"Solo recibo felicitaciones", se lamenta

'Million dollar baby' española: campeona del mundo busca empleo de lo que sea

La peleadora de K1 y Muay Thai busca patrocinadores que le permitan vivir del deporte. Mientras, sigue en busca de un trabajo que le deje tiempo libre para entrenar

Foto:  Lara preparándose junto a un compañero para su próximo combate en Londres. (Fernando Ruso)
Lara preparándose junto a un compañero para su próximo combate en Londres. (Fernando Ruso)

"Estoy llevando a mi país a lo más alto y solo recibo felicitaciones", lamenta Lara Fernández, deportista de élite y campeona de España de Muay Thai y del mundo de K1, otra disciplina de las artes marciales, con solo 23 años. En apenas un mes, el próximo 8 de marzo, disputará un nuevo título mundial en el Reino Unido, la cita más importante de su fulgurante carrera, por eso entrena y busca trabajo, busca trabajo y entrena a falta de conseguir un patrocinador que le permita vivir del deporte. "En una gasolinera, de camarera, en una tienda… me da igual —precisa—, lo primordial es tener un empleo para comer y ya, luego, pelear".

Cuando Lara golpea, retumba en todo el tatami. ¡Pam, pam, pam! Con poco más de cincuenta kilos, fina, alta y dúctil como el junco, arremete con fiereza contenida contra las manoplas que le marcan la coreografía. ¡Pam, pam, pam! De los chicos que la rodean ninguno pega como lo hace Lara.

La luchadora junto a su entrenador y mánager Jaime Campos, en el Lonewolf. (Fernando Ruso)
La luchadora junto a su entrenador y mánager Jaime Campos, en el Lonewolf. (Fernando Ruso)

"No se rinde, por más veces que la tumben, siempre se repone y golpea", presume su maestro, Jaime Cantos. Salto, rodilla y codo. Salto, rodilla y codo. ¡Pam, pam, pam! ¡¡Pam, pam, pam!! Así, quitándose horas de sueño para entrenar, ha conseguido ser una rival a tener en cuenta en el circuito internacional.

La vida de Lara Fernández es de esas que llenan taquillas al llevarla al cine. Por desgracia para ella, apenas vende asientos en la vida real. Empezó a luchar en Muay Thai con apenas quince años y ha disputado títulos internacionales en Bélgica, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Países Bajos, Alemania o China, de donde acaba de regresar tras derrocar a una combatiente que llevaba invicta 15 peleas. Su éxito en el extranjero no tiene ecos en España, donde la escasa afición —y, por ende, bajos ingresos— no le permite dedicarse profesionalmente al deporte al que ha consagrado su vida.

"Y no me arrepiento", confirma Lara, que atiende a los periodistas de El Confidencial al terminar el primero de sus dos entrenamientos diarios en Lonewolf, una escuela de referencia de Muay Thai en España situada en Coria del Río, Sevilla.

De Toledo a Sevilla

Hasta este municipio de la ribera del Guadalquivir llegó Lara a principios de 2014, después de que su anterior entrenador le engañase. "Recogió el dinero de las cuotas de todos los alumnos y se dio a la fuga", recuerda la deportista, nacida en Cebolla, Toledo, un pueblecito de apenas tres mil habitantes. Allí descubrió su afición por el Muay Thai a los catorce años, justo en una velada que organizó el ayuntamiento.

Quería verme peleando, nunca me hubiese imaginado que acabaría como ellos

Lara recuerda que asistió con su hermano, intrigada por saber qué había detrás de un cartel en el que aparecían dos chicos peleando. "Mi hermano les pidió autógrafos a los luchadores al acabar la velada, y desde ese momento empecé a insistirle a mis padres para que me dejaran ir a entrenar", explica la veinteañera. "Quería verme peleando, nunca me hubiese imaginado que acabaría como ellos", detalla Lara, que hasta entonces bailaba funky.

Lara, tras salir del entrenamiento, por las calles de Coria del Río. (Fernando Ruso)
Lara, tras salir del entrenamiento, por las calles de Coria del Río. (Fernando Ruso)

Los primeros años en el Muay Thai fueron en Talavera, a unos 45 minutos en bus desde su casa, de lunes a viernes. "Empecé a ir con mi madre, que no quería que yo hiciese este deporte —apunta—; no por el miedo a que me pasara algo, que también, sino por tener que ir tan lejos todos los días".

—¿Alguna vez pensó en qué se estaba metiendo?

—No, nunca tuve miedo. Respeto sí, cuando subes al 'ring'. Nunca he pensado en qué me puede pasar. Lo he hecho y ya está. Es un deporte duro, en el que te la puedes jugar, pero yo disfruto. No pienso en el peligro.

Lara Fernández ha disputado títulos internacionales en Bélgica, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Países Bajos, Alemania y China. (Fernando Ruso)
Lara Fernández ha disputado títulos internacionales en Bélgica, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Países Bajos, Alemania y China. (Fernando Ruso)

Su actitud no tranquiliza a sus padres, ya hechos al deporte de su hija. "Mi madre ha ido a verme solo una vez a competir, fue en el campeonato de España, y no logró mirar al 'ring' —confiesa Lara—; mi padre dice que le da miedo que me den un golpe y me dejen tonta; pero ambos están orgullosos de lo que estoy consiguiendo y de todo lo que sacrifico para conseguir lo que quiero".

Recuerda Lara que en los primeros entrenamientos se sentía extraña. "No sabía cómo hacerlo, me veía rara, tonta al hacer los golpes o los movimientos que nunca antes había hecho; pero no se me fue dando mal", sostiene la joven. "Creía que nunca llegaría al nivel de los que tenía a mi alrededor y no pensaba siquiera con subirme a un 'ring'", confiesa. Hasta que empezaron a llegarle ofertas para participar en veladas de la mano del que es ahora su mánager y entrenador, Jaime Cantos, un hombre bien relacionado en el mundillo del Muay Thai internacional.

Peleaba y entrenaba, incluso cuando su primer entrenador se marchó con el dinero de varias cuotas. "Entonces decidí entrenar sola en mi pueblo, con un saco que había allí —recuerda Lara—; pero así no podía prepararme en condiciones". Por eso no le costó tomar la decisión de irse a prepararse a Coria, consciente de que su carrera deportiva pasaba necesariamente por aprender de su actual entrenador. El viaje a Andalucía desde Cebolla también incluía a su por entonces pareja, un joven militar que también practica Muay Thai. Toda su vida gira en torno a estas artes marciales.

Por mi carrera deportiva he renunciado a ver a mi familia. Eso es algo importante, porque me he visto en momentos sola

—¿A qué ha renunciado por su carrera deportiva?

—A mi familia, a poder verlos. Y eso es algo bastante importante, porque me he visto en momentos sola. Fue muy duro cuando lo dejé con mi novio, porque me vi muy sola. Hay momentos en los que necesitas tener cerca a los tuyos.

—¿En algún momento le pidieron que volviese a Cebolla?

—Sí, bastantes, pero yo tengo claro lo que quiero y es aquí donde voy a poder conseguirlo. O al menos eso creo.

Lara preparándose junto a un compañero para su próximo combate en Londres. (F. Ruso)
Lara preparándose junto a un compañero para su próximo combate en Londres. (F. Ruso)

"Mis contrincantes viven de esto, yo no"

De momento, y mientras que ha ido haciéndose una familia alternativa en torno al 'ring', ha conseguido alzarse con varios campeonatos, desde el nacional de Muay Thai al mundial de K1, de la federación ISKA, en un peso de 59 kilos, superior a su peso habitual, de unos 53. Su nombre suena en aquellos países en los que la afición a este deporte mueve masas, como Tailandia o en el Reino Unido. "Ahora puedo luchar con las mejores en mi peso, pero ellas viven de esto y yo no", se queja.

Nunca he vivido como una deportista... Siempre he trabajado y, lo que me quedaba de tiempo, lo usaba para entrenar

"Me enfrenté hace tres años a Iman Barlow, la que se considera la mejor del mundo en mi peso; perdí, pero espero que pronto haya una revancha porque ahora me siento mejor que nunca", recuerda Fernández. "Ella vive en Inglaterra, y vive de esto. Allí se puede, pero aquí en España es impensable. Se suelen televisar los combates, hay patrocinadores y este deporte está mejor visto que aquí", lamenta la de Cebolla.

La joven luchadora entregando su currículum en un establecimiento. (F. R.)
La joven luchadora entregando su currículum en un establecimiento. (F. R.)

Esa situación le genera una debilidad frente a sus contrincantes. Mientras que ellas están entrenando, Lara trabaja. "Nunca he vivido como una deportista —reprocha—; siempre he trabajado y, lo que me quedaba de tiempo, lo usaba para entrenar. Solo espero que un patrocinador me llame y me diga 'Lara, te queremos ayudar'. Me da igual llevar una camiseta o otra, los logos que hagan falta, solo pido poder vivir como una deportista". Unos 15 o 20.000 euros al año. No pide más.

Su contrincante para el campeonato del mundo del próximo 8 de marzo, Grace Spicer (de Londres), se prepara en Tailandia para enfrentarse a Lara. "Yo no puedo hacer eso. Primero porque no puedo costearme el viaje, y luego porque ¿y si me sale un trabajo aquí?", detalla.

Su currículum, más allá de los campeonatos

Hasta hace unas semanas, Lara trabajaba en una gasolinera; ahora reparte currículums. Dice así: "Nivel alto de inglés, capacidad de liderazgo, persona con iniciativa y ganas de aprender, perfeccionista, puntual y responsable con afán de superación. Ambición: 'Imposible no está en mi vocabulario'. Candidata cualificada para cualquier tipo de trabajo de cara al público, de tipo comercial, deportivo u hostelería".

No me gusta pedir favores en el trabajo, porque cuando estoy trabajando, lo primordial es tener dinero para comer. No pelear

"Prefiero algo que no sea a jornada completa. Algo que me permita entrenar más, aunque gane menos dinero —apunta Lara—; y poder prepararme mejor. De lo que sea, me da igual, no soy exquisita. He currado en gasolineras, en Decathlon, en una baguetería, de camarera, de au pair…".

Para poder participar en el campeonato del mundo de K1 celebrado el pasado 31 de noviembre en Bélgica tuvo que pedirles el turno a sus compañeros. Y a punto estuvo de no poder ni competir por un problema con los horarios. Viajó un día antes y regresó un día después. En las semanas posteriores tuvo que recuperar los favores que pidió.

Lara Fernández mostrando su cinturón de Campeona del Mundo de K1-ISKA. (Fernando Ruso)
Lara Fernández mostrando su cinturón de Campeona del Mundo de K1-ISKA. (Fernando Ruso)

"No me gusta pedir favores en el trabajo, porque cuando estoy trabajando, lo primordial es tener dinero para comer. No pelear. Priorizo el trabajo antes que pelear. Es lo más lógico. ¿Quién me da de comer? Por un combate puedo cobrar 800 euros y el año pasado tuve cuatro. Y algunos no llegan ni a esa cifra. El título de España se pagó a 500 euros. Los números no salen", razona Lara.

"Es un hándicap; si no tiene de qué vivir, cómo va a poder dedicarse a un deporte", se plantea Jaime Campos, su entrenador, su mánager y el motivo por el que se fue a vivir a Coria. "Con su situación, no es fácil lograr lo que ella ha conseguido, pero sabe organizarse bien. Otra gente no sería capaz de hacerlo. Sabe sacarle el máximo partido a cada entrenamiento", presume.

Cantos viaja frecuentemente a Tailandia, ejerce de mánager con más deportistas y se queja del escaso respaldo que sus peleadores tienen de la administración española. El hecho de no ser un deporte olímpico reduce mucho la capacidad de vivir de él. Entonces, la ecuación es sencilla: a más afición, más ingresos. Pero en España todavía queda mucho por conseguir para equipararse a países como el Reino Unido, el espejo en el que muchos se miran.

"Una miseria por combate"

"Aquí se paga una miseria por participar en un combate, apenas 300 euros en comparación con los 1.500 que se puede pagar fuera. ¡E incluso 6.000 euros!", advierte Cantos. "Y, como siempre y por desgracia, las mujeres cobran menos que los hombres, algo que yo no comprendo", se queja el gerente de Lonewolf, que tiene un trato preferente con Lara. No le cobra mensualidad, solo un 10% de lo que gana por su participación en los eventos. "A otros les cobro un 20%, pero Lara es diferente. Ha sido muy valiente, quería cumplir un sueño y está yendo a por él", justifica.

"Soy constante y tengo claro lo que quiero", apunta Lara, que se define en el 'ring' como una peleadora "muy astuta y rápida"

A los sacrificios que Lara hace frente en su día a día ahora se suma uno más: la pizza, su comida favorita. Debe controlar su dieta para poder bajar de los 55 kilos que pesa hasta los 50,8 el día del pesaje previo a la pelea con Grace Spicer. "Así que nada de pizza hasta entonces", lamenta la de Cebolla, conocida también como Pizza Power. Durante la entrevista no para de beber agua. A lo largo del día deberá beberse cinco litros como prueba de una pequeña deshidratación de cara al combate. "Es para perder solo líquido y no glucógeno o músculo", explica.

Eso sí, bebe a desgana. "No me gusta beber agua", comenta entre risas. Pero una de sus principales virtudes es la perseverancia. "Soy constante y tengo claro lo que quiero", apunta Lara, que se define en el 'ring' como una peleadora "muy astuta y rápida". También supersticiosa.

Lara Fernández ha disputado títulos internacionales en Bélgica, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Países Bajos, Alemania y China. (Fernando Ruso)
Lara Fernández ha disputado títulos internacionales en Bélgica, Reino Unido, Marruecos, Portugal, Países Bajos, Alemania y China. (Fernando Ruso)

No sube al 'ring' sin sus trenzas y no pelea tranquila si no lleva una camiseta del Betis, su equipo desde que se mudó a Sevilla. Parte de su legión de fans en las redes sociales son béticos y muchos de ellos se hacen la misma pregunta: ¿por qué el Betis no patrocina a Lara, una campeona que está llevando desinteresadamente los colores del club por todo el mundo?

—¿Te gustaría?

—Claro, quizás su aportación para ellos sea mínima, pero para mí supondría muchísimo. Me pongo su camiseta porque me gusta. Si no compito con ella no voy tranquila.

De las tres que tiene, una se la regaló Joaquín; otra, el presidente Haro; y la tercera fue un obsequio del club por el día de la mujer. "Ha calado hondo en mí, antes veía más fútbol, pero ahora solo veo el Betis", recalca.

La luchadora toledana retirándose sus vendas tras finalizar la sesión. (Fernando Ruso)
La luchadora toledana retirándose sus vendas tras finalizar la sesión. (Fernando Ruso)

—¿En qué se parece al Betis?

—En que, aunque esté por los suelos, sigo luchando. Y la afición, aunque vea al equipo mal, sigue estando ahí. Todos. No lo dejan caer.

De momento, Lara no ha solicitado la prestación por desempleo, lo guarda por si su situación económica empeora. Por ahora, va tirando de ahorros, gracias al finiquito de su trabajo en la gasolinera, a la escasa aportación de un patrocinador y a lo conseguido en el último combate de K1 en Bélgica.

Y ahí sigue la campeona, repartiendo en el 'ring' y echando currículums por la calle. Esperando un patrocinador que no la deje caer.

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