otro abultado triunfo de golden state (132-113)

Final NBA. Capítulo II. Los problemas de intentar jugarle de tú a tú a los Warriors

Segundo partido y segunda exhibición ofensiva de los Warriors liderada por Kevin Durant y Stephen Curry. Hacía 30 años que un equipo no metía tantos puntos en una final de la NBA

Foto: Stephen Curry firmó un triple doble en el segundo partido de la final de la NBA. (Reuters)
Stephen Curry firmó un triple doble en el segundo partido de la final de la NBA. (Reuters)

El problema de jugarle de tú a tú a los Warriors, de intentar ganarle con sus mismas armas, es que nadie lo hace mejor que ellos. Los Cleveland Cavaliers lo intentaron en el segundo partido de la final de la NBA disputado la pasada madrugada y acabaron atropellados. El resultado no pudo ser peor: ganó Golden State 132-113. Hacía justo 30 años, desde el 4 de junio de 1987, que un equipo no anotaba tanto en una final, según el servicio estadístico de 'ESPN'. Entonces fueron los Lakers del 'Showtime' liderados por Magic Johnson.

Si alguna lección ha dejado la NBA durante los últimos años, sobre todo en la final de la temporada pasada, es que no se debe apostar contra LeBron James. Pero ahora mismo cuesta imaginar un escenario en el que él y los Cavaliers salen triunfadores de su tercer duelo consecutivo contra los Warriors. Ganarle cuatro de los próximos cinco encuentros a Golden State, que lleva 14 victorias seguidas en estos 'playoffs' y 29 triunfos en los últimos 30 partidos, parece una quimera, una empresa inalcanzable incluso para un extraterrestre como LeBron (autor de un triple doble este domingo: 29 puntos, 14 asistencias y 11 rebotes). Pero si alguien puede hacerlo, es él. El año pasado también salieron de Oakland con un 2-0 en contra y acabaron ganando el anillo.

Los Cavaliers jugaron mejor que en el estreno de la final, y solo consiguieron salir derrotados por tres puntos menos: 22 en el primer encuentro y 19 en el segundo. Controlaron las pérdidas, su principal problema en el primer partido, y evitaron los obscenos fallos defensivos de los que se había aprovechado Kevin Durant, pero no les bastó. Pese a estar más vigilado, el alero volvió a estar soberbio y acabó con 33 puntos, 13 rebotes, 6 asistencias, 5 tapones y 3 robos. En dos partidos ha anotado 71 puntos, cinco más que todos los que metió por Harrison Barnes, el jugador al que sustituyó en el quinteto de los Warriors, en los siete partidos de la final de 2016.

Cleveland corrigió algunos de sus defectos del primer partido, pero otros estuvieron igual de presentes. El más importante, la poca aportación de la mayoría de sus jugadores. Su 'big three' cumplió (LeBron consiguió un triple doble, Kevin Love anotó 27 puntos e Kyrie Irving, poco acertado, terminó con 19), pero no hubo noticias del resto: ningún otro jugador superó los 8 puntos. La dependencia de su gran estrella es alarmante: con LeBron en el banquillo, la circulación de balón desaparece y el ataque de los Cavs colapsa. Lo positivo para ellos es que, pese a esos problemas, aguantaron de nuevo casi tres cuartos.

Todo lo contrario sucede en los Warriors, una máquina de atacar durante los 48 minutos. El equipo dirigido por Steve Kerr, que volvió al banquillo tras casi mes y medio de baja, dio una exhibición. Batió el récord de triples en una final (18) y repartió 34 asistencias (Curry fue el mejor con 11). A cada rebote, a cada robo, le seguía una estampida, un ataque relámpago donde el balón siempre le llegaba al jugador mejor situado. Así sin parar, esta vez con un brillante Klay Thompson, otra mala noticia para Cleveland. Si no llega a ser por sus numerosas pérdidas (20), Golden State habría roto el partido mucho antes.

El plan de juego de los Cavs pasaba por no ralentizar el ritmo de partido, por intentar doblegar a los Warriors en su terreno. Pero ahí cualquier equipo que no sea el de Oakland tiene las de perder, más aún con el nivel de acierto mostrado por los Warriors. El partido se jugó a 106 posesiones, según datos de 'Baketball Reference', por encima del promedio de ambos equipos en temporada regular (el de Golden State no llegó a 100 y el de Cleveland apenas superó los 95). A ese ritmo, y con esas configuraciones de quintetos pequeños (¡Kevin Durant fue el pívot durante algunos minutos!) que también utilizaron los Cavaliers, los Warriors son una máquina ofensiva casi perfecta a la que cuesta ver perdiendo esta final.

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