un equipo histórico en venta

No tenía ni para el teléfono y acabó ganando 114 GP: por qué Williams no debe caer

Frank Williams es el personaje que más años ha estado el frente de una escuadra de F1. La puesta en venta de su equipo amenaza con la continuidad de un legado único

Foto: Frank Williams junto a Walter Wolff, en uno de los peores momentos para la supervivencia del británico en la F1 (Imago)
Frank Williams junto a Walter Wolff, en uno de los peores momentos para la supervivencia del británico en la F1 (Imago)

Era el equipo al que Ayrton Senna se ofreció para correr gratis, pero lo impidió otro tricampeón, Alain Prost, que se había asegurado el puesto con un año de antelación. Fue la imbatible escuadra que ganó títulos con Honda y Renault. El equipo que trajo a la Fórmula 1 los petrodólares en los años setenta. Escruadra oficial de BMW. Y con su fundador en silla de ruedas desde 1986. Hoy, uno de los nombres legendarios de este mundo está en venta. Y tanto el titánico fundador como su familia pueden perder el control y su apellido desaparecer de la Fórmula 1 justo cuando esta se va aligerar económicamente a partir de 2021.

Entre 1979 y 1997 Williams ganó siete títulos de pilotos y nueve de constructores, con 113 victorias. Hoy, el camino hasta la actual encrucijada está bien documentado por su agonizante evolución en las pistas y despachos. Sin embargo, convendría remontarse a los increíbles orígenes y brutal lucha por la supervivencia de Williams para lamentar que su peripecia única pueda morir en manos de terceros. Porque en los 70 la Fórmula 1 reunía a un singular grupo de artesanos británicos de las carreras, iluminados por el rojo de Ferrari. Entonces, para entregarse a una vida de trotamundos y penalidades económicas exigía una pasión que desbordaba el sentido común. Frank Williams era el mejor de sus exponentes.

Aquellos duros inicios para sobrevivir en la Fórmula 1 no solo ilustran la epopeya de Williams, también la de tantos aventureros para hacerse un hueco y sobrevivir en este mundo. Muchos equipos se quedaron por el camino en aquellas décadas. Williams puede también caer, tristemente, tantas décadas después.

Préstamo para el hotel de Mónaco

Con 20 años, Williams ya corría con un Austin A35 en los circuitos británicos. Pero en todas las carreras se salía de la pista. En una de ellas acabó estrellado en el mismo sitio que otro piloto, un tal Johathan Williams, quien le ayudó a salir del coche. Se hicieron amigos y Jonathan le presentaría después a un piloto de raza aunque desconocido por entonces, Piers Courage. El trío siguió en contacto, Frank Williams dejó su trabajo en una firma de ultramarinos para convertirse en mecánico del otro Williams. También alquiló un Fórmula 3 y con varios pilotos que se hicieron amigos llevaron una vida de ‘gitanos de las carreras’ por toda Europa, viviendo y durmiendo con lo puesto. La competición era droga dura y entró en vena para toda la vida.

Williams comprendió que era no había futuro al volante, mientras su amigo Piers Courage se convertía en una gran promesa. Con trapicheos por aquí y por allá, Frank fundó un equipo con su propio nombre, como no podía ser de otra manera. Consiguió un Fórmula 2 nuevo para su amigo Piers en 1968. No tenían dinero ni para piezas de repuesto, pero Courage destacaba por su velocidad. Williams decidió que había que dar el salto a la Fórmula 1. Entonces eran otros tiempos. Quería un Brabham, pero el dueño de la fábrica oficial, Ron Tauranac, se lo negó. Engañó a otro cliente para hacerse con una unidad bajo cuerda. En su segunda carrera, el Gran Premio de Mónaco, aquellos apasionados sin un duro terminaron segundos, toda una proeza para un equipo privado. Había viajado con tres mecánicos, el conductor del camión, Piers, el piloto, y su mujer, Sally. El propio Williams tuvo que pedirle prestado dinero a su piloto para pagar el hotel de Mónaco.

Llamar desde la cabina

Gracias a aquellos fuegos artificiales, Alejandro de Tomaso le ofreció un chasis, pero Williams tenía que pagar los motores. Piers Courage recibió una oferta de Ferrari que, incomprensiblemente, rechazó para quedarse con su amigo. Poco más tarnde, en el Gran Premio de Holanda, Piers se mató. Williams perdió a su gran amigo y con solo 28 años la tragedia le arrasó tanto personal como económicamente. Siguió exprimiendo la bayeta como podía. Durante una buena temporada atendía el negocio desde una cabina telefónica por falta de pago de la línea en la fábrica. De trampa en trampa y patrocinadores por aquí y por allá, llegó un millonario canadiense, Walter Wolf, quien acordó comprarle los motores. Terminó por quedarse con la escuadra entera porque Williams estaba tieso, y quedó como empleado del mismo equipo que había fundado. Pero el británico no había nacido para ello.

Inasequible, Williams fundó por segunda vez otro equipo. Conoció a Patrick Head, un ingeniero joven, con talento y temperamento de sargento de marines. Con ambos como socios nació Williams Grand Prix Engineering. Williams dejó en manos de Head la parte técnica. Sus personalidades se complementaban a la perfección. Head era el ogro que Williams necesitaba. Y llegó la tercera pata de banco. Otro marine de raza con casco y guantes, el australiano Alan Jones. Aquel comando de combate no era apto para temperamentos débiles. Head y Jones eran temibles juntos. Llegó la pieza final para el despegue cuando el habilidoso Williams atrapó a Saudi Airlines y sus petrodólares como patrocinador del equipo. Hasta entonces, Williams competía con un solo monoplaza.

Frank Williams fundó un equipo que hizo historia en la Fórmula 1.
Frank Williams fundó un equipo que hizo historia en la Fórmula 1.

Inválido en la cresta de la ola

En 1979 Patrick Head diseñó una joyita ‘wing car’ en el FW06 y ganó su primera carrera con Clay Regazzoni. Con el FW07 arrasaron en 1980 y Alain Jones y Williams lograron los dos títulos. En 1982 repitió con Keke Rosberg. Aquel corredor de fondo -tanto en la vida real como en la Fórmula 1- que se refugió en una cabina telefónica como oficina estaba en la cúspide de la Fórmula 1. En 1983 se llevó los motores de Honda. Pero en su momento más dulce, cuando Williams aplastaba con Mansell y Piquet, su Ford Sierra de alquiler salió dando vueltas de campana al dejar el Paul Ricard. Era un hooligan al volante, como él mismo reconocía. Los médicos avisaban a su mujer que no tenía salida. Estuvo a punto de fallecer varias veces en las semanas siguientes.

Sobrevivió, aunque inválido, y necesitó un asistente para siempre. Tenía 45 años. Indomable, apareció en silla de ruedas meses después en el Gran Premio de Gran Bretaña. ¿Vender el equipo y retirarse a una vida más tranquila? ¿Frank Williams? Siguió al frente durante años. En 1994 cumplió el gran sueño del británico: Ayrton Senna subido a uno de sus monoplazas. Le perdió tras la segunda carrera. Como en su día con Piers Courage, nada podía doler más.

Su hija Claire, que dirige el equipo con escasa fortuna, ha tenido que poner la organización en venta. Recordando aquellos duros inicios, nunca debería permitirse que el nombre de Frank Williams abandone la Fórmula 1.

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