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'Mary Shelley': el monstruo de Frankenstein era ella

Entre el 'biopic' y el melodrama 'de tacitas' revestido de romanticismo gótico, Elle Fanning encarna a la escritora londinense en su despertar creativo y sentimental

Foto: Elle Fanning protagoniza 'Mary Shellay'. (Filmax)
Elle Fanning protagoniza 'Mary Shellay'. (Filmax)

Los poetas mueren jóvenes. Si uno ha de acabar con el bolsillo vacío, que al menos la faltriquera esconda un anecdotario mínimamente extenso. Que la autopsia certifique cirrosis o sífilis funciona, al menos, como testamento de la rebelión contra la domesticidad, con todo lo que ello implica: primero, tener una casa, segundo, despreciarla. El romanticismo es lo que tiene. A Espronceda se le llevó la difteria, que es un poco de segundones. Palmar de gripe es vulgar y de pobres —pero de los de verdad—, pero suicidarse con un chupito de láudano revela una vida interior intensa. El 'pobre Polidori' optó por el ácido prúsico —cianuro— para acabar con su vida a los 25 años, rebotado con Lord Byron; Byron sucumbió en la treintena después de que le hubiesen practicado unas sangrías —¡qué gran final para 'El vampiro' de Polidori!— y Percy Shelley se ahogó en un lago toscano cuando navegaba en su barco 'Don Juan' con apenas 29 años. Porque a la muerte también le va la comedia.

De entre tanto muerto prematuro se libró, por tener un poco más de juicio, Mary Shelley, que falleció a los 53 años de un tumor cerebral y, probablemente, también de todas las penas con las que cargó desde su nacimiento, empezando por la muerte de su madre, la filósofa precursora del feminismo Mary Wollstonecraft, durante el parto. A eso hubo de sumar la pérdida de hijos y hermanas, la inestabilidad de su situación financiera y la divergencia de criterios entre su cabeza y sus vísceras en asuntos del corazón, el eterno debate. Contra la razón crítica, el sentimiento: Romanticismo sin adulterar.

Booth y Fanning, en 'Mary Shelley'. (Filmax)
Booth y Fanning, en 'Mary Shelley'. (Filmax)

Precisamente, el movimiento intelectual al que perteneció Shelley es el ejemplo más claro de la idea que vertebra este 'biopic' sobre la escritora y, sobre todo, su obra cumbre, 'Frankenstein o el moderno Prometeo': la del reverso destructor de la creación, la del autor devorado por su obra. En su hipérbole, el peaje real del tan idealizado malditismo.

La película reflexiona sobre el reverso destructor de la creación, sobre el autor devorado por su obra

Al menos así lo cuenta 'Mary Shelley', el segundo largometraje de ficción la directora saudí Haifaa Al-Mansur, que debutó en 2012 con 'Wadjda', una película en las antípodas —en cuestión sobre todo de género, no tanto de caligrafía— a este 'biopic' melodramático, la versión gótica del tradicional cine 'de tacitas' inglés. Desde el primer plano —se escucha una tormenta, se muestra un cementerio—, la cinta de Al-Mansur enumera todos los rasgos temáticos de la novela gótica del siglo XIX, pero se olvida del impulso, del arrebato de la creación romántica, con una propuesta demasiado contenida. Al-Mansur prefiere la languidez del hipotenso. Eso sí, cada encuadre es un cuadro suntuoso y cautivador.

Otra imagen de 'Mary Shelley'. (Filmax)
Otra imagen de 'Mary Shelley'. (Filmax)

Para el común de los mortales, la obra de Shelley parece acabar exactamente donde empezó, en 'Frankenstein', y la película de Al-Mansur tampoco intenta enmendar esta injusticia histórica. 'Mary Shelley' presta más atención al drama perpetuo en la vida de la escritora que a lo pensado y escrito —al fin y al cabo, es cine y no ensayo literario—, y condensa los años previos a la publicación de su obra culmen, que escribió —atención— cuando tenía 18 años y que salió publicada por primera vez, debido a su condición de mujer, con firma anónima.

Como buen personaje del Romanticismo, la historia de Mary Shelley está llena de fantasmas

Como buen personaje del Romanticismo, la historia de Mary Shelley está llena de fantasmas. El principal, el de su difunta madre, quien había vivido fiel a sus ideas revolucionarias y que dejó tras de sí, además de una estela de admiración por el manuscrito 'Vindicación de los derechos de la mujer' (1792), una reputación en la que entonces pesó más su disidencia de las convenciones sociales y maritales de la época. Un modo de vida que la llevó a relacionarse con artistas y pensadores fundamentales como William Godwin —padre de Shelley y precursor del pensador anarquista— o el pintor Johann Heinrich Füssli.

Otra escena de 'Mary Shelley'. (Filmax)
Otra escena de 'Mary Shelley'. (Filmax)

El otro espectro, el de su marido. La relación con Percy Shelley fue de lo más tortuosa. La concepción del amor libre que tenía el autor de 'La reina Mab' no era la misma que la de su esposa. Tampoco la intensidad con que interpretaban el papel de poetas decadentes. Y eso que por historial de desdichas ella tenía más meritos. La película retrata a Percy como un trilero narcisista y pendenciero, mientras Mary le perdona (casi) todos sus desplantes y lo aguarda en segundo plano. Por eso, la directora relaciona a partir del sentimiento de soledad, abandono y maltrato a la autora con su obra y, sobre todo, con su monstruo. De nuevo, los peajes de una voz propia construida sobre tragedias y decepciones.

Cartel de 'Mary Shelley'. (Filmax)
Cartel de 'Mary Shelley'. (Filmax)

El acercamiento de 'Mary Shelley' al personaje reviste cierta frialdad, y en ciertos momentos de la trama se notan las costuras de una guionista, Emma Jensen, que prima el simbolismo frente a la verosimilitud. El encargo se nota. Sin embargo, ahí está Elle Fanning —la mejor y más arriesgada actriz de su generación— para dar amplitud a un personaje tan atormentado como su creación. Porque del dolor también puede salir algo bueno. Y sin aspavientos, ni defunciones absurdas ni epitafios rimbombantes. O sea, sin postureo.


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