72 EDICIÓN DEL FESTIVAL DE CANNES

Terrence Malick nos devuelve la fe en Cannes y busca a Dios en el exterminio nazi

Ocho años después de ganar la Palma de Oro con 'El árbol de la vida', Terrence Malick regresa con 'A Hidden Life', la historia de un mártir de la Segunda Guerra Mundial

Foto: August Diehl y Bruno Ganz en un momento de 'A Hidden Life'.
August Diehl y Bruno Ganz en un momento de 'A Hidden Life'.

Tanto el cine como la figura de Terrence Malick han estado envueltas en un halo de mística desde su debut como cineasta con 'Malas tierras' en 1973. Sin embargo, sus últimas tres películas, 'To The Wonder' (2012), 'Knight of Cups' (2015) y 'Song to Song' (2017) han estado a punto de demoler esa aura construida durante décadas de rodajes largos, procesos tortuosos, reverencias de la crítica y la cinefilia y un control férreo de su imagen limitada a presencias públicas tan improbables como una aparición mariana. "¿El declive de un genio?", tituló tras el estreno de la última el diario 'Le Figaro'. Ocho años después de ganar la Palma de Oro con 'El árbol de la vida', Malick concurre a la Sección Oficial del Festival de Cannes con 'A Hidden Life' —podría traducirse como 'Una vida escondida'—, que ha devuelto la fe a los descreídos. Y para subrayar la importancia de este momento en su carrera, Malick se ha presentado —algunos dirían que manifestado— en la proyección del Teatro Grand Lumière.

Pocos escenarios son más fértiles para las disquisiciones existenciales de Malick sobre la moral y el papel del hombre frente a lo divino que la Segunda Guerra Mundial y, en particular, el nazismo, la concreción coordinada y colectiva del mal, paradigma absoluto de la bajeza a la que puede descender el ser humano. Y dentro de este contexto histórico, el estadounidense ha rescatado del olvido —o del escondite— la historia real de Franz Jägerstätter, un granjero austríaco que tras el Anschluss se negó a jurar fidelidad a Hitler, a combatir en la Wehrmacht o a apoyar al Tercer Reich de cualquier forma, ya fuera activa o pasiva. A los nazis ni el Domund.

Los protagonistas de 'A Hidden Life', de Terrence Malick.
Los protagonistas de 'A Hidden Life', de Terrence Malick.

'A Hidden Life' no contribuye a la sobresaturación de títulos ambientados durante el nazismo porque, en realidad, la historia de Franz sirve tan sólo como punto de partida de un discurso mucho más introspectivo y universal. Porque aunque la Historia se cuenta a través de la épica, la historia real es la suma de anonimatos. Porque es más cómodo delegar y mimetizarse en la masa que defender la virtud —o, más bien, la justicia— a contracorriente.

Aunque la Historia se cuenta a través de la épica, la historia real es la suma de anonimatos

Franz vive en Radegund, un pueblo pequeño de Austria —el típico en el que los vínculos vecinales se acercan a la consanguinidad—, en el que pasa los días arando la tierra y criando animales junto a su mujer Fani (Valerie Pachner), con la que tiene tres hijas. La felicidad —que Malick traduce desde la naturaleza y el juego— se ve interrumpida con el estallido de la guerra y su llamada a filas. Y aquí es donde aparecen los primeros atisbos de la transformación en contextos extremos: hombres tranquilos se convierten en soldados violentos con rictus desencajados.

Valerie Pachner y August Diehl en 'A Hidden Life'.
Valerie Pachner y August Diehl en 'A Hidden Life'.

Lo que al principio piensan que es un conflicto puntual y pasajero se convierte en una guerra larga y expansiva. Además, el discurso xenófobo y virulento de Adolf Hitler comienza a calar entre los vecinos de Radegund, para desasosiego de Franz. Pero es cuando el Ejército empieza a reclutar a los hombres del pueblo, a los que exigen jurar fidelidad al Führer, y Franz se niega. Cuando el granjero y su familia comienzan a ser objeto de acoso por parte del pueblo, de las autoridades y de la estructura omnipotente y sin fisuras que han diseñado los nazis para controlar a la población y que llevará a Franz a la cárcel y a Fani y sus hijas al ostracismo.

El discurso xenófobo y virulento de Adolf Hitler comienza a calar entre los vecinos de Radegund

Esta vida escondida a la que se refiere Malick tiene que ver con el sacrificio íntimo y discreto de un hombre que se niega a hacer algo que considera incorrecto, a pesar de las consecuencias nefastas que pueda tener para él y su entorno esta decisión. Dice el personaje de Franz —interpretado por el berlinés August Diehl— que "es mejor padecer una injusticia que cometerla" y que "hay una gran diferencia entre el sufrimiento que no podemos evitar y el sufrimiento que elegimos voluntariamente". Porque Franz es un mártir del siglo XX —Benedicto XVI lo declaró beato en 2007—, pero cuya historia admite una lectura contemporánea como aviso de la deriva extremista de Europa.

Otro momento de 'A Hidden Life'.
Otro momento de 'A Hidden Life'.

La advertencia queda patente en los primeros minutos, en los que Malick recurre a metraje de archivo de Adolf Hitler y de los millones de ciudadanos que lo encumbraron. Sin embargo, Malick, a través de su protagonista, se niega a actuar como juez, pero sí avisa de lo cómodo que es dejarse arrastrar por la corriente mayoritaria, aun cuando uno siente que está apoyando algo injusto y nocivo. Franz también reflexiona sobre su papel en el mundo y el sentido tanto de su vida como de los acontecimientos. Todo ocurre por algo. Malick busca a Dios en la barbarie del nazismo.

Pero cuando Malick reaparece es en el relato de la conexión del individuo con esa presencia que lo supera y lo trasciende, que le hace formar parte de un todo absoluto que lleva a un único punto de partida, que es Dios. La cámara vuelve a apuntar al cielo, a la naturaleza insondable y a los detalles minúsculos: todo forma parte de una pintura más grande. Las ópticas angulares levitan sobre el paisaje hacia los rostros, levemente elongados; los planos se aberran y saltan, y el relato se encuentra consigo mismo en caminos circulares, que vuelven una y otra vez sobre los 'leitmotivs' del director. Quizás resulta excesivamente reiterativa en algunos momentos de sus casi tres horas de duración y resulta confuso el salto continuo y aleatorio de los personajes del inglés británico al alemán, pero Malick ha rodado la película más accesible y pulida de los últimos años de su filmografía.

August Diehl es Franz en 'A Hidden Life'.
August Diehl es Franz en 'A Hidden Life'.

Rodada en 2016 —la posproducción ha durado dos años y medio—, 'A Hidden Life' es el esfuerzo de Malick por encontrarse a sí mismo y recuperar su voz y junto a 'Dolor y Gloria' de Pedro Almodóvar y 'Portrait De La Jeune Fille En Feu' de Céline Sciamma es, de momento, una de las principales candidatas a la Palma de Oro de este 2019.

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