UN PRIMER DÍA DE TEMPORADA DECEPCIONANTE

Cuando un Fórmula 1 puede romper las cámaras de los fotógrafos

En Jerez flota la sensación de que los diseños frontales que estamos viendo no serán definitivos. Algunos pueden guardar algún as en la manga

Foto: Jean-Eric Vergne rueda en Jerez con el STR9 de Toro Rosso. (EFE)
Jean-Eric Vergne rueda en Jerez con el STR9 de Toro Rosso. (EFE)

La sala del prensa del circuito de Jerez estaba absolutamente abarrotada en la primera jornada de  2014. Empezaba una nueva era en la historia de la Fórmula 1. No cabía un alfiler. La expectación entre los medios internacionales era máxima, pero no se respondió a semejante quorum. Con la escasa acción ofrecida en pista, la jornada fue decepcionante como pocas veces en un primer día de temporada desde hace décadas. Sobraban razones para ello ante la avalancha de sistemas y novedades que verificar. La cuestión, y la preocupación, es que persista la tónica estos días. No debería...

En Jerez había abierto fuego la presentación del nuevo Toro Rosso STR9 el dia anterior. El monoplaza italiano también provocó  levantamiento de ceja entre el personal con su particular frontal. El concurso de belleza seguiría ayer con la sucesiva presentación de  monoplazas. A la postre, ante la falta de acción en pista (cero para McLaren y simbólica para Red Bull) el grueso de las conversaciones se centraba en lamentar la estética de los nuevos monoplazas y el sonido de  sus recién nacidos propulsores.

Tras el monoplaza azul llegó Force India, y los murmullos volvieron  entre el grueso de la prensa. Los técnicos no ocultaban cierto aire de resignación, y varias figuras (Tost, Abiteboul, Newey) se pronunciaron claramente contra un reglamento que ha rematado con infames bajonazos el frontal del monoplaza. Los chistes de contenido sexual se prodigaban en torno a los nuevos morros de la generación actual. Los mensajes en Twitter de Lotus y Williams incluso bromeaban al respecto.

Mercedes alivió ligeramente el panorama con la presentación también a primera hora de la mañana de su FW05,  el tuerto en el país de los ciegos. “El nuevo coche es elegante, pero agresivo diseño” se defendía Paddy Lowe. Hablaba con argumentos al comprobar el panorama en torno suyo. Luego llegaría Red Bull, que al menos no empeoraba la media del panorama. Hasta que  Caterham noqueó las peores expectativas. Como la soprano que con su agudo hace estallar la copa de cristal, el monoplaza verde era capaz de destrozar las lentes de los fotógrafos por el simple hecho de atreverse a  fotografiarlo. Tremendo el engendro. No puede ser la versión definitiva. De lo contrario, sus técnicos deberían pasar por el juzgado.

Marcus Ericsson rueda en Jerez con el CT05 de Caterham. (EFE)
Marcus Ericsson rueda en Jerez con el CT05 de Caterham. (EFE)
“Va a ser un año de muchos cambios y si el camino de Lotus será un tendencia que tenga beneficios claros, nunca se sabe, quizás lo revisemos”  comentaba ayer James Keyen referencia a la pinza de  'cangrejo' que su monoplaza tiene por frontal, aunque  no está presente en Jerez. Desde Toro Rosso, Key reconocía haber estudiado el singular frontal del equipo británico, aunque se desechó por diferentes razones. Pero en Jerez flota la sensación de que los morros que estamos viendo estos días no serán definitivos. Algunos equipos pueden estar guardando ases en la manga, como es el caso de Red Bull, y otros parece que seguirán el camino del esquema que resulte más competitivo en las primeras carreras.  

“Es una pena que el reglamento permita crear soluciones tan feas, como hemos visto en los monoplazas presentados”, explicaba Adrian Newey poco después de mostrar el suyo, “pero no es un tema estrictamente técnico, ya que tenemos que diseñar un coche que sintamos que nos ofrece el mejor rendimiento independientemente del estilo. Pero creo que la forma de los coches, el sonido, es parte del drama de la Fórmula 1. Y es una pena que los monoplazas no sean atractivos”. El sonido, por el momento, también ha encajado el golpe del nuevo reglamento.

Adrian Newey y Christian Horner en el paddock del circuito de Jerez. (Reuters)
Adrian Newey y Christian Horner en el paddock del circuito de Jerez. (Reuters)
Porque en el aire flotaba la sensación de los Fórmula 1 actuales han perdido cierta personalidad con el canto de sus propulsores.  “Bramido” podía definir a un V10 o un V8, pero no a los nuevos motores turbo. No pierden  su naturaleza 'racing'  faltaría más, (habría que escuchar el Audi de Le Mans), pero sí se ha dejado por el camino algo de su potente presencia. Cierto es que los monoplazas no rodaban en Jerez al límite de sus posibilidades y, por tanto, de su respuesta acústica. Pero algunos periodistas veteranos que recuerdan el sonido de los turbo en los 80 sienten que los actuales tampoco están a la altura de aquellos. Para empezar, el motor turbo  en sí mismo  ofrece menos potencia que aquellos, y solo la aportación del ERS (energía electrica) completa el déficit.

Kimi Raikkonen, como siempre veía el tema del sonido con su particular laconismo, o pragmatismo, según se vea: “No hay por qué quejarse del sonido, nosotros no hacemos las reglas”. Pues vale.

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