NACIO EN ROMA EN 1928

Muere a los 91 años Ennio Morricone, genio experimental, padre de la música western

En 2020, le fue galardonado en España con el Premio Princesa de Asturias de las Artes, compartido con el también compositor John Williams

Foto: Ennio Morricone, con su premio Oscar por 'Los Odiosos Ocho'. (Reuters)
Ennio Morricone, con su premio Oscar por 'Los Odiosos Ocho'. (Reuters)

Difícil encontrar un compositor más prolífico y versátil que Ennio Morricone. Más de medio millar de bandas sonoras, arreglos para canciones pop, colaboraciones con iconos del rock como Morrissey, del folk como Joan Baez —con la que trabajó para 'Sacco y Vanzetti', de Giuliano Montaldo— y de la bossa nova como Chico Buarque, trabajador incansable y totalmente entregado a su arte, este lunes ha muerto uno de los compositores más icónicos y reconocidos de la historia de la música de cine, pero también de la música, así, sin apellidos. Antes de hacerse un nombre dentro del cine, consiguió llevar a Paul Anka a lo más alto del Festival de San Remo en 1964 con el tema 'Ogni Volta', que vendió tres millones de copias en todo el mundo. También compuso una canción para la artista italiana Mina; la melodía de 'Se telefonando', el tema que la encumbraría, se le ocurrió a Morricone mientras estaba con su mujer "esperando la cola para pagar la factura del gas".

El compositor romano ha fallecido en Roma a los 91 años, y lo ha hecho cuatro años después de ganar su único Oscar —fue por la banda sonora de 'Los odiosos ocho', de Tarantino; en 2006 la Academia ya le había concedido el Oscar honorífico— y el mismo año en el que se le había concedido el Premio Princesa de Asturias de las Artes, compartido con John Williams. Hace poco más de un año, en mayo de 2019, el italiano ofreció dos conciertos en Madrid en los que repasó sus temas más conocidos, en una especie de gira de despedida, casi premonitoria.

Se ha ido el padre de bandas sonoras de peso por sí solas, como las de 'Por un puñado de dólares', 'El bueno, el feo y el malo', 'Hasta que llegó su hora', 'Los Odiosos Ocho', 'La misión', 'Cinema Paradiso', 'Los intocables de Eliott Ness' y para la española 'Átame'. De él dijo Bernardo Bertolucci, con quien trabajó en cinco películas, entre ellas 'Novecento', que manejaba "dos identidades". Por un lado la de compositor de "música contemporánea de extraordinaria calidad y música popular (no menos valiosa) para el cine. A lo largo de su vida ha alimentado estas dos dimensiones, como si ambas se enriquecieran mutuamente". Morricone fue un músico incansable, experimental y desprejuiciado. Desde sus composiciones más vanguardistas, como las de su Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza a sus bandas sonoras más sinfónicas, como las de 'La misión' o 'Cinema Paradiso', hasta los sampleados que con su música han hecho raperos como Jay Z, grupos pop como Muse o metaleros como Metallica, el italiano siempre ha sido un inconformista y un buscador: siguió siendo moderno con más de nueve décadas a sus espaldas. "Me gusta cambiar. Así no corro el riesgo de aburrirme", confesó en alguna ocasión.

Muere a los 91 años Ennio Morricone, genio experimental, padre de la música western

Trabajó en Hollywood en producciones de alto presupuesto, pero también compuso la banda sonora de películas populares como 'Dos granujas en el Oeste' (1981), con Bud Spencer y hubo años, como 1969, en los que llegó a firmar 23 bandas sonoras, ninguna perezosa, ninguna insulsa. El mismo año (1968) compuso para Pasolini en 'Teorema', para Sergio Sollima en '¡Corre, Cuchillo, corre!' y para Sergio Leone en 'Hasta que llegó su hora'. Su música también está muy ligada al giallo, ese género tan italiano de asesinos de mujeres, donde las casas son suntuosas, los colores estridentes y la modernidad tan sorprendente como elegante; trabajó con Dario Argento en títulos como 'El pájaro de las plumas de cristal' y con Lucio Fulci en 'Una lagartija con piel de mujer'.

Dice José María Benítez, melómano, cinéfilo y fundador de Quartet Records, sello discográfico especializado en bandas sonoras, que con Morricone "se pierde una manera de entender el cine, que seguía vivo a través de su figura: fue el hilo de unión entre el cine comercial,el cine de género, el cine intelectual, el cine político. Al desaparecer él es el fin total de esta manera de entender el cine; eso sí, desaparece la persona, pero queda el legado". "Como era de familia muy humilde, él siempre tuvo necesidad de ganar dinero", prosigue.

"Al principio aceptaba todo, porque tenía que trabajar", admitió Morricone en la serie de entrevistas que le hizo Alessandro de la Rosa, joven compositor y escritor, y que se convirtieron en el libro 'En busca de aquel sonido. Mi música, mi vida' (2017). "Después me volví más selectivo y exigente, pero si un director me llama y yo respondo que sí, lo hago lo mejor que puedo". Y es que, hasta su muerte, Morricone ha sido estajanovista, levantándose diariamente a las cuatro de la mañana para componer.

Morricone con su Oscar en 2016. (Reuters)
Morricone con su Oscar en 2016. (Reuters)

Hijo de un músico, su padre le inscribió en la Academia Nacional de Santa Cecilia, donde comenzó a tocar la trompeta con pocos años de edad. Fue precisamente cuando a Mario Morricone lo movilizaron a tropas durante la Segunda Guerra Mundial, su hijo recogió su testigo y lo sustituyó como trompetista en orquestas de revista. Comenzó a ganar dinero componiendo para obras de teatro y haciendo arreglos para programas de radio y televisión, y trabajó como 'negro' en bandas sonoras de cine —orquestaba y rehacía partituras de otros— desde 1955, cuando le arregló a Giovanni Fusco la banda sonora de 'Los extraviados' de Francesco Maselli.

Hasta que en su camino se cruzó Luciano Salce en 1961 y le pidió que hiciera la banda sonora de 'El federal', su primera película íntegra como compositor. "El acercamiento a la gran pantalla fue gradual, después de años repartido entre la radio, la televisión y la discografía, trabajando como ayudante de muchos compositores conocidos en aquella época".

Morricone en otra foto de 2016. (Reuters)
Morricone en otra foto de 2016. (Reuters)

Pero el gran salto a la popularidad ocurrió en 1964, gracias a la banda sonora de 'Por un puñado de dólares' de Leone. Todo ocurrio un año antes, a través de una llamada telefónica en la que Leone, "sin demasiados preámbulos" le propuso un proyecto. Cuando se encontraron cara a cara, ocurrió la magia: "Noté enseguida un movimiento en su labio inferior que me recordaba algo: aquel hombre se parecía a un chiquillo que había conocido en tercero de primaria. Yo le pregunté: 'Pero, ¿tú eres Leone, el de mi colegio?' Y él: ¿Y tú Morricone, el que iba conmigo al viale Trastevere?'. Como para no creérselo. Cogí la vieja fotografía del colegio y ahí estábamos los dos. Fue increíble que nos encontráramos después de treinta años". Una amistad y un respeto que duró más allá de la muerte de Leone en 1989: Clint Eastwood le pidió colaborar en más de una ocasión, pero Morricone lo sentía como una traición a Leone y siempre declinó la oferta.

A otro de sus directores de cabecera, Giuseppe Tornatore, con quien ha trabajado en once películas, lo conoció mucho más tarde, en 1988. 'Cinema Paradiso' era el segundo largometraje de Tornatore, mientras que Morricone ya había compuesto 300 bandas sonoras. "Pero él fue espléndido desde el principio, tratándome de igual a igual, sin dejar que me paralizase bajo el peso de su infinita experiencia", reconoce el director. Porque aunque el carácter del compositor siempre se ha reconocido como huraño, también ha sabido leer la pasión creativa de sus interlocutores, que es lo que al final acaba abriendo la puerta.

Ennio Morricone en junio de 2019. (Efe)
Ennio Morricone en junio de 2019. (Efe)

Su época más prolífica y vanguardista fue desde mediados de los sesenta hasta finales de los setenta, que coincide con la creación del Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza, en el que Morricone, junto a músicos como Franco Evangelisti y Egisto Macchi experimentó con el free jazz, el noise, la música concreta y las técnicas de vanguardia. También le influyó la música aleatoria de John Cage, lo que le inspiró el uso de instrumentos inhabituales en la orquestación y la composición de bandas sonoras. De ahí, el silbido más reconocible de la historia del cine: el de Alessandro Alessandroni en 'La muerte tenía un precio'. Siempre se apunhtó a proyectos de directores noveles, porque "aunque no hacían buenas taquillas, eran fruto de una gran investigación". Antepuso casi siempre la "pasión y la visión crítica" a las pretensiones comerciales.

Para Benítez, Morricone quedará en la historia porque "desarrolló un lenguaje muy personal: los arreglos suyos son muy revolucionarios porque se aleja de lo acostumbrado en la música italiana. Su música es muy seria y trabajada, pero también como conejillos de indias, siempre pensando en la experimentación de la música con la imágen y con la música en sí mismo". En los últimos años, el cine ya había cambiado, así que ya no le pedían una música tan diferente y arriesgada, a la contra de las convenciones de los géneros.

Morricone junto a Sofia Loren en 2007. (Efe)
Morricone junto a Sofia Loren en 2007. (Efe)

"Él se inventó la música del western y lo que se ha quedado en el ideario colectivo como la música de western", prosigue Benítez. "Aunque es el género americano, obvia la pureza americana, la deconstruye y hace una música sucia, utilizando un látigo o un martillo, que luego los compositores americanos y europeos tratan de imitar y la convierte en lo que hoy todos entendemos por música del Oeste". Su etapa más sinfónica comienza con 'Novecento', aunque durante los sesenta también tuvo sinfónicas como 'La tienda roja', pero no desarrolló este aspecto. "Aun así, nunca escribe una música sinfónica convencional, siempre hay elementos disruptivos. A partir de 'La misión', cuando consigue éxito en Estados Unidos, y toma conciencia de lo famoso que es y del dinero que puede pedir a partir de la nominación, de los contratos discográficos millonarios y su música empieza a ser un poco más convencional y repetitiva, en mi opinión".

Más tarde, en su época de madurez, optó por las grandes orquestas. Llegó a Hollywood en los años 70, de la mano de un gran director como Don Siegel en 'Dos mulas para una mujer', pero no fue hasta 1976 cuando pisó por primera vez suelo estadounidense con 'El exorcista II: El hereje' de John Boorman. Su primera nominación al Oscar fue en 1979 por 'Días de cielo', la única vez que trabajó con Terrence Malick, pero la Academia tardó demasiado tiempo en reconocerlo con una estatuilla, un desaire que le molestó "un poco durante años". Siempre se sintió desdeñado por el mundo académico. El Oscar se lo dedicó a su esposa, María Travia, porque mientras él componía, ella se dedicaba a su familia y sus hijos. "Durante cincuenta años nos hemos visto poquísimo: yo estaba con la orquesta o encerrado en mi despacho componiendo. Nadie podía entrar aquí salvo ella: ese es su privilegio".

Morricone en enero de 2019 en Alemania. (Reuters)
Morricone en enero de 2019 en Alemania. (Reuters)

En los últimos años, fue dejando de lado el cine para centrarse en otros campos de su obra. "A los 84 años empezó a dejar el cine paulatinamente, que es una buena edad para hacerlo, y se dedicó a dar conciertos por todo el mundo, conciertos de músicas de cine con las que llenó estadios y polideportivos", puntualiza Benítez. "Aunque siguió trabajando con Tornatore y aceptó colaborar con una estrella como Tarantino y con alguien menos conocido como el francés Christian Carion —le pasaron la película de 'Mayo de 1940', le gustó y decidió componer la música—. Con el revival de Tarantino también hubo un redescubrimiento que hizo que se empezase a reeditar su obra. Pero, sobre todo, ha trabajado en televisión, en series para la RAI".

Hoy el cine y la música se quedan un poco más huérfanos del último gran genio de un arte concebido como talento, dedicación, búsqueda y pasión. Un hombre de otro tiempo que siempre fue y seguirá siendo un adelantado a su tiempo.

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