'Nieva en Benidorm': Isabel Coixet, en la ciudad donde todo vale
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'Nieva en Benidorm': Isabel Coixet, en la ciudad donde todo vale

La directora más prolífica del cine español vuelve con un 'thriller' a caballo con el drama romántico que participó en la Sección Oficial de la Seminci

Foto: Sarita Choudhary y Timothy Spall, en la última película de Isabel Coixet. (BTeam)
Sarita Choudhary y Timothy Spall, en la última película de Isabel Coixet. (BTeam)

Casi un poco como Silver Lake, la ciudad de Benidorm se va llenando de personajes estrafalarios, de miradas inquietantes, de lugares no lugares, pero pasado por el tamiz del garrafón y el bufé libre por menos de 10 euros. En Benidorm todo es posible, hasta que nieve. Los espectáculos eróticos en plena calle, los ríos de vómito alcohólico a la salida de los pubs irlandeses, el imitador del que nadie se acuerda de Take That. Pero también las callejuelas empinadas del casco antiguo, los primeros rascacielos de la España de los sesenta y los kilómetros y kilómetros de arena dorada y aguas cristalinas que se esconden bajo los kilómetros y kilómetros de guiris achicharrados. ¿Cuál de las dos es la verdadera identidad de Benidorm? Porque 'Nieva en Benidorm', la última película de Isabel Coixet, es la búsqueda de una identidad, también la de Peter Riordan (Timothy Spall), un banquero timorato que viaja a la localidad alicantina en busca de su hermano Daniel, la presencia fantasmagórica pululante que guía la acción durante toda la película.

Tráiler de 'Nieva en Benidorm'

El ocre Riodan se ve envuelto en una fantasía de neón, despedidas de soltera y bailes de salón para jubilados, hasta descender a un submundo oculto y alucinado que se mueve por debajo de la ciudad turística. En su camino, se cruza Álex (Sarita Choudhury), la encargada del local nocturno propiedad de Daniel, una mujer exótica y misteriosa con la que Peter queda obnubilado. Y alrededor de ambos pululan varios personajes que, dentro de la normalidad, presentan algún rasgo excéntrico o directamente inquietante. Siempre hay algo en su manera de actuar, de mirar, de comportarse que les confiere un halo amenazante y siniestro. La limpiadora interpretada por Ana Torrent, la policía amante de la poesía de Sylvia Plath a la que da vida Carmen Machi, el carnicero tétrico de Pedro Casablanc.

placeholder Ana Torrent, en 'Nieva en Benidorm'. (EOne)
Ana Torrent, en 'Nieva en Benidorm'. (EOne)

Si Coixet puede presumir de algo, es de audacia por enfrentarse a cualquier género y cualquier tono. A lo largo de su filmografía, ha escrito y dirigido comedia, drama, documental y hasta terror. Ha rodado en castellano, catalán, inglés y hasta japonés. Ha ambientado sus historias en Tokio, Nueva York, Barcelona y, ahora, Benidorm. También ha demostrado riesgo a la hora de componer imágenes, utilizar paletas de colores muy marcadas, diálogos de una profunda intimidad y sensibilidad, pero también de una intelectualidad apasionada por la literatura y las artes. Poco se habla de su prolificidad: desde 2003, la directora catalana ha estrenado, mínimo, un largometraje al año, si no más, llegando incluso a participar en cuatro proyectos en 2016 y 2017. Es decir, ocho títulos en dos años.

A medio camino entre el 'noir' y el drama romántico de madurez, 'Nieva en Benidorm' es la exploración de Peter sobre sí mismo durante la búsqueda de un hermano que representa su opuesto. Mientras él siempre ha sido un hombre recto e íntegro, pero también gris y carente de emoción alguna, su hermano Daniel parece —según los testimonios y las pruebas que nos va mostrando por el camino— un vividor estridente y no demasiado amante de las leyes. De la mano de Álex, Peter se transforma, ocupa el lugar de su hermano. Peter, siempre preocupado por la forma de las nubes y el parte meteorológico, puede, por primera vez en su vida, sentir la aventura, quizá lo más parecido al amor que ha sentido en toda su vida.

placeholder Otro fotograma de 'Nieva en Benidorm'. (BTeam)
Otro fotograma de 'Nieva en Benidorm'. (BTeam)

Sin lugar a dudas, 'Nieva en Benidorm' es una película libérrima, sin miedo al peligro, lo que supone su mejor virtud y, en cierta medida, su peor defecto. Coixet construye un viaje en el que, como en Benidorm, conviven la horterada y la elegancia, en un tira y afloja constante. La película a veces transita lánguida, a veces sexual, siguiendo a un personaje desubicado en un mundo que no llega a comprender, pero que le empuja a una valentía hasta ahora desconocido para él. Coixet no se amedrenta y prueba, busca, aunque no siempre acertada, pero sí intencionada. Quizá no es su trabajo mejor engranado —incluso hay ciertas decisiones de montaje y de puesta en escena desconcertantes y algo toscas—, pero sí es una exploración y falta de complejos que se agradece frente a propuestas más formularias y conservadoras.

Sin embargo, se percibe cierta falta de energía en una historia en la que los personajes parecen almas flotantes que se mueven con el viento —salvo la energética Carmen Machi— y que hace que a 'Nieva en Benidorm' le falte masa ósea, golpe. No hay un cuerpo sólido y compacto, ni la sensación de que haya una línea marcada en la toma de decisiones narrativas. De una secuencia a otra, los cuadros son muy desiguales, algunos milimétricamente compuestos, otros sin acabar de rematar. Pero no puede decirse que la voz de Coixet no sea propia ni reconocible. En cada uno de sus planos se reconocen la cinefilia, las referencias culturales, el humor melancólico y sofisticado de una directora cuyas películas no pertenecen a un lugar concreto, sino a todos.

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