Los Williams FW07D y FW08B

El test más secreto en F1 (durante un día) de un revolucionario coche que nunca corrió

Williams llevó a cabo uno de los proyectos más revolucionarios de la Fórmula 1, de gran potencial desde sus inicios, pero rápidamente prohibido ante la presión de otros equipos

Foto: Los Williams FW07D y FW08B, dos coches revolucionaros con los que nunca se corrió
Los Williams FW07D y FW08B, dos coches revolucionaros con los que nunca se corrió

“Un periodista amigo me dijo que se iba a probar un coche especial en Donington. Y que Alan Jones iba a probarlo. Así que despues de una carrera me fui a casa y al día siguiente mi madre me llevó al circuito. Cogí el abrigo de mi padre y llevaba dos cámaras debajo. Escuché el motor, yo estaba escondido, y Jones apareció con el coche. Pude tomar tres fotos en blanco y negro. Saqué rápidamente el carrete, me lo guardé en el bolsillo y metí otro de color. Solo me dio tiempo para hacer otras tres fotos antes de que mi pillara la gente de seguridad”. Pero el fotográfo británico Mark Sutton logró sorprender a todo el mundo con aquellas fotografías de un coche totalmente diferente a lo visto hasta ese momento. Y Williams no era precisamente un cualquiera en aquellos tiempos.

Era el año 1982. Sutton relataba cómo se enteró un test secreto. Alain Jones a los mandos acababa de ganar en Las Vegas y viajó a Gran Bretaña para probar esa máquina tan singular, el FW07D. No era el primer monoplaza de seis ruedas, pero sí el primer intento de llevar cuatro en la parte trasera. Un monoplaza que fue rápidamente puesto en el punto de mira de sus rivales y nunca llegó a correr.

Había que inventarse algo

Tiempo atrás, Tyrrell había revolucionado la Fórmula 1 con el famoso P34 de seis ruedas, aunque cuatro de ellas en el eje delantero. Aunque March ya había presentado en 1977 un prototipo con un concepto similar al de Williams, no había recursos para su desarrollo. Se trataba además de un proyecto con motor y caja de cambios vacia. El P34 ofrecía muchos problemas y fue pronto retirado. Pero Williams era uno de los equipos punteros de la Fórmula 1 a primeros de los ochenta. No había que perder de vista la idea, porque si Patrick Head estaba detrás -uno de los líderes técnicos en la historia de la F1- algo tendría el concepto. Jones estaba a punto de retirarse, y Frank Williams también esperaba disuadirle con una posible arma letal ¿Qué vió Head pensó para la viabilidad de un monoplaza que rompía todos los esquemas?

La Fórmula 1 vivía a comienzos de los ochenta varias revoluciones. Por un lado, los efectos del ‘wing car’ de Lotus, ya copiados por todos los rivales. Por otro, Renault estaba alcanzando su madurez con la tecnología turbo, dejando atrás a todos aquellos equipos con el Ford Cosworth atmosférico, el propulsor todo terreno durante más de una década. Por si fuera poco, el año anterior McLaren había introducido el primer chasis de fibra de carbono, que proporcionaba una extraordinaria rigidez a su monoplaza. En una época de conceptos revolucionarios, Williams necesitaba sacar un nuevo conejo en su chistera. ¿Por qué no un monoplaza de seis ruedas? Sobre el papel, ofrecía grandes ventajas.

Sin alerones

El P34 de Tyrrell mostró innumerables carencias en el eje delantero, a pesar de que reducía la resistencia frontal al disponer de neumáticos más pequeños. Pero en el eje trasero, pensaron en Williams, se reducía el obstáculo aerodinámico de las gomas más grandes del monoplaza, sin perder además superficie de contacto con el asfalto. Adicionalmente, cuatro neumáticos en el eje trasero ofrecerían teóricamente un mayor tracción y adherencia El coche era 250 mm. más largo que la versión de cuatro ruedas, necesitaba una carcasa especial de cambio y reubicar el depósito para añadir otro eje atrás, y contaba además con dos diferenciales.

Pero gracias a su mayor longitud los flancos laterales tipo ‘wing car’ del Williams podían llegar hasta el final del monoplaza. Una de las mayores ventajas del concepto. El menor tamaño de los neumáticos aumentaba el 'efecto ventosa' de los pontones ya que las faldillas laterales que los sellaban al suelo llegaban hasta el límite trasero del monoplaza. De hecho, la versión definitiva carecía de alerones.

El fotógrafo Mark Sutton ‘cazó’ el primer prototipo, el FW07D. Williams construyó luego la versión seis ruedas del coche que competía durante la temporada 1982, el FW08B. Hasta cuatro pilotos lo probaron: Keke Rosberg (el campeón), el veterano Jacques Laffite, Jonathan Palmer y Tony Trimmer. Para sorpresa general, el monoplaza se mostró razonablemente competitivo desde el primer momento a pesar del amplio desarrollo que necesitaba. Laffite fue uno de los primeros en rodar con el FW08B, en un pequeño circuito francés de Croix-en-Ternois. A las pocas vueltas reconoció que no sentía que estuviera rodando con un coche de seis ruedas. Como el Tyrrell P34, el Williams necesitaba neumáticos específicos para el eje trasero, pero el equipo utilizaba sin grandes problemas los mismos que en el eje delantero. “Era muy progresivo, si lo lanzabas y lo ponías de lado, en vez una rueda perdiendo grip, y por tanto el 50 por ciento del eje trasero, aún te quedaban tres ruedas”, explicaba Palmer, otro de los pilotos del equipo.

¿Tracción a las cuatro ruedas?

El comportamiento inicial del Williams de seis ruedas resultó mejor de lo esperado. No se iba de morro brutalmente como el equipo esperaba, y la tracción era extraordinaria. En unos entrenamientos privados mano a mano con el Renault de Alain Prost en Paul Ricard, -con una enorme recta- el Williams fue ligeramente más rápido en sus primeros compases, Sin embargo, nacía con un problema intrínseco. Era muy pesado, y requería un gran trabajo de desarrollo para aligerarlo, tarea nada sencilla. Aunque revolucionario, también se trataba de un proyecto costoso en paralelo con el programa del Campeonato del Mundo. Por aquel entonces, Williams tenía un túnel de viento, pero con un modesto un tapiz rodante y solo dos personas a su cargo.

Pero el Williams de seis ruedas no pasó desapercibido. Durante 1982 el monoplaza británico ya estaba en el punto de mira de sus rivales, temerosos de concepto que rompía todos los esquemas -como el Brabham aspiradora- y que obligaría a adoptar el mismo concepto al resto. De modo que la FOCA (la asociación de los equipos) cegó la vía con un argumento que desarmó a los técnicos de Williams, y luego fue puesto sobre papel por la FISA, la Federación Internacional: el FW08B se consideraba un monoplaza con tracción…a cuatro ruedas, algo prohibido. Se aprovechó para grabar a fuego que en el futuro y por siempre jamás un coche solo podría contar con cuatro ruedas. Cuando Frank Williams, recién llegado de la reunión de Paris, le contó a Patrick Head que sus rivales habían ido a degüello a por su criatura, dicen que se cogió uno de los mayores rebotes de su historia en el equipo. Y ya era conocido por su tremendo genio.

Solo se construyeron dos unidades de aquel famoso monoplaza. Una de ellas es parte de la Williams Collection, y se ha podido ver rodar en el Festival de Goodwood y algún que otro evento. El Williams de seis ruedas ha quedado en la historia como otro ejemplo -frustrado por su potencial- de la enorme capacidad creativa y creadora de la Fórmula 1.

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