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'Amazing Grace': una película maravillosa que te llega al alma

Las palabras no tienen la capacidad descriptiva suficiente para expresar con exactitud la sensación que provoca comprobar la alegría y la devoción que Aretha Franklin inspira

Foto: 'Amazing Grace'.
'Amazing Grace'.

En enero de 1972, el director Sydney Pollack fue contratado por Warner Bros para filmar la grabación en directo de un álbum de góspel de Aretha Franklin en la Iglesia Bautista Misionera del Templo Nuevo, un modesto y descuidado templo de Los Ángeles. El disco fue anunciado como el vehículo a bordo del que la reina del soul volvía a casa, a la música que cantaba cuando era niña durante los sermones que celebraba en Detroit su padre, el reverendo C.L. Franklin. Publicado poco después, el doble álbum 'Amazing Grace' fue un éxito inmediato, y con el tiempo se convertiría en el disco más vendido de la carrera de Aretha y el disco góspel más importante de todos los tiempos. Las imágenes captadas por las cámaras, sin embargo, fueron acumuladas dentro de cajas en un almacén, y allí permanecieron 38 años hasta la muerte de Pollack.

¿El motivo? Aunque por entonces ya era un talento en alza, el director no conocía los requisitos que exigía la filmación de un concierto, y a causa de ello cometió un error gravísimo durante aquel rodaje: se olvidó de usar claquetas, por entonces imprescindibles para sincronizar el sonido de la música con las imágenes de la película. El material, decimos, permaneció criando polvo hasta que, en 2007, el productor musical Alan Elliott lo compró para afrontar la tarea ímproba de unir música e imágenes. Inicialmente, se previó el estreno de la película definitiva para 2011, pero a partir de entonces la propia Aretha empezó a interponer sucesivas demandas para asegurarse de que el documental no llegara a ver la luz si no era por encima de su cadáver. Y así ha acabado siendo.

Es cierto que hay algo sórdido en el hecho de que, después del fallecimiento de la diva en agosto de 2018, la luz verde que autorizaba el estreno en cines de 'Amazing Grace' fuera encendida inmediatamente y, casi con total seguridad, en contra de lo que ella quería —fuera lo que fuera—. Por otra parte, dado que el producto final merece contar desde ya con un lugar privilegiado en el panteón de las mejores películas-concierto de todos los tiempos —junto a 'Stop Making Sense' y 'El último vals', obviamente—, en este caso no hay duda de que el fin justifica los medios.

En cuanto Aretha eleva la voz como si fuera una trompeta, estirando las palabras en una dimensión sobrenatural, todo lo demás da igual

El acto que 'Amazing Grace' documenta tiene una parte de concierto y una de sesión de grabación, pero ante todo se vive como una celebración eucarística. Los feligreses, elegantemente vestidos para la ocasión, llenan parcialmente los crujientes bancos de madera del aforo y tratan la actuación como si fuera un servicio religioso. Y, mientras canta, Aretha cierra los ojos como si se sumergiera en un trance insondable, o si tratara de abstraerse de todos los estímulos externos para centrarse en hablar con Dios. Sus versos son capaces de llegar directamente al alma. La diva se expresa únicamente a través de su música, y apenas pronuncia una palabra entre canción y canción; en todo momento permanece ajena, insondable. Pero en cuanto eleva la voz y la maneja como si fuera una trompeta, estirando ciertas palabras el tiempo suficiente para que alcancen una dimensión sobrenatural, todo lo demás da igual.

Las cámaras se fijan en el sudor de su rostro mientras actúa. También se mueven enérgicamente por los pasillos del recinto, explorando su geografía y las intensas reacciones de la multitud que lo ocupa. Una pareja se balancea, y otra resopla. Un tipo menea la cabeza con energía de lado a lado, casi como si se negara a creer lo que está escuchando. Algunas personas bailan en los pasillos. Otras jalean como si no hubiera un mañana. Mick Jagger y Charlie Watts se dejan ver en las filas traseras y, a medida que el concierto avanza, Jagger se acerca cada vez más a la primera fila. El reverendo James Cleveland, pastor de la iglesia, aparece sentado en una esquina agarrándose la cabeza con las manos: parece estar llorando. A lo largo de la película, el nivel de perfección técnica y entrega aumenta y aumenta y, para cuando Aretha vuelve a sentarse al piano para interpretar el himno 'Never Grow Old', hasta el ateo más recalcitrante se ha convertido en un fervoroso creyente.

Cartel de 'Amazing Grace'.
Cartel de 'Amazing Grace'.

Posiblemente intentar decir más sobre 'Amazing Grace' carezca de sentido. Al fin y al cabo, las palabras no tienen la capacidad descriptiva suficiente para expresar con exactitud la sensación que provoca comprobar la alegría y la devoción que Aretha inspira, y la precisión con que maneja la maquinaria de su cuerpo para alcanzar notas que parecen imposibles. Verla y escucharla cantando esas canciones da acceso a un estado extraño y misterioso, cercano a la hipnosis y al ensueño espiritual, e inmensamente conmovedor.

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