LO QUE SE COCIÓ ENTRE BAMBALINAS

La noche en que el Gobierno sacó a España de la miseria

Cómo se vivió la gala de los Goya entre bastidores. Cabreos, manifestaciones y maniobras políticas entre las sombras

Foto: Fernando Trueba muestra las pegatinas reivindicativas (Efe)
Fernando Trueba muestra las pegatinas reivindicativas (Efe)

Lo primero que se veía ayer al entrar en una de las salas de prensa de los Goya era una reproducción gigante de la estatuilla. Lo suficientemente grande para darse cuenta de que Francisco de Goya está con una cara de mala hostia atroz. Con gesto de poder agarrar una escopeta y provocar una carnicería en cualquier momento. ¿Por qué? ¿Hay demasiados hippies en la sala, Don Francisco?

En realidad, la cara desencajada del maestro era la cara desencajada del cine español. La pregunta del millón, cuya respuesta nos daría la clave de la ceremonia y del estado de las cosas, sería la siguiente: ¿Por qué está la bohemia cinematográfica tan enfadada?

Posibles contestaciones: 1) Porque el ministro José Ignacio Wert no apareció por la gala y evitó así ser arrojado a un pilón con alquitrán y plumas. 2) Porque Cristóbal Montoro prefiere ver una película de autor tailandesa antes que una española. 3) Porque los espectadores desertaron en masa de los cines patrios el día que Pajares y Esteso se retiraron (teoría torrentiana escuchada ayer vía sketch). 4) Porque el IVA del cine ha subido tanto que parece el ascensor al cadalso.

El Cabreódromo del cine español

No es que los Goya necesiten de mucha ayuda para entrar en calor dadas las penalidades que atraviesa la industria, pero la espantada de Wert ha sido este año la estrella del Cabreódromo del Cine Español. Si los estrategas de Cultura pensaban que evitarle una bronca televisaba al ministro iba a servir para apagar el incendio, quizás se equivocaron.

Críticas a Wert en los Goya

Mientras las actrices paseaban por la alfombra roja, entre bastidores se cuchicheaba que Enrique González Macho, presidente de la Academia, estaba que se subía por las paredes por el plantón ministerial.

El ambiente previo entre bambalinas era, de hecho, de calma tensa.  ¿Y en el exterior del edificio? Dos tazas de caldo: en lugar de groupies del cine gritando a sus ídolos, los despedidos de Coca Cola y la Plataforma Antidesahucios cagándose en los muertos del sistema por dejarles sin trabajo y sin casa. “Pues dentro de nada seremos nosotros los que estaremos ahí”, comentó una reportera en la sala de prensa. En dos palabras: la juerga. España es una fiesta.    

Antonio de la Torre entró en el edificio puño en alto

El actor Antonio de la Torre, por ejemplo, se bajó del coche, vio a los manifestantes, y entró en el edificio puño en alto. A tope.

Todo un poco como si en vez de en los Goya estuviéramos en la Caída de Saigón. Con smoking, traje de noche… y el cuchillo entre los dientes.

Por no poder uno no podía anoche ni mear tranquilo. Fue entrar en el cuarto de baño en busca de un momento de paz, esos segundos de gloria en los que la vejiga descarga y el cuerpo destensa, y va el desconocido meón de al lado y espeta lo siguiente a calzón quitado: “Suerte que este Gobierno nos va a sacar a todos de la miseria”. Estaba de coña, claro.  Conclusión: Cuando en un país uno no puede ya ni aflojar el esfínter, es que algo gordo se está cociendo.

Javier y Pilar Bardem con una pegatina de los trabajadores de Coca Cola. (EFE)
Javier y Pilar Bardem con una pegatina de los trabajadores de Coca Cola. (EFE)
Una imagen para la metáfora política en los corrillos de antes de entrar en la gala: Carmen Alborch, ex ministra de Cultura (1993/1996) y actual senadora socialista, convertida en la reina de la fiesta, y no solo por su indescriptible tocado: departiendo con lo más granado del cine español cual enviada especial gubernamental. Mensaje para los estrategas de Moncloa: cuando el PP renuncia a lidiar con la cultura, el PSOE aprovecha el vacío de poder y saca rédito.

El director Daniel Sánchez Arévalo escribió el siguiente diálogo en Twitter horas antes de la gala:

-¿Qué haces? –Esperar. -¿El qué? –La gran batalla final. -¿Y contra quién luchamos? –Contra nosotros mismos.

Cuando el PP renuncia a lidiar con la cultura, el PSOE aprovecha el vacío de poder y saca rédito

Posiblemente Sánchez Arévalo se refería a su lucha por el Goya contra sus compañeros de profesión. Pero sus palabras nos sirven también como espejo de lo otro: de cómo la gran batalla anual del cine español contra el Gobierno suele acabar con el Gobierno creciéndose con el castigo y la bohemia estrellándose contra un muro.  

Una vez echado el telón, tocaba volver a revisar el aspecto de la cabeza gigante de Goya. Lo crean o no, Don Francisco estaba de peor humor aún que ocho horas antes. Gesto quebrado y mirada de las mil yardas. Tocaba salir de ahí por patas antes de que el pintor agarrara el fusco, liquidara a todos los representantes del cine y del Gobierno que se le pusieran por delante y viajara por fin a retirarse al exilio/oasis francés, allá donde se toman la cultura un poco más en serio que en Celtiberia.  

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