EL PRIMER PILOTO DE LA FERRARI DRIVER ACADEMY

Jules Bianchi, el joven y talentoso tallo tronchado para Ferrari

Cuando su carrera en la Fórmula 1 comenzaba a tomar impulso, el dramático accidente de Jules Bianchi tronchó lo que podía haber sido un futuro con Maranello. Al final, no pudo luchar más

Foto: Imagen del malogrado Jules Bianchi (EFE)
Imagen del malogrado Jules Bianchi (EFE)

Jules Bianchi es el primer piloto fallecido en la Fórmula 1 por accidente en un gran premio desde Ayrton Senna y Roland Ratzenberger en 1994. Si tan triste realidad recuerda el grado de seguridad alcanzado en estas dos décadas, no amortigua la dolorosa desgracia de su prematura marcha porque al margen de ver tronchada una brillante carrera deportiva cuando más impulso estaba cogiendo, se hace dificilmente asumible ante el cúmulo de desgraciadas circunstancias que rodearon su accidente.

Hoy, posiblemente, ni Valtteri Bottas ni Daniel Ricciardo serían primeros espadas para sustituir a Kimi Raikkonen. Bianchi fue el primer piloto de la Ferrari Driver Academy, la cantera de promesas de la Scuderia. Y tras años de aprendizaje, formación y experiencia, ese talento que siempre Maranello mimó con cariño, quizás hubiera acompañando a Sebastian Vettel el próximo año en un monoplaza rojo. Al dolor de cualquier pérdida humana en un coche de carreras se suma en su caso la cruel sensación de un destino truncado.

Dentro de tan dramática realidad es magro consuelo que su fallecimiento haya puesto fin a esa "tortura diaria” en la que en la que vivían los suyos, “más terrible que si se hubiera muerto, porque no podemos ayudarle más allá de lo que está en nuestras manos” expresaron sus familiares. Fue duro escuchar hace unos días el hondo grito de dolor de su padre y una familia que ha mantenido tan serena dignidad y discreción ante la tragedia. Porque nadie merece semejante castigo cuando sabe que su ser querido no tendrá ya posibilidades de recuperación. 

Jules Bianchi sufrió un terrible accidente al impactar con una grúa que le pudo costar la vida en el acto
Jules Bianchi sufrió un terrible accidente al impactar con una grúa que le pudo costar la vida en el acto

Un milagro no fallecer en el accidente

Por duro que pueda sonar en estos momentos, que Bianchi no falleciera en el lugar del accidente fue un verdadero milagro. Las pruebas del arco de seguridad de un monoplaza deben soportar durante diez segundos una plancha con cargas verticales de nueve toneladas, laterales de cinco y frontales de seis. Que el arco del Marussia fuera arrancado de cuajo al meterse debajo de esa maldita grúa fue la violentísima prueba de un accidente tan brutal. El casco de Bianchi estaba en mitad del camino. La primera sensación era la de que no había forma de salir con vida de semejante impacto. A pesar de todo, Jules Bianchi luchó por lograrlo durante nueve meses.

Las sagas familiares en el motor no han estado exenta de ser golpeadas por la tragedia. John Surtess perdió a su Henry en 2009, en la Fórmula 2, cuando el neumático suelto y botando por la pista golpeó su casco en un cúmulo de circunstancias terrible y fortuitamente desgraciadas. Otro tanto ocurrió con Jules Bianchi. Una pista llena de agua, con regueros, una oscuridad inusual para una carrera, un sistema electrónico de su monoplaza que no funcionó cuando aplicó freno y acelerador a la vez al salirse de la pista –y de lo poco se ha hablado–, una grúa en el exterior de la pista que echaba marcha atrás para mover el monoplaza de otro piloto en una carrera neutralizada... Demasiadas circunstancias conjuradas en un solo punto. Y ante semejante fatalidad solo queda recordar la cruz de la fatalidad con la que el destino también arroja la moneda al aire.

Sus compañeros siempre estuvieron pendientes de la evolución de Bianchi (Reuters)
Sus compañeros siempre estuvieron pendientes de la evolución de Bianchi (Reuters)

También en Mónaco, como su tío abuelo

La marcha de Jules Bianchi también debería servir para admirar y reconocer la pasión con el automovilismo que atrapa a familias enteras. Son muchos los hijos y familiares de pilotos que siguen la línea de sus padres, abuelos o familiares cercanos. No debería juzgarse este hecho como un juego de privilegiados, sino más bien como la transmisión de un virus que solo quien ha probado la intensidad deportiva –y hasta vital– de la competición puede entender. Luego, allá el talento y la determinación de cada cual.

La familia Bianchi también había sido atrapada por ese virus, a veces letal. Y a pesar del recuerdo y destino de Lucien Bianchi en su seno, Jules también decidió jugar a la ruleta rusa en que la que veces se convierten las carreras. Hermano de su abuelo, Lucien compitió también en la Fórmula 1, con el tercer puesto de Mónaco en 1968 como mejor resultado. Ganó las 24 Horas de Le Mans en 1968, pero falleció en los entrenamientos de la misma carrera el año siguiente.

Quiso el destino que fuera en Mónaco donde Jules Bianchi logró su mejor resultado, confirmando ese talento que Ferrari siempre vio en el francés, pero que no se expresó antes con la contundencia que se esperaba. En las World Series fue subcampeón en 2012, aunque con tantos toques de genialidad como de inconsistencia, y se dejó arrebatar el título en la última carrera ante Robin Frinjs. Perdió frente a Adrian Sutil el mano a mano invernal para correr en Force India en 2013. Pero encontró acomodo en Marussia. Y fue enfrentándose a la dificultad de rodar en la adversidad de un equipo modesto cuando comenzó a aflorar ese talento de forma cada vez más regular y consistente.

Ninguno de los tres últimos equipos que llegaron a la Fórmula 1 en 2010 puntuaron todos estos años. Con una excepción: el noveno puesto de Bianchi en Mónaco. Y que Manor esté hoy vivo como equipo se debe en parte a aquel brillante fin de semana de 2014. Porque Bianchi estuvo inmenso tanto el sábado como el domingo.

Jules Bianchi era un piloto muy querido por sus compañeros (Reuters)
Jules Bianchi era un piloto muy querido por sus compañeros (Reuters)

“El dolor es inmenso e indescriptible”

“Nació con nosotros, y pensábamos en él como nuestro piloto del futuro”, declaraba Luca de Montezemolo tras su accidente. “Si, como pensamos que ocurrirá, alinamos tres coches el próximo año, pensábamos en él para el tercer coche, y habría sido el piloto perfecto para el equipo en los años siguientes”, añadió.

“Escuchar y leer tantos mensajes nos hizo darnos cuenta de lo mucho que Jules había tocado los corazones y mentes de tanta gente en el mundo”, declaraba su familia en el comunicado que anunciaba su fallecimiento. “El dolor es inmenso e indescriptible”, añadía. Al menos, la próxima vez que juzguemos a un piloto de Fórmula 1 y caigamos en la tentación de describirle como un ‘paquete’ o de formas más despectivas, cabe pensar en Jules Bianchi para recordar que todos están sometidos a los mismos azares y peligros que se llevaron su vida de los circuitos.

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