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Remco Evenepoel despeja las incógnitas en La Vuelta a España de los niños
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EL FINAL DEL TORNEO

Remco Evenepoel despeja las incógnitas en La Vuelta a España de los niños

El belga, dominador desde el principio al final, completó un triunfo que nunca estuvo en duda. Enric Mas y Juan Ayuso se subieron al podio junto a él como segundo y tercero

Foto: Remco Evenepoel celebra su triunfo en la Vuelta a España. (Reuters/Susana Vera)
Remco Evenepoel celebra su triunfo en la Vuelta a España. (Reuters/Susana Vera)

Boomer, que eres un boomer.

Esa es mi primera conclusión de la Vuelta a España. Ya ven, tampoco esperen cosas sesudas, y los tópicos van en la ventanilla de al lado. Pero es que uno anda por la crisis de los 40 (como Valverde), y ahora entra la invasión de los ciclistas juveniles, y, claro, anda con afecciones. Digamos que esta Vuelta es la primera Grande donde pisan el pódium ciclistas nacidos, traguen saliva, asoman lágrimas a sus ojucos, en el siglo XXI. Ay, sí, en el siglo XXI, y además por partida doble, en primer y tercer cajón. Vamos, que los chicos estos piensan que los 80 fueron tipo 'Stranger Things', no les cuentes nada de chutes, yonquis y conflictividad social. Un salto, hablamos de un salto...

Y con eso ya estaría. Pero aprovecho para contar alguna cosa más...

Del ganador, por ejemplo. Evenepoel. Digamos que era favorito, pero no tan favorito, que a la hora de la verdad ha dominado el invento de cabo a rabo. Solvente, reposado, poderoso cuesta arriba, intratable en las contrarrelojs. Es una tarjeta de visita muy interesante, la suya, sobre todo teniendo en cuenta que, en fin... acaba de cumplir 22 tacos. Y que este año ya ganó toda una Lieja. Palmarés para retirarse... en cinco meses de su veintena (más o menos). ¿Vuelta a España 1978, Amurrio y todo eso? Pues complicado de decir. Los fríos datos permiten juguetear, por qué no. Aunque... miren, yo no soy de poner asteriscos a las victorias... ganas a quienes participan, y de entre quienes participan el que gana es el mejor (salvo bidonazo en Montélimar, pero eso ocurre pocas veces). Por ahí nada que comentarles. Pero en clave futuro (en clave Tour, seamos claros), pues... hay dudas. Pareciera que su nivel este septiembre no da para competir con los dos monstruos de julio, pero es que esta Vuelta permite elucubrar en una y otra dirección. El recorrido, los participantes, la baja de Primož Roglič. ¿Tenía más Remco? Pues no sabría decirles. Es la gracia de estas cosas, que siempre te quedan incógnitas.

placeholder Mads Pedersen, al concluir la Vuelta. (Reuters/Susana Vera)
Mads Pedersen, al concluir la Vuelta. (Reuters/Susana Vera)

La segunda plaza de Mas

Con Enric Mas hay menos, oye. Menos incógnitas, digo, no es que haya querido hacer el chiste fácil. Enric Mas tiene récord (compartido) de segundos puestos en la Vuelta a España... récord en toda su historia, eh, que ya casi lleva 90 años. Y, pese a ello, es difícil encontrar a alguien que piense, escucha, Mas es favorito máximo para el año siguiente. No, resulta complicado ver cómo podría asaltar un primer puesto... no en Vuelta, sino por cualquier carrera realmente grande...

Desde un punto de vista puramente objetivo... gran desempeño el suyo. Venía del Tour, con todo aquello del abandono a última hora, los problemas psicológicos, la falta de confianza... y sale de aquí como pódium en una Grande. Ojito, solo hay nueve paisanucos que puedan decir eso cada temporada (menos, si corre Merckx). Además pareció bastante recuperado de los problemas con las bajadas (esta Vuelta no tuvo mucho descenso hecho a lo loco, es verdad, pero lo de Brenes convalida por cinco o seis), y, en general, parece estar mucho más tranquilo y con menos presión. Vamos, que la Vuelta es su casa. Nada que objetar por ahí, entonces. Un añadir... el equipo estará encantado con su rendimiento, porque logra unos puntos jugosísimos y se garantiza no descender, que estaban apretando el Rayo Vallecano y el Hércules. Así que... ¿éxito?

Pues depende. El desempeño de Enric Mas como ciclista tiene muchas virtudes (resistencia, regularidad, eso tan de moda que llaman resiliencia), pero tres defectos grandes. El primero es su falta de diferencial... vamos, que no saca ventajas en ningún sitio, ni llaneando ni escalando, y de esa forma es difícil lograr victorias en un deporte donde gana quien llega antes a cierta línea pintada sobre el suelo. Segundo... no es osado. Porque siendo osado puedes tocar éxitos que, por condiciones, están fuera de tu alcance (o perderlo todo, ojito). Y tercero, y fundamental... carece de carisma. No engancha, no seduce, no vende. Pudiera parecer asunto menor, pero, en realidad, es lo más importante de todo. Y lo que más difícil de modificar resulta...

Es importante, añadimos, porque por detrás sí vienen tipos carismáticos. Juan Ayuso, por ejemplo, que parece echado para adelante, que daba declaraciones con media sonrisa de "mañana echamos un quinito" y el freno de mano puesto, para no salirse del discurso humilde. Pero encierra caballos en su interior, ojo, que ahora a estos amateurs los puedes seguir con un montón de retransmisiones y noticias. Y Ayuso era, hasta hace nada, uno de ellos. Amateur y adolescente. Sí, como lo oyen. Tiene 19 añucos, el tío. Pódium más joven de siempre en una Vuelta. Vuélvanlo a leer. Otra vez. Ahora intenten no sentirse humillados. Rendimiento espectacular, días de quedarse, de andar remontando, lanzar ataques donde nadie espera, desfondar a cachitos. Todo en pequeñas dosis, que tampoco es esto el Galibier, pero... Curioso, porque este hecho inédito, lo del adolescente, debería emocionarme mucho más. Quizá es por la idea de una Vuelta "barata", o porque los últimos días vinieron un poco así. Pero... no se engañen, están viendo historia. Y lo mejor, parece, está por venir.

placeholder Ayuso, en el podio de la Vuelta. (Reuters/Susana Vera)
Ayuso, en el podio de la Vuelta. (Reuters/Susana Vera)

La caída de Roglič

Igual ocurre con Carlos Rodríguez. Iba para quinto, luego se fue Roglič y quedaba cuarto, pero tuvo una caída, todo el cuerpo lleno de sangre y raspón, todo con vendas, un poco como Ullrich-Tour-96, y al final cayó hasta el séptimo puesto, porque aquello era un sinvivir. No importa (o, a ver, no importa demasiado), porque su tiempo no es este, y venía para aprender. Las penurias, sí, son también aprendizaje, como sabe cualquier veinteañero no especialmente guapo... Carlos tiene 21, es serio, cierta taciturnidad ante los micros, timidez, motor tirando a diésel que carbura con los kilómetros (esto lo sé de otras carreras... en la Vuelta no es posible comprobarlo, ya saben), y una pinta fenomenal. Está en un sitio perfecto, y tiene mentalidad adecuada. El ciclismo español entró en la Vuelta inmerso en una crisis de décadas y sale bastante reforzadete. Ojo, lo mismo en 2023 vuelven vacas flacas, porque los tíos tan jóvenes tienden a la irregularidad (como los escritores), pero a la larga parece el asunto atado y bien atado, ejem...

Y nos queda Roglič para el póker. Primož Roglič. Del resto me niego a hablar, por respeto a sus familiares y amigos. Bueno, dos o tres cosucas para Pedersen y Carapaz (también para el increíble Marc Soler, toda la Vuelta escapado), que honraron carrera y maillots como no hicieron muchos otros. El ecuatoriano, incluso, ya despidiéndose de su equipo, que siempre es momento adecuado para relajarse, tirar besines y arriesgar lo justo... Pero ellos no. Aplauso. Ojalá sirvieran como ejemplo (no va a pasar).

Que nos quedaba Primož Roglič, decíamos. La gran incógnita, el misterio. Durante dos semanas Roglič anduvo que sí que no con su carrera preferida. Venía a por récord de primeros (como Enric tiene récord de segundos), y lo hacía de forma muy distinta a otras veces, porque su jerarquía en el equipo está completamente trastocada, Vingegaard mediante (a ver cómo recupera Vingegaard del post-Tour, también les digo, pero esa es otra historia). Y nada, fue el Roglič clásico al principio, petó en Pico Jano (la gran etapa de esta Vuelta, sin duda), padeció en caleyas asturianas, se defendió como pudo en crono. Peeeero... ojo, porque por Andalucía estaba el tío recuperao. Lo de La Pandera, lo de Sierra Nevada (que fue más llamativo, si quieren, porque aquel día demostró, con actos, ir solo a por el primer puesto). Vamos, que Evenpoel y él parecían tendencias que se cruzan. Hasta Tomares. Ataque en un repecho, barullo de la hostia, cuatro sprínters y Primož. Caída. Caída fuerte, caída de dejarte unos minutucos con la cara de pasmo, con aire de no sé muy bien dónde estoy. Para casa, sensación de serie clausurada sin final (Primož Roglič Carnivàle), acusaciones a Fred Wright sobre si la culpa era de uno u otro. En fin. Veremos cómo sale Roglič de este último golpe, porque su temporada es crepuscular (ojo, en Grandes, porque Niza y Dauphiné a la buchaca). La pena fue que nos quedamos sin unos últimos días que, dentro del bochorno por su diseño, hubiesen ganado mucho con el de Jumbo (y con Jumbo). Incógnita sin resolver.

La de Remco viene, ya, resulta. Puede con las Grandes. Veremos qué le depara el futuro.

Boomer, que eres un boomer.

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