"ESTO NO PUEDE SER SOLO UNA MODA"

El negocio del Everest: vida y muerte en la montaña más cara del mundo

En la montaña más alta del planeta Tierra, la línea entre vivir y morir es muy fina. Las agencias explotan su modelo de negocio mientras la cima se colapsa de turistas y los riesgos aumentan

Foto: Un turista hace una foto del Everest en 2015, el peor año en la afamada ascensión del Himalaya. (Reuters)
Un turista hace una foto del Everest en 2015, el peor año en la afamada ascensión del Himalaya. (Reuters)

El Everest no es un paseo por el parque. Situado a 8.848 metros sobre el nivel del mar, se alza majestuoso entre China y Nepal como la montaña más alta del planeta. Desde Martín Zabaleta a Edurne Pasabán, algunas leyendas del alpinismo español han tenido la suerte de coronar su cima y volver para poder contarlo, que no es poco. Nadie llega sin una excelente preparación física porque a tanta altitud hasta el más experimentado va al límite de sus posibilidades. Las condiciones son cualquier cosa menos agradables y el cuerpo, poco a poco, empieza a morir como consecuencia de una realidad franca e indiscutible: el ser humano no debería estar ahí.

El negocio del Everest: vida y muerte en la montaña más cara del mundo

Cinco personas han muerto entre el martes y el jueves de esta semana (ocho en total) en la popular cumbre de la cordillera del Himalaya. Una temporada, esta de finales de mayo, en la que las agencias organizan las principales expediciones. Cientos de montañeros, todos ellos con diferentes razones, se adentran a una de las zonas más peligrosas de la tierra. En parte debido a los correveidiles, las películas, las obras literarias y las fábulas; durante los últimos años es bastante habitual observar larguísimas colas de gente intentando llegar a su parte noble, la llamada 'zona de la muerte'.

El turismo desmedido ha complicado hasta el extremo los ascensos y descensos desde la cima, cobrándose la vida —por las largas esperas, la falta de oxígeno y el frío— de algunos aventureros: "Debemos reflexionar seriamente. Por un lado, los países y las empresas que organizan los viajes y, por otra parte, las personas que suben aquí porque creo que deberían informarse mejor", advierte la española Ángela Benavides, periodista especializada en alta montaña para el medio digital 'ExplorersWeb', uno de los más afamados a nivel internacional.

El viento, uno de los grandes contratiempos, es impredecible en el Monte Everest. (Alex Txikon)
El viento, uno de los grandes contratiempos, es impredecible en el Monte Everest. (Alex Txikon)

"El Everest no puede ser solo una moda, un negocio", denuncia. Desde principios de siglo, la demanda para escalar el monte se ha incrementado notablemente. Tanto es así que el Gobierno chino se ha visto obligado a limitar el número de permisos para limpiar de basura su zona superior. Debido a esto, el país asiático ha desplazado inconscientemente a algunas personas y agencias hacia la cara sur, de dominio nepalí, por lo que las expediciones, lejos de resentirse, se han mantenido. Nepal, por lo tanto, sigue haciendo negocio, pese a que la situación es cada vez más insostenible. "Las escasas ventanas de buen tiempo para atacar la cumbre elevan el problema porque hacen que, en un margen corto, es decir, entre el 21 y el 25 de este mes, se produzcan los mayores atascos. Todo el mundo quiere subir esos días. Todos van a la vez y esto es un peligro total", señala preocupada la madrileña.

El año pasado fueron 715 personas las que pisaron el techo del mundo. Lo hicieron, además, por un camino estrecho, un desfiladero donde cualquier error te lleva al vacío. Allí arriba cada paso duele, a -25 grados de temperatura cualquier parte del cuerpo mínimamente expuesta al exterior se congela. La nieve es una capa de hielo muy resbaladiza y la velocidad del viento, que quema e impide una correcta visibilidad y respiración, puede alcanzar más de 130km/h. Estas con las circunstancias a las que se enfrentan numerosos valientes, que antes de experimentar el horror en carne propia suelen caer en un error básico. "Cada vez hay más bombonas de oxígeno, mejores partes meteorológicos debido a la evolución tecnológica, más sherpas y cuerdas que se fijan estupendamente a la montaña. Todo esto crea un batiburrillo de ideas falsas que hace que la sociedad piense que hay mucha seguridad. Esto no existe y no ayuda a descongestionar el Everest", explica Benavides.

Una práctica sin legislación

En el alpinismo impera única y exclusivamente la 'Ley de la Montaña', tan sencilla y cruel como la naturaleza misma. No hay una legislación que regule esta modalidad deportiva, así como sus riesgos y prevenciones. En el terreno comercial prima el libre mercado y apenas hay controles, por lo que Ángela aconseja tomarse su tiempo hasta distinguir bien entre agencias responsables y otras que lo son menos: "La responsabilidad es relativa, pero yo no me fiaría de ninguna empresa que no exigiera experiencia previa en montañas de gran altitud", indica, y especifica: "Una montaña de 4.000 metros como el Mont Blanc no me valdría. Luego, una prueba de esfuerzo como dios manda es súper necesaria y al cliente hay que requerirle que firme un papel donde se ponga a completa disposición del sherpa. Es decir, que acepte todas y cada una de sus instrucciones, aunque eso conlleve darse la vuelta y no tocar cumbre".

Benavides no contempla la posibilidad de que alguien pueda intentar la subida sin la suficiente preparación previa o por una apuesta o reto menor: "Nadie escala para llamar la atención, por postureo o para visibilizar el abandono de gatitos. Otra cosa es lo que ellos luego cuenten en redes sociales, como te vendan su publicación, que en muchos casos no se corresponde con la realidad". Sí que alerta sobre algunas prácticas, no del todo suficientes e idóneas: "Antes la preparación física para la alta montaña era hacer montaña y ahora es tener un entrenador personal y hacer mucho crossfit y triatlón. Ojo porque, al final, lo que tienes es a gente con un perfil muy deportivo, pero que no está acostumbrada a los otros factores que aparecen arriba: como el frío extremo, el calor, el miedo, o simplemente, la altitud".

"No son chalados"

Ni siquiera el alpinista más experto, por la senda más sencilla y con las condiciones climatológicas más favorables está libre de sufrir un accidente. Unas 300 personas han perdido la vida en el Monte Everest desde que se intentara coronar por primera vez en 1921. 2015 fue el peor año de toda la historia, pues una terrible avalancha se llevó por delante a 19 expedicionarios, según datos de la Asociación de Montañismo de Nepal, impidiendo el ataque a la cumbre por primera vez en 41 primaveras. Este 2019 las cifras son, por el momento, de ocho fallecidos. "¿Qué es un montañero profesional? Alpinistas de esa categoría, patrocinados y demás, hay muy pocos y no están libres de pecado. Esto no es un deporte reglado. La montaña tiene una vertiente deportiva, pero no es solo eso: es una forma de vida, de ocio, un reto personal. Habría que profundizar en las motivaciones que a cada persona le han llevado a estar ahí. Cada una tiene su historia. Lo sencillo es catalogar a la gente más amateur, por así decirlo, de chalados", expone la periodista, que prefiere evitar las comparaciones entre perfiles y asegura que la gran mayoría “hace exploraciones de dos meses para ir aclimatando su cuerpo parcialmente y evitar el mal de altura".

La tendencia actual del 'himalayismo' es concentrarse en el Everest, en las dos rutas normales que tiene el monte (la norte, de China y la sur, de Nepal). Las agencias, con la complacencia de sus gobiernos, han instaurado una estrategia de cuerdas fijas, barra libre de oxígeno y sherpas a cascoporro. El objetivo es claro: llegar a la cima. Quien la alcance primero, mejor publicidad y mayores ingresos. La competencia es brutal y el precio para contratar un plan de 'garantías', carísimo: entre 40.000 y 100.000 euros según los servicios. No todos los alpinistas contratan el pack completo —que incluye cocinero— algunos prefieren guías solo hasta el campo base y otros, los más atrevidos, van por libre.

“El resto de ochomiles se está 'everestizando', por lo que se aplican las mismas tácticas y nos encontramos ante los mismos problemas: gente muriendo por la exposición a la altura, edemas pulmonares, bajones drásticos de potasio o infartos”, afirma con contundencia Ángela, que, dentro de todo lo malo (16 muertos entre todos los picos a esta altura), celebra que este curso no haya habido ningún contratiempo por aludes, tormentas no esperadas, cuerdas rotas o desprendimiento de 'piolets'. Casi 100 años después de la primera ascensión, el Everest continúa siendo territorio hostil y desconocido para la humanidad.

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