'Calamity': la leyenda del oeste se pasa al 'western' infantil (y feminista)
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'Calamity': la leyenda del oeste se pasa al 'western' infantil (y feminista)

El animador galo Rémi Chayé ha firmado un 'western' infantil inspirado en John Ford que también funciona como retrato de un impulso emancipador genuinamente feminista

Foto: 'Calamity'. (La Aventura Audiovisual)
'Calamity'. (La Aventura Audiovisual)

Buena parte de la leyenda construida alrededor de Martha Jane Cannary, más conocida como Calamity Jane, tiene que ver con la falta de información fiable acerca de su biografía. Su presencia en la cultura pop se basa en rumores e invenciones, y en retratos o bien idealizados —como por ejemplo el ofrecido en el musical ‘Doris Day en el Oeste’ (1953), protagonizado por ya sabe usted quién— o bien puramente ornamentales, como sus apariciones en las viñetas de ‘Lucky Lucke’. Ahora, la mitología que rodea al personaje se agranda gracias a la nueva película del animador galo Rémi Chayé, que se inspira tanto en John Ford como en Mark Twain para imaginarlo en sus años de niñez y, en el proceso, funciona a la vez como ‘western’ infantil y como retrato de un impulso emancipador genuinamente feminista. Chayé, recordemos, se dio a conocer internacionalmente gracias a ‘El techo del mundo’ (2015), otra historia de empoderamiento femenino en un mundo eminentemente masculino que transformaba a una heredera de la aristocracia zarista en una exploradora del Polo Norte.

Trasladándose de las extensiones heladas a las vastas llanuras y las imponentes montañas del Far West, Chayé sigue los pasos de una pequeña heroína destinada a convertirse en icono que, en todo caso, aquí apenas empieza a transitar hacia la edad adulta y a comprender qué significa tener el sexo que le fue asignado al nacer. En otras palabras, ‘Calamity’ observa tanto el nacimiento de un mito como un proceso de rebelión contra un tiempo en el que todo cuanto se espera de las mujeres es que cocinen, laven la ropa y tengan hijos.

El relato arranca en 1863, en plena fiebre del oro. Martha Jane viaja junto a su familia en un convoy que se dirige al Oeste. Cuando su padre se rompe una pierna, la niña asume la responsabilidad de cuidar de su carromato y de sus dos hermanos —su madre acaba de morir—, y poco a poco se va comportando cada vez más como un ‘cowboy’ y adquiriendo poder y prestigio en el grupo. Un día, sin embargo, es acusada por error de un robo, y se ve obligada a huir para encontrar al verdadero culpable. El viaje, por supuesto, la enfrentará a una serie de peligros.

'Calamity’ funciona casi como una colección de clichés. Hasta incluye una escena en la que la protagonista se corta el pelo en un ataque de ira

Durante ese primer acto, en el que la pequeña descubre los privilegios masculinos que por su género le están negados —manejar el lazo, montar a caballo, llevar pantalones, usar armas de fuego—, ‘Calamity’ funciona casi exclusivamente como una colección de clichés —hasta incluye una escena en la que la protagonista se corta el pelo en un ataque de ira—; en cuanto se produce la fuga que hace despegar la trama, sin embargo, la película empieza a mostrarse mucho más vigorosa. Manejando con pericia el imaginario del ‘western’ y complementándolo con una representación de la naturaleza en la que se adivina la influencia de Hayao Miyazaki, Chayé adentra a la niña en una aventura en la que el feminismo no funciona a modo de moraleja ni de bandera que ondear; el proceso de liberación de Jane resulta especialmente convincente porque lo motiva su alegría de vivir y la promesa de una existencia acorde con su naturaleza rebelde, atrevida y temeraria. Chayé, pues, se sirve del personaje para reivindicar una individualidad que no está determinada por cuestiones de género e introducir así al público infantil en el debate sobre la identidad sexual.

placeholder Fotograma de 'Calamity'. (La Aventura Audiovisual)
Fotograma de 'Calamity'. (La Aventura Audiovisual)

‘Calamity’ ni es una película precisamente sutil ni se toma la molestia de esquivar fórmulas dramáticas de eficacia probada. Chayé, eso sí, suple esas carencias imprimiendo a la narración un ritmo ágil y llenándola de giros argumentales, y entretanto potenciando la expresividad de la animación, que cuenta con el ‘fauvismo’ y Gauguin entre sus inspiraciones confesas. Desde su primera secuencia, ‘Calamity’ captura mesetas, valles y cañones en toda su monumentalidad, a través de unos dibujos basados en grandes áreas de colores planos sin trazo, líneas firmes dispensadas con moderación y rotundos contrastes entre la luz y la sombra. La principal baza de esos imponentes paisajes, en todo caso, no estriba en su valor estético, sino en su capacidad para reflejar los estados de ánimo de la joven que los atraviesa.

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