POLÉMICA EN LOS PREMIOS CESAR

El 'triste' final de Roman Polanski

El director de 'El oficial y la espía' ('J'accuse' en su idioma original) difícilmente volverá a dirigir. Si no lo sabía, lo intuía, y de ahí su testamento cinematográfico

Foto: Protesta de la asociación 'Osez le feminisme' en los alrededores del recinto de celebración de los Premios cesar en París. (Efe)
Protesta de la asociación 'Osez le feminisme' en los alrededores del recinto de celebración de los Premios cesar en París. (Efe)

La calle ardiendo. Grupos de feministas manifestándose frente a la Sala Pleyel de París, donde se celebraba la 45 edición de los César. A un lado las bengalas y las pancartas, al otro la Academia de Cine francés y los vestidos de alta costura y la alfombra roja como el Rubicón. A un lado, Roman Violanski —como le han apodado sus detractores—, el violador de Samantha Geimer, la niña de 13 años a la que el director emborrachó, sedó y violó en 1977. Al otro, Roman Polanski, el ganador de un Oscar, nominado a 12 estatuillas por 'El oficial y el espía' —al final de la noche la Academia lo reconoció con el César a Mejor director— y uno de los cineastas —aunque importado— más prestigiosos del Nuevo Hollywood.

Adèle Haenel y Céline Sciamma, actriz y directora de 'Retrato de una mujer en llamas', se levantaron airadas en el mismo momento en el que la actriz Sandrine Kiberlain pronunció el apellido del polaco —algo que no se atrevió a hacer, o al menos de forma inteligible, el actor Jean-Pierre Darroussin cuando leyó el sobre del ganador a Mejor guión adaptado. "¡Vergüenza!", gritó Haenel por los pasillos del recinto. "¡Vergüenza!", contestaron algunos de los defensores de Polanski, criticando la reacción de la actriz como una falta de respeto.

Polanski, en un control de daños preventivo, había anunciado dos semanas antes que no acudiría a la gala. Nadie subió a recoger los premios. Nadie del equipo apareció por la ceremonia. Porque la misma mañana del sábado, el productor de 'El oficial y el espía', Alain Goldman, se lamentó de que "a pesar de las 12 nominaciones de la película de cara a los César 2020, hemos constatado una escalada en las intenciones y los comportamientos inapropiados y violentos. El propio ministro de Cultura, representante de la autoridad del Estado, ha autorizado una declaración condenatoria anticipadamente y sin conocer el resultado del voto profesional, independiente y secreto [en relación a los miembros de la Academia francesa]".

En 'El oficial y el espía', lo de menos es el cine. Que el último film de Polanski tratara del caso Dreyfus o de la posología del Paracetamol no es importante

Sin embargo, la realidad es que sin tener en cuenta los antecedentes ni el clima político —o quizás, más bien, teniéndolos en cuenta pero ignorándolos— la Academia francesa decidió regar con nominaciones el último film de Polanski, una decisión que supone una declaración de intenciones. Y la evidencia de la desconexión o el desdén de ciertas instituciones por los movimientos civiles. Porque en 'El oficial y el espía', lo de menos es el cine. Que el último film de Polanski tratara del caso Dreyfus o de la posología del Paracetamol no es importante. Ni determinante en el posicionamiento respecto a las nominaciones de la película en los César. Lo sustancial es qué lugar ocupa la opinión de cada uno en el eterno debate de la disociación del artista frente a la persona. Mostrarse vehementemente a favor o en contra de 'El oficial y el espía' significa, la mayoría de las veces, el posicionamiento a favor o en contra de las demandas del movimiento feminista.

Roman Polanski en el Festival de Cine Americano de Deuville en septiembre. (Efe)
Roman Polanski en el Festival de Cine Americano de Deuville en septiembre. (Efe)

Y el lugar que ocupa la etiqueta de víctima: una mujer que mantuvo relaciones sexuales no consensuadas cuando tenía 13 años —¡13 y hay quienes aducen que parecía mayor de edad!— o un cineasta que, después del escándalo, ha ganado el Oscar-el César-el Bafta-el Oso de Plata-el ASECAN y al que hasta los 86 años ha podido seguir haciendo películas, y películas de más de 20 millones de euros de presupuesto.

También parece que los artistas, como creadores, debieran contar con una bula papal

También parece que los artistas, como creadores, debieran contar con una bula papal que les exima de que su comportamiento punible repercuta en la recepción de sus obras y su carrera. ¡Si Plácido Domingo es un gran tenor! Hay que discernir el artista del hombre. "¡La condena social es excesiva!", por poner un ejemplo reciente, aunque el caso de Domingo es cierto que no ha pasado por los tribunales. Cambien artista por fontanero, pastelero o sexador de pollos. Difícilmente contarán con tanta comprensión por parte de ciertos sectores de la opinión pública.

Protestas frente a la alfombra roja de los César. (Efe)
Protestas frente a la alfombra roja de los César. (Efe)

Si de veredictos se trata, ya en 1978 Polanski se declaró culpable de haber mantenido relaciones sexuales con una menor. Es decir, culpable de un delito. Después huyó a Francia, para evitar la cárcel y la posibilidad de extradición a Estados Unidos. Desde entonces, el polaco ha dirigido trece largometrajes. Es decir, los productores siguieron financiando sus proyectos, los actores siguieron trabajando con él y el público siguió respaldando sus películas. Y desde entonces, otras cuatro mujeres le han acusado de abusar sexualmente de ellas cuando eran menores de edad: la actriz británica Charlotte Lewis, una mujer identificada simplemente como Robin, la actriz alemana Renate Langer y Valentine Monnier, que afirma que Polanski la violó en 1975 después de haberla "golpeado hasta rendirse". Debido a esta última denuncia, la promoción de 'El oficial y la espía', que en francés responde al título de 'J'acusse' ('Yo acuso'), y no inocentemente, tuvo que suspenderse.

Si Francia cierra las puertas a la financiación del cine de Polanski, es difícil que encuentre otro reducto que se pueda permitir un desembolso tal

Mientras el productor de Polanski —y los defensores del cineasta— censuran que grupos feministas se manifiesten a las puertas de los César, el cineasta ha contado con un altavoz de 25 millones de euros que, probablemente, se convierta en su testamento cinematográfico. Si Francia cierra las puertas a la financiación del cine de Polanski, es difícil que el cineasta encuentre otro reducto que se pueda permitir un desembolso tal. A no ser que alguna productora quiera asumir el riesgo del boicot, como Mediapro en el caso de Woody Allen, que antes de que la empresa española lo rescatase había visto como Amazon secuestraba 'Un día de lluvia en Nueva York'.

Un altavoz cinematográfico porque es difícil obviar el mensaje implícito en 'J'acusse', donde Polanski recupera la figura de Alfred Dreyfus, un capitán del Ejército Francés de origen judío al que acusaron de espionaje en 1894 y al que la masa, en un fuerte clima de antisemitismo, condenó vehementemente y a quien el Estado Mayor utilizó de cabeza de turco. En 1906, después de una exhaustiva investigación, el Estado reconoció la inocencia de Dreyfus y lo rehabilitó, pero nadie le devolvió los años que permaneció aislado e incomunicado en la prisión de la Isla del Diablo ni le resarció por la ignominia. Emplear el recurso de antisemitismo y mezclar una condea por traición elaborada con pruebas falsas y las cinco denuncias por abuso sexual que arrastra Polanski no parecen el argumento más limpio.

'El oficial y el espía'
'El oficial y el espía'

"Entonces, cuando oyes hablar de esta comparación sutil entre los problemas de un cineasta al que abuchean un centenar de feministas delante de tres salas de cine y Dreyfus, víctima del antisemitismo francés a finales del siglo XIX, hay que aprovechar la ocasión", analiza Virginie Despentes en un artículo publicado en 'Liberation'. "25 millones de euros para hacer ese paralelismo. Soberbio. Aplaudamos a los inversores, ya que para reunir tal presupuesto hay que hacer que todo el mundo juegue al juego: Gaumont Distribution, les crédits d’impôts, France 2, France 3, OCS, Canal +, la RAI... por una vez se han rascado el bolsillo generosamente".

Porque, efectivamente, resulta irónico el leitmotiv que se lamenta de la suerte de Polanski, hostigado por el feminismo, acabado como cineasta. Suspender la promoción de tu última película, que ha costado 25 millones de euros, o tener que soportar que te tilden de violador o hijo de puta parece una conmutación bastante benigna de una posible condena de hasta 50 años de cárcel. Si no hubiese huido de Estados Unidos, si el juez hubiese dictado sentencia y si hubiese cumplido su pena, probablemente Polanski no se enfrentaría a esta condena civil, porque no existiría la sensación de impunidad y de desconsideración para con las víctimas que censuran los grupos feministas. Porque, como escribe Despentes, el problema es el "espectáculo de la orgía de impunidad".

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