sin victorias ni grandes ataques

El "Tour más difícil" para Froome acaba siendo en el que menos tuvo que sufrir

Sus momentos puntuales de flaqueza no supusieron un bajón clasificatorio, sino un simple aviso que con un mínimo esfuerzo se subsanó, sin alardes ni fuegos artificiales que sí estallaron otros años

Foto: Froome ha cerrado su cuarta victoria en Francia. (Reuters)
Froome ha cerrado su cuarta victoria en Francia. (Reuters)

Al principio, Froome tenía dudas. Pongámonos en situación. Finales de junio, mes donde la preparación para el Tour de Francia se acaba de pulir y los corredores alcanzan o deben alcanzar el pico de forma idóneo para sobrellevar tres semanas de esfuerzo extremo en las que gente como el líder del Sky tienen la obligación de ganar. No de hacer un buen papel. Ganar es lo único que cuenta. Y Froome se notaba algo diferente a años anteriores. No iba tan sobrado de fuerzas como en las anteriores cuatro ediciones, de las que ganó tres porque se cayó en 2014. Tenía dudas y muchos rivales. "Retener el título es el reto más difícil de toda mi carrera", aseguró el chico de Nairobi antes de que echara a rodar la peligrosa contrarreloj de Dusseldorf. Cómo cambian las ideas con la perspectiva del tiempo...

En el momento en el que pronunció esa sentencia, Froome veía que tenía alrededor a muchísimos candidatos al amarillo. Pese a haber competido el Giro, ahí se encontraba Nairo Quintana, su némesis en territorio francés. Aparecía también Bardet, siendo ya más una realidad que una promesa. Fabio Aru volvía con más galones y voluntad que nunca. Contador se había preparado a conciencia. Y Richie Porte, al que destacaba como su rival más temible, su amigo y excompañero, como jefe de filas de un gran equipo como BMC. Había motivos para plantearse interrogantes y tratar de darles respuesta no era sencillo. Habría momentos de flaqueza y en el Sky temían que lo aprovecharan los enemigos.

La debilidad del mejor corredor del mundo del último lustro apareció. Dos veces, además. La primera, el día que se vistió de líder por primera vez. Aru atacó subiendo el muro de La Planche des Belles Filles y le robó unos segundos a Froome, incapaz de seguir el ritmo del ciclista sardo de Astana. Y la segunda, cuando perdió el amarillo. Los Pirineos se iniciaban con una victoria de Bardet, un ataque de Aru y el cambio de liderato en favor del italiano. Sin embargo, nunca llegó a producirse una pájara en el campeón, sí en los aspirantes, en casi todos.

Esos momentos puntuales de flaqueza no supusieron un bajón clasificatorio, sino un simple aviso que con un mínimo esfuerzo posterior se subsanó, sin alardes ni fuegos artificiales que sí estallaron otros años. No le ha hecho falta un golpe mortal tan letal como aquel del Mont Ventoux que hasta levante sospechas de dopaje mecánico, ni un descenso suicida en el que alejarse de todos sus adversarios para ponerse primero. ¿Para qué? En los primeros días del Tour vimos a un Froome pesado, menos ligero. Era evidente. Lo que no lo era tanto era que los demás también iban muy justos.

Hay quien dice que en este deporte si no atacas es porque no puedes. Ese impedimento puede deberse a motivos físicos o a directrices ordenadas desde el equipo. Si Bardet, Urán y Aru no han estado más cerca de tomar posesión de verdad del amarillo de Froome es porque no iban en absoluto sobrados de fuerzas. Sus piernas no tenían la potencia que se necesita para aguantar inicialmente el ritmo de los 'mosqueteros' del Sky y para romper la carrera después. Menos Urán, siempre agazapado, siempre oculto entre la maleza pero presente y sobreviviendo a todo y a todos, todos han buscado hacer sangre a Froome y solo han pinchado en hueso.

4 segundos de bonificación, la única renta que obtuvo Bardet sobre Froome en Izoard. (Reuters)
4 segundos de bonificación, la única renta que obtuvo Bardet sobre Froome en Izoard. (Reuters)

Aru probó más que nadie en las dos primeras semanas y ahora está pagando el sobreesfuerzo. En el Izoard, el Ag2r le hizo todo el trabajo al Sky llevando al pelotón hacia arriba por el Col de Vars y Froome pudo iniciar la ascensión al último puerto con hasta tres compañeros, que fueron cayendo poco a poco. Bardet trató de aprovechar esa labor con tres ataques y lo único que logró son 4 segundos de bonificación en meta. Quintana se marchó con Contador y Landa cuando ninguno era ya verdadero candidato a ganar la general y Froome ni se inmutó por ellos. A Dan Martin habría que darle ya su pin de 'ataques de peseta', pues no hay etapa en el que no se lance a la aventura, sabiendo que a los pocos metros va a ser neutralizado por todos. De Yates y Meintjes ni hablamos, ninguno optaba al triunfo final realmente y se concentraron en su lucha personal por el maillot blanco.

Con otras directrices, Landa habría tenido otras posibilidades. Es el único de la parte alta de la clasificación que realmente ha demostrado estar en un estado de forma sensacional. Con algo de ayuda en Foix quizás habría acabado líder esa etapa y ahora, con sus piernas y libertad, sería el único rival a tener en cuenta por Froome si no les hubiera contratado la misma entidad. "Tiene motor para estar entre los grandes, puede disputar la general en el futuro", dice su jefe de filas, el hombre al que escoltó hasta la cima del Izoard después de poner la piel de gallina con un ataque sensacional. Lo sabremos a partir del año que viene. En este 2017, Froome ya tiene su cuarto Tour ahí, a una crono de distancia.

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