ESTRENOS DE CINE

'Onward': ¿y si Pixar ha perdido su magia para siempre?

Dos hermanos elfos intentan revivir a su padre en un mundo en que la magia ha dejado paso a una sociedad alienada y obsesionada con la tecnología

Foto: Dan Scanlon dirige esta fábula protagonizada por dos elfos adolescentes. (Disney)
Dan Scanlon dirige esta fábula protagonizada por dos elfos adolescentes. (Disney)

Las películas de Pixar acostumbran a llevarnos de paseo por mundos prodigiosos y llenos de magia —los confines del espacio exterior, el fondo del mar, el interior del cerebro de una niña— pero, una vez instalados en ellos, los llenan de historias llenas de una emotividad con la que hasta los espectadores más prosaicos pueden empatizar. En ese sentido, puede decirse que transcurren en un territorio extraño en el que lo fantasioso y lo cotidiano se confunden. Y quizá ninguna de ellas lo haga de forma tan explícita como 'Onward'.

Después de todo, la nueva película de Dan Scanlon —que ya dirigió una de las películas más anodinas de Pixar, 'Monsters University' (2013)— transcurre en un universo que un día estuvo poblado en su totalidad por sirenas, trolls, mantícoras, duendes y otras criaturas legendarias pero en el que, con el paso del tiempo, la mitología ha sido desterrada por el empuje de la ciencia y la tecnología moderna: los centauros ahora se mueven por los suburbios montados en un coche de policía, corren por la ciudad en autos en lugar de correr libremente, los cíclopes usan 'smartphone' y los dragones son usados como mascotas porque, habiendo fogones y estufas, su fuego no es necesario. Ese es el mundo que habita Ian, un elfo de color azul que acaba de cumplir 16 años y que, como la mayoría de chavales a su edad, vive ansioso y angustiado por prácticamente todo; en ese sentido, no podría ser más distinto de su hermano mayor, Barley, un 'freak' que se pasa el día deambulando a bordo de su desastrada camioneta, y que no se preocupa por nada que no tenga que ver con la brujería y los juegos de rol.

Ian y Barley invocan a su padre. (Disney)
Ian y Barley invocan a su padre. (Disney)

Aunque de distinta manera, ambos viven marcados por la muerte de su padre y eso, la sombra del progenitor ausente, es un recurso narrativo al que las ficciones infantiles en general y en particular las películas de Disney —la compañía a la que Pixar pertenece— han recurrido hasta la saciedad. 'Onward', en todo caso, lo maneja de forma francamente intrépida: por motivos y medios de difícil resumen, Ian y Barley intentan revivir a papá pero, literalmente, solo lo logran a medias; lo único que vuelve a la vida son sus piernas, incapaces de ver ni hablar o escuchar pero, eso sí, capaces de comunicarse con los chavales de formas alternativas. La ocurrencia funciona de maravilla como gag visual pero también como metáfora de lo presentes que nuestros muertos permanecen en nuestras vidas.

A partir de entonces, 'Onward' se convierte en una misión contrarreloj protagonizada por dos personajes opuestos que deben aprender a resolver sus diferencias —un recurso narrativo habitual en el catálogo de Pixar— y a través de la que se plantea un conflicto entre la importancia de seguir las reglas y la de dejarse llevar por los instintos —ídem—. La aventura en la que los hermanos se ven envueltos a lo largo del camino está llena de chistes en su mayoría certeros, vistosas escenas de acción —en una de ellas, un pelotón de hadas del bosque cabreadas persigue a la pareja montadas en sus motocicletas 'chopper'— y referencias tanto a 'Dragones y mazmorras' como a 'Los Goonies', 'Indiana Jones', 'E.T. El extraterrestre' y varios títulos más producidos por Amblin en los años ochenta, entre muchos otros.

Otro momento de 'Onward'. (Disney)
Otro momento de 'Onward'. (Disney)

Y la incitación facilona a la nostalgia que esas citas encarnan no es la única trampa a la que Scanlon recurre; asimismo, la película trata de funcionar a modo de lamento por cómo, en el mundo moderno, lo más parecido a una verdadera aventura que cualquiera de nosotros experimentará jamás son el tipo de entretenimientos sucedáneos higiénicamente empaquetados que ofrecen los parques temáticos, las 'escape rooms' y, sí, las películas de Disney.

Este año se cumple el 25 aniversario de la primera película de Pixar, 'Toy Story' (1995), que revolucionó por completo el mundo de la animación. Y, de algún modo, el viaje que Ian y Barley emprenden para redescubrir la magia puede entenderse como un símbolo del que Pixar lleva a cabo con el mismo fin a bordo de 'Onward', después de una década en que los estudios han estrenado nada menos que siete secuelas y han dejado de ser sinónimo inequívoco de excelsitud.

Cartel de 'Onward'.
Cartel de 'Onward'.

Y puede que, en ese sentido, la película hasta cierto punto represente una misión fallida; funciona muy bien orquestando 'slapstick' pero no tanto construyendo personajes y ofreciendo hondura emocional —aunque su conmovedor tramo final a punto está de corregir ese defecto—, y de ningún modo alcanza las alturas artísticas de 'Los increíbles' (2004) y 'Wall-E' (2008). Quizás, en efecto, Pixar haya perdido parte de su magia para siempre. O quizá la evolución seguida por los estudios merezca otra explicación. Tal vez, 'Onward' no estaría destinada a ser considerada una obra menor si, a lo largo de las últimas dos décadas y media, sus responsables no se hubieran dedicado a convertir lo excepcional en algo habitual.

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