Estaciones de esquí: Panticosa, un viaje con 1.100 metros de desnivel y 40 kilómetros esquiables
el sueño es llegar a los 65 kilómetros

Panticosa, un 'viaje' con 1.100 metros de desnivel y 40 kilómetros esquiables

La estación aragonesa del Valle de Tena está cosida a un pueblo de verdad y está enclavada en un paisaje de postal. Un lujo para iniciarse en el deporte del esquí

Foto: Marcos Armesto señala una de las zonas por donde iría la ansiada ampliación de Panticosa
Marcos Armesto señala una de las zonas por donde iría la ansiada ampliación de Panticosa

La iglesia románica de La Asunción, en Panticosa, se funde con el resto de casas de piedra del pueblo mientras la cabina gana altura dirección al área de Petrosos, el corazón de una estación de esquí que vive a la sombra de Formigal, en pleno corazón del Valle de Tena. Panticosa vive una de sus mejores temporadas. Espesores potentes y nieve calidad polvo. El pasado jueves viajamos por ella con un guía de excepción: Marcos Armesto.

Profesor de la Escuela de Esquí Panticosa, montañero y montañés, describe el centro invernal con auténtica pasión. Lo que es y lo que le gustaría que fuera. Y Marcos tiene verbo. No solo por su manejo en Pirineos. Conoce bien alguna de las estaciones de Alpes. Es entrenador y sigue con atención la Copa del Mundo. Habla del Gigante de Kitzbühel y recuerda el sueño olímpico de Jaca con una prueba que en esta estación tiene encaje. El portón se abriría en la pista Valle de Tena. Y de allí hasta el pueblo. 1.100 metros de desnivel. El hoy de Panticosa ya lo permite para los aficionados; en el mañana habría que introducir algunas modificaciones al recorrido para los ‘pros’.

Con la apertura de la pista Estrimal –en aragonés es el nombre que recibe la zona de pasto cercana al lugar de estabulación del ganado- hace tres años, la estación de esquí recobró la vida. Hubo que dar salida a un atasco producido en una de esas tardes de enero de 2013 donde el viento sopla como si no hubiera un mañana. Rachas por encima de los 100 kilómetros por hora que impedían bajar por la cabina.

La solución derivó en la construcción de una pista de evacuación para evitar lo que entonces ocurrió. Así surgió Estrimal. Y esa pista permite encadenar largos descensos, siempre con el pueblo como referencia. La más importante surge en el pico Cuartalé, en la Valle de Tena, a 2.220 metros de altitud, conocida también como la bandera donde ondea la enseña del Reino de Aragón. La pala impone. Se trata de una de esas pistas negras, pisada, que de entrada te invita a ajustarte mejor las gafas y el casco. Luego para abajo. Un viaje adictivo por pistas con distintas dificultades que termina en la base de la estación.

Terraza de Petrosos con la silla que cruza hacia el valle de Sabocos
Terraza de Petrosos con la silla que cruza hacia el valle de Sabocos

Son 1.100 metros encadenados que a buen ritmo te deja en los cuádriceps sensaciones positivas. Un abanico de pistas de distintos colores y con variantes interesantes durante el descenso. Quizá la más llamativa es la pista de la Mazaranuala. Carente de cañones de innivación artificial te lleva a otro esquí. Se trata de un descenso amplio, pista roja, que empalma con Estrimal, e incluso con otra roja, Zorros, que también conecta con Estrimal.

El corazón de la estación es Petrosos. El núcleo desde el que salen pistas para alimentar la etiqueta de estación fácil. Es cierto que para iniciarse en el deporte blanco, Panticosa es un lujo. Las pistas son cortas y amplias. Puedes empezar de forma cómoda y progresiva en un entorno de postal. Además mantiene un cierto ambiente alpino. Mires por donde mires chocas con altas montañas. El valle de Tena es un Pirineo a escala. Tiene ‘tresmiles’, ibones, bosque y hasta ardillas que no extrañan la presencia de esquiadores. Todo ello confiere un halo de estación de montaña donde el Garmo Nereo, Vignemale, la Sierra de Tendedera y Sabocos actúan como un imán.

La silla Sabocos que parte de Petrosos te lleva a la Panticosa más adictiva y donde los lugareños anclan el futuro. La estación tiene un imponente margen de maniobra para crecer y, cómo no, con estampas de postal. El Taillón y más atrás Monte Perdido se asoman a una zona de puro esquí. El viaje por la silla desvela huellas en territorio salvaje. A su izquierda se eleva Faceras (2.300 meros) conocida como El Verde. Su ladera no es territorio de la estación. Desvela descensos de puro esquí por territorio virgen. Y las ‘focas’ no se ven. Se intuyen ascensos por rutas ‘escondidas’ para luego bajar de cara a los esquiadores y snows por las pistas.

Marcos Armesto acentúa ese carácter de estación cosida a un pueblo. Hasta el punto de que sabe que esas huellas son de 'Víctor, el panadero'. Y es que el pueblo no se entendería sin la estación. Es el motor del tejido social de esta localidad. Negocios como el Hotel Bar Restaurante Navarro, casa de agricultores y ganadores transformada en establecimiento hostelero, también aportaron terrenos privados e inversión económica como otros vecinos en la década de los 70 para construir una estación que en 2020 cumplirá 50 años, en la que creen y en la que tienen depositada su confianza en el futuro.

Dos esquiadores en la cabeza de la pista Valle de Tena donde surge el descenso hasta el pueblo de Panticosa
Dos esquiadores en la cabeza de la pista Valle de Tena donde surge el descenso hasta el pueblo de Panticosa

Ese nuevo territorio que se quiere alumbrar como un sueño y que se mira con ojos de deseo permitiría abrir Panticosa a tres valles, 1.350 metros de desnivel y un total de 65 kilómetros esquiables. Ahora son dos valles, 1.100 metros de desnivel y 40 kilómetros.

Cerca de la estación se encuentra el Balneario de Panticosa l que se accede por una carretera de buenos porcentajes. Son ocho kilómetros espectaculares que mueren en un valle donde se levantó uno de los complejos hoteleros con más solera de la España del siglo XIX. De entonces queda como testigo el Gran Hotel. Las cercanas montañas, el lago y un poquito de imaginación le trasladará a un mundo distinto. Y si no la tiene disfrute del precioso circuito de esquí de fondo en el que tan solo escuchará su aliento y cómo deslizan sus esquís.

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