este año ha debutado en la élite del ciclismo

García Cortina, la perla del ciclismo español que nunca ganará el Tour de Francia

Su nombre es desconocido en la actualidad para el gran público, pero con su juventud, 21 años, se espera que no dentro de mucho suene familiar al aficionado

Foto: Iván García Cortina con el maillot de su equipo, el Bahrain-Merida (Foto Instagram: @ivan_cortina).
Iván García Cortina con el maillot de su equipo, el Bahrain-Merida (Foto Instagram: @ivan_cortina).

A los ciclistas españoles el adoquín siempre les ha traído de cabeza. Las clásicas del norte, ni mentarlas. Chitón. Las largas rectas empedradas y el polvo de Nord Pas de Calais eran asunto de culos gordos franceses, belgas y holandeses. Una lotería de un día, decían. Los muros de Flandes y el frío luterano, para los infieles al julio de los Pirineos. Sólo el genio Miguel Poblet se atrevió con la París-Rubaix a finales de los años cincuenta y pisó dos veces el podio. Y hubo que esperar hasta la década pasada a que un rara avis como Juan Antonio Flecha se batiera el cobre entre cunetas y colinas de pavés de nombres impronunciables. Quizás el ahora desconocido Iván García Cortina (Gijón, 1995) sea el siguiente que se cuele.

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Pero los tiempos están cambiando. Aquello de que el ciclista español sólo rinde cuando es enjuto y se ha curtido en la sobriedad de Castilla, como Bahamontes o Perico, se acabó a principio de los noventa con dos portentos como Indurain y Olano. Luego llegó el talento puro de Óscar Freire y más tarde Valverde conquistó, por fin, la gran clásica de las Ardenas, la Lieja-Bastoña-Lieja.

A Flandes y Roubaix, que siguen huérfanas en el palmarés español, les pueden quedar los años contados. En 2016, en un alarde de fuerza y veteranía, Imanol Erviti (Movistar) finalizó entre los diez primeros en ambas pruebas. Resultados que replicó en categoría sub 23 la perla de la cantera española, Iván García Cortina, que luego lo refrendó con un séptimo puesto en el mundial de Qatar. El mentor y descubridor de García Cortina, Chus Rodrigo, presidente del Club Ciclista Las Mestas de Gijón, explica a El Confidencial que su alumno “nunca ganará el Tour por su morfología, pero en cuatro o cinco años puede estar para disputar las clásicas con los mejores”.

La bicicleta era un juego

Rodrigo cuenta que todo empezó como un juego. García Cortina era un chaval “muy trasto, muy travieso” que un día se le acercó cuando iba a recoger a sus nietos del colegio con el coche del equipo. El guaje le inquirió con desparpajo:

—¿De qué es ese coche?
—De un equipo ciclista
—Yo tengo un amigo que es corredor.
—Ah, sí ¿quién?
—Chechu Rubiera. ¿Puedo correr con vosotros?

En efecto, Chechu Rubiera es amigo de sus padres y, casualidad, también había pasado por las manos de Rodrigo cuando era un chaval. El entrenador, sin embargo, le dio largas a Cortina. Era junio y la temporada acababa en otoño. Le conminó, no obstante, a que se presentara en la escuela el primer fin de semana del siguiente noviembre, el primer día de entrenamiento. Y allí que fue. "Aquel día le tuvimos que echar de clase tres veces, era muy trasto, muy travieso", se regocija su exentrenador. “Todo lo que no le valía para estar en clase, prestando atención, quieto, le vale encima de la bicicleta”. Cuando se quisieron dar cuenta llevaba 12 victorias en cadetes y podios en los Campeonatos de España.

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Sin apenas presión en casa y sin ninguna pretensión de ser ciclista profesional, como rememora Rodrigo, Cortina fue quemando etapas. "Sus padres no vinieron a verlo cuando empezaba y la primera vez que lo hicieron se lo cruzaron de frente. Ellos en el coche, él levantando los brazos en la meta, así que se dieron media vuelta y se fueron a comer a Gijón".

Con esos mimbres, de juvenil ganó el nacional y, entonces, lo que era un juego comenzó a tornarse en un prospecto más serio. “Nos dimos cuenta de que había que cuidarlo, que tenía aptitudes”, recuerda Rodrigo. Pese a su corta edad, apenas 17 años, comenzaron a buscarle equipo. Primero probó en la Fundación Euskadi, un camino que antes ya había recorrido otro asturiano como Samuel Sánchez. Pero Cortina no cuajó como el ovetense en una cantera, la vasca, orientada casi exclusivamente a los escaladores. “A mí entonces ya no me hacía caso”, cuenta Rodrigo, que para no frenar su progresión trató de acomodarlo en un equipo que le cuidara mejor.

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El salto al World Tour

Así, en 2015, pasó directamente a profesionales en el filial del poderoso Quick Step. Tras una breve prueba con los Tom Boonen y compañía al final del curso anterior, Cortina ha fichado este año por el equipo de Vincenzo Nibali e Ion Izaguirre, el Bahrain-Merida. El fin de semana pasado debutó en las dos carreras que inauguran la temporada de adoquín, la Omloop Het Nieuwsblad y la Kuurne-Bruselas-Kuurne y este sábado corrió la Strade Bianche, donde arropó a Nibali por los caminos de tierra de la Toscana. Con 21 años y codeándose con los mejores, en la Vuelta Andalucía ya dio muestras de sus dotes de rodador con punta de velocidad.

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Esos dos años en la cantera del equipo belga le sirvieron a Cortina para limar sus características. “Cuando está en forma sube con los mejores, baja muy rápido, es muy completo en todos los terrenos. Además, tiene punta de velocidad en el sprint”, afirma su descubridor. Allí arriba aprendió lo que son las carreras de pavés, a bailar sobre el empedrado y a sufrir el latigazo del pelotón. Todo lo que era imposible para el ciclismo español. Quién sabe, “con una pizca de suerte que siempre se tiene que dar en el deporte profesional”, apunta Rodrigo, García Cortina apunta al último terreno sin conquistar.

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