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'Rocketman': una sobredosis de Elton John

Tal y como Todd Haynes probó con 'I’m Not There', su poliédrico retrato cinematográfico de Bob Dylan, existen formas realmente creativas de hacer un 'biopic' musical. Este no es el caso

Foto: 'Rocketman'.
'Rocketman'.

Tal y como Todd Haynes probó con 'I’m Not There', su poliédrico retrato cinematográfico de Bob Dylan, existen formas realmente creativas de hacer un 'biopic' musical. El problema es que aquella película fue un rotundo fracaso comercial. La muy reciente 'Bohemian Rhapsody', en cambio, es una película hecha con un molde, y pese a ello —o precisamente por ello— no solo reventó la taquilla sino que encima ganó cuatro oscars. Teniendo eso en cuenta, es lógico que el interés de Hollywood por reinventar el subgénero sea nulo.

La buena noticia sobre 'Rocketman' es que es mucho mejor que 'Bohemian Rhapsody'; la mala, que el 'biopic' de Queen puso el listón tan bajo que esa afirmación es un elogio más bien modesto. Para resumirla, no hay más que recurrir a un arquetipo: un joven de talento prodigioso surge de la nada y conquista la industria musical, y en el proceso sucumbe a la fama, las drogas y los excesos sexuales, y está a punto de morir ahogado en una piscina aunque finalmente, claro, se redime. Ahí acaba la película, y su banda sonora empieza a triunfar en Apple Store.

Dirigida por Dexter Fletcher —que ya tomó las riendas de 'Bohemian Rhapsody' para sustituir a Bryan Singer, y que quizá pretenda hacer carrera dirigiendo biografías de músicos británicos gais—, 'Rocketman' se abre con una reunión de terapia de grupo. Disfrazado con un traje de diablo color bombona de butano, ataviado con lentejuelas y gigantes alas de pluma y lentes en forma de corazón, el artista bautizado Reginald Kenneth Dwight confiesa ser adicto al alcohol, la cocaína, el sexo y las compras, y sufrir de bulimia, y padecer problemas con las drogas legales y la ira. A partir de ahí, 'Rocketman' relata la vida de su protagonista desde su complicada niñez para investigar las circunstancias que lo llevaron a tocar fondo, y su trayectoria narrativa es idéntica a la seguida por el grueso de películas sobre músicos, por mucho que incluya sucesivos interludios de fantasía.

En el proceso, Fletcher recrea algunos momentos icónicos del itinerario artístico de John —como su concierto en el Trobadour en 1970 o su mítica actuación en el Dodger Stadium en 1975— e, inevitablemente, hace sonar la mayoría de los éxitos que logró en sus años de gloria. También nos ofrece diálogos que incluyen variaciones de la frase “la vida da muy pocas oportunidades y esta es la tuya”, montajes que incluyen cascadas de titulares de periódicos y varias metáforas de brocha gorda. En la escena en la que suena la canción que da nombre a la película, cuyo título se traduce como 'hombre-cohete', John se convierte en un cohete.

Karaoke temático

'Rocketman' muestra con descaro sus ambiciones de coronar a Elton John como uno de los mejores y más fascinantes artistas de la historia de la música, y es algo hasta lógico considerando que el propio John se ha encargado de producirla. Es una suerte que asimismo autorizara el uso tanto de sus canciones como de los estrafalarios atuendos que lució sobre el escenario, porque en realidad la música y el vestuario son lo único destacable aquí. Los continuos números musicales, durante los que la realidad del relato se suspende temporalmente y la fantasía toma el protagonismo para ilustrar la vida o la psique del héroe, ponen las melodías en primer plano y disfrazan las mediocres coreografías con llamativos movimientos de cámara. En conjunto, asemejan la película a una sesión temática de karaoke: incluso en escenas como una en la que Elton sufre una sobredosis, lo importante no es el drama sino la pegadiza canción que suena de fondo. Y eso asimismo impide que la interpretación de Taron Egerton respire, y que no deje entrever ni la timidez de su personaje ni su dañado interior. Para el espectador, se hace francamente difícil conectar con él.

'Rocketman'.
'Rocketman'.

John ha asegurado que nunca quiso que 'Rocketman' fuera una hagiografía, y ha pasado los últimos meses garantizando que la película se adentraría en zonas oscuras para abordar directamente sus excesos con el sexo y las drogas. Lo cierto, en cambio, es que su metraje incluye una única escena de sexo gay, en la que durante una fracción de segundo se ve medio trasero en una esquina del plano —también se escenifica una supuesta orgía, pero forma parte de una coreografía y en ella nadie se baja los pantalones—, y en todo momento se deja claro que el uso que John hacía de la cocaína era exclusivamente autodestructivo. Nadie espera apologías del consumo de sustancias prohibidas de una película como esta, pero en todo caso no habría pasado nada por reconocer que, en ocasiones, el tipo se drogaba solo para pasarlo bien.

Nadie espera apologías de sustancias prohibidas, pero no habría pasado nada por reconocer que, a veces, el tipo se drogaba solo para pasarlo bien

Eso, sin embargo, habría entrado en conflicto con la intención primera de 'Rocketman': demostrarnos que, mientras alcanzaba la cima, John lo pasaba fatal porque nunca se sintió amado ni por sus padres —unos monstruos—, ni por su mánager y amante, John Reid —que lo maltrató—, ni por su letrista, Bernie Taupin, que lo quería como a un hermano pero se sentía atraído por las mujeres. Afortunadamente, se nos aclara al final, todo eso es agua pasada. Un epílogo nos explica que John lleva sobrio tres décadas, que por fin encontró el amor con su actual marido y que, además de un padre ejemplar, es un filántropo redomado que ha donado decenas de millones de dólares a obras de caridad.

Cartel de 'Rocketman'.
Cartel de 'Rocketman'.

Ninguno de esos datos sirve para justificar por qué la historia de Elton John ha sido llevada ahora a la pantalla. ¿Cuál es el sentido de reconfigurar al cantante como un ser esencialmente trágico que solo quiere que lo quieran, cuando lo cierto es que lleva décadas disfrutando grotescamente de su condición de diva? El ángulo dramático de la película, en otras palabras, es incompatible con la imagen que quien más quien menos tiene de él: un artista excepcional con el que uno no querría compartir ni vecindario. ¿Ha hecho 'Rocketman' algo para cambiar esa percepción? Difícil saberlo. Si hacemos caso al 'biopic', más bien ha querido exorcizar viejos demonios. Si al común de los mortales le cuesta una fortuna psicoanalizarse, a él en cambio le permitirá engrosar aún más su cuenta bancaria.

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