022, que esa elegante 'teoría del cisne' de Adrian Newey ilustra.

No habrá ingeniero aerodinamicista que no haya estudiado aquel famoso monoplaza. "Fue una innovación que hoy todavía denominamos 'tecnología disruptiva', un cambio de juego que puso a la aerodinámica como elemento fundamental de un coche de carreras", explica el ingeniero británico en su libro 'How to build a car' ('Cómo construir un coche'). El británico usaba el vuelo de un cisne a ras de agua como metáfora del 'efecto suelo' que veremos cuando conozcamos la nueva generación de monoplazas. Todos tendrán que referirse a aquel mítico Lotus 79, el padre aerodinámico de todos ellos.

placeholder Newey elegiría el nacimiento del Lotus 79 para empezar como ingeniero. (EFE/Lewis Chapman)
Newey elegiría el nacimiento del Lotus 79 para empezar como ingeniero. (EFE/Lewis Chapman)

El precedente, el 78

El Lotus 79 fue el primer monoplaza que multiplicó la capacidad de un coche de carreras para generar carga aerodinámica. Su predecesor incorporó unos largos pontones laterales, cuyo interior estaba modelado como un ala de avión invertida, a través de los cuales pasaba un flujo de aire que acentuaba su adherencia por la diferencia de velocidad del flujo del aire entre la superficie exterior del monoplaza y la que entraba a través de los pontones.

Newey recurría a la naturaleza utilizando el vuelo de un cisne volando en paralelo a la superficie del agua y tocando esta con la punta de sus alas. "Haciéndolo así, provoca dos efectos muy potentes: uno, si la punta del ala toca la superficie, sella la pérdida del aire (lateral) y la baja presión de la superficie de succión no queda comprometida, y el ala es mucho más eficiente; y dos, la corriente de aire que circula por debajo del ala (creada por el vuelo) reacciona contra la superficie del río, creando una zona de alta presión debajo del ala". Así nacieron los famosos 'wing car' y así funcionarán los próximos monoplazas. Pero al primer Lotus 78 le faltaba que la punta de las alas del cisne tocara el agua.

Por qué tocar el suelo

Todo empezó cuando Colin Champman, uno de los mayores disruptores de la Fórmula 1, comenzó a trabajar con sus técnicos y el recién llegado Mario Andretti, que consideraba que los coches del británico eran "solo un poco más rápidos que un autobús de Londres". El americano les pidió más carga aerodinámica y nació en 1977 el mencionado Lotus 78. Peter Wright, uno de los inspiradores del 'efecto suelo', reconocía que solo trabajaban con papel, lápiz e intuición para su diseño.

placeholder Colin Chapman fue uno de los ingenieros más disruptivos de la F1. (Imago)
Colin Chapman fue uno de los ingenieros más disruptivos de la F1. (Imago)

Con el Lotus 79, el equipo refinó el concepto. Todo el monoplaza se concibió en torno en esos pontones laterales. Se eliminaron hasta los depósitos de combustible en los lados, que pasaron a la parte trasera del piloto. Se 'limpió' toda la carrocería exterior con el fin de eliminar cualquier obstáculo para el flujo del aire por la superficie superior, tan importante como la inferior para crear las diferencias de presión que succionaran el coche al asfalto. De aquí las extraordinarias líneas del 79, combinadas con el negro de su carrocería y las letras doradas del patrocinador 'John Player Special'. Todavía se puede apreciar la modernidad del monoplaza.

Pero los pontones no tocaban el suelo en su predecesor. De repente, probando en Hockenhein, Andretti descubrió que el coche generaba una carga muy superior cuando por la inclinación se acercaba el pontón a la superficie del asfalto. En plan casero, montaron unas bandas de plástico laterales que tocaran con el suelo (el equivalente a la punta de las alas) y sellaran los túneles. Instantáneamente batieron el récord de vuelta. Cuando el plástico se desgastó, el coche empezó a perder carga. En Lotus aprendieron la lección e incorporaron en el 79 unas faldillas móviles de cerámica siempre en contacto con el suelo. Había nacido un arma letal y la máquina más disruptiva en la historia de la Formula 1. En 1978, Mario Andretti y Ronnie Petersson se pasearon por el campeonato, y el americano se llevó el título.

Pioneros y herramientas modernas

Si en los años cincuenta las fuerzas centrífugas alcanzaban 0,6-0,7g, en los sesenta llegaban a 1g con ruedas más anchas y el motor detrás del piloto. Antes del Lotus 79, esas fuerzas alcanzaban los 1,5g. Con 'La Belleza Negra', como también se le conocía, se alcanzaron los 3g ante el extraordinario paso por curva de los 'wing car', porque todos los equipos incorporaron el concepto a sus monoplazas inmediatamente.

placeholder El Lotus 79 destaca por su elegancia y líneas modernas. (Reuters/Patrick Chiminck)
El Lotus 79 destaca por su elegancia y líneas modernas. (Reuters/Patrick Chiminck)

"Si pudiera volver a algún momento de la historia de la Fórmula 1, sería aquel", confesaba Adrian Newey en su libro, para quien Colin Chapman "es lo más cercano que tengo a un héroe diseñador", admite. "Entonces, mirabas a todos los coches de la parrilla y todos eran diferentes de principios a finales de los 70. El reglamento era muy pequeño, tenían una gran libertad, pero poca comprensión del resultado final, solo porque no tenían las herramientas de investigación de las que nos beneficiamos hoy. Solo estaban empezando a despertarse de las posibilidades de los túneles de viento y las herramientas de simulación de la actualidad".

El Lotus 79 nació en aquel contexto y ambiente técnico al que se refiere Adrian Newey. Los nuevos 'wing car' serán el fruto de aquellos principios de pioneros y la interpretación del nuevo reglamento, desarrollados ahora con las sofisticadísimas herramientas del presente. En pocas semanas, comprobaremos cuál es la respuesta de cada equipo, incluyendo la del propio Adrian Newey y sus ingenieros. El vuelo del cisne en 2022 va a ser realmente fascinante.

Fue uno de los grandes disgustos para Zak Brown en 2021. Tenía previsto pilotar su Lotus 79 en el circuito de Silverstone durante el pasado GP de Gran Bretaña, pero el covid se lo impidió. "La verdad sea dicha, estaba tan enfadado por ello como por no estar con mi equipo en la carrera de casa". Sin la menor duda, el coche más revolucionario –y atractivo– de la historia al desarrollar en toda su magnitud el 'efecto suelo' que recuperará la Fórmula 1 en 2022, que esa elegante 'teoría del cisne' de Adrian Newey ilustra.

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